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Opinión | sábado 31 de octubre 2009

La verdadera unidad

 

Hoy se habla tanto de unidad, pero desgracia- damente no sabemos lo que es la unidad. Creemos que unidad es unir colores y banderas. Confundimos la unidad con la asociación ilícita para delinquir, a través de la repartición del poder ante la impotencia de un pueblo sufrido y manipulado. Llegará el momento en que al escuchar la palabra unidad se entenderá como sinónimo de algún insulto. Pero desgraciadamente esta palabra, bajo ese concepto, todavía vende y sigue cautivando a uno que otro incauto.

 

La unidad del pueblo de Nicaragua pasa por la unidad de los cristianos, la unidad de la Iglesia, pues el pueblo nicaragüense sigue siendo eminentemente cristiano.

 

Sólo unidos como pueblo, haciendo Iglesia, sin banderas ni colores, podremos encontrar la paz y caminar con la esperanza de obtener un futuro de justicia y libertad, tal como se lo merecen nuestras generaciones venideras. Unidos por Cristo, en Cristo y para Cristo, en un país que ha agotado todas las opciones sociopolíticas en la búsqueda de la paz duradera y que busca desesperadamente a quien lo guíe en la ruta hacia una vida justa y a la conformación de una patria solidaria y próspera.

 

Nicaragua es un país que hay que transformar y revolucionar hacia un cambio radical de mentalidad, que lo lleve a reconocer que para encontrar esa vida y formar esa patria Cristo es la solución.

 

No el Cristo muerto, no el Cristo de la historia, no el Cristo del recuerdo, no el Cristo del sentimiento, no el Cristo decorativo, sino el Cristo hecho vida en cada uno de nosotros, que ame y perdone a través de nuestro corazón, que denuncie la maldad con nuestra boca, que clame justicia con nuestras fuerzas y energías, que conforte y sane con nuestras manos, que apaciente con nuestra cordura, que transforme a través de nuestro testimonio.

 

Yo, al igual que cientos, ya estuve enamorado de esa falsa unidad. Yo ya puse mi ilusión en discursos bonitos. Yo ya fui captado como incauto. Hasta que aprendí que los sistemas, las estructuras ni los gobiernos se pueden cambiar para mejor, si no cambiamos al hombre.

 

El hombre sólo cambia cuando conoce, acepta y hace vida la Palabra del Señor, manual perfecto en la búsqueda y consecución de la paz, justicia y el progreso del hombre en este mundo y que te alumbra la senda de la verdad para alcanzar la vida.

 

Muy actuales se tornan hoy las palabras de Su Santidad Juan Pablo II, en ocasión del Congreso Eucarístico Nacional de noviembre de 1986, en carta fechada el 8 de dicho mes, las cuales deben ser meditadas y tomadas muy en cuenta en la búsqueda de la paz, la justicia y la prosperidad de nuestra patria:

 

“... La comunidad eclesial que celebra la Eucaristía recibe de Cristo la misión de ser una comunidad reconciliada y reconciliadora. Ante todo una comunidad reconciliada. Por esta razón... todos debemos esforzarnos en pacificar los ánimos, moderar las tensiones, superar las divisiones, sanar las heridas que se hayan podido abrir entre los hermanos. Sé que los pastores de la Iglesia de Nicaragua están haciendo generosos esfuerzos en favor de esta reconciliación, tan necesaria para que todos los cristianos ofrezcan un ejemplo de mutua comprensión y ayuda, de sincera y visible unión en la verdad y en el amor...

 

”Fortalecida en su unidad, la Iglesia será, cada vez más, factor de reconciliación entre todos los hijos de la patria nicaragüense. A lo largo de esta vía podrá actuar eficazmente para que pueda surgir lo que mi predecesor Pablo VI llamó la civilización del amor. También en Nicaragua tiene que surgir pujante una ‘Civilización del Amor’ en un pueblo reconciliado, donde el odio, la violencia y la injusticia nunca tendrán lugar; una sociedad en la que sean siempre respetados los derechos inalienables de la persona humana y las legítimas libertades del individuo y de la familia. Sólo mediante una auténtica y profunda reconciliación de cada uno con Dios, y de todos entre sí, podrá alcanzarse la anhelada concordia, que permita a todos disfrutar de una vida justa dentro de un ambiente familiar sereno, en una patria solidaria y acogedora, una patria nicaragüense de paz y prosperidad”.