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Internacionales | domingo 1 de noviembre 2009

El día que la guerra fría se acabó

 

 

¡Libertad. Libertad!, gritaban miles de alemanes a los pies del muro, que por más de 28 años los había separado de occidente. Llevaban semanas protestando, organizándose, hasta que aquel 9 de noviembre de 1989 vieron cómo sus esperanzas surgían de las cenizas que dejaban los pedazos del Muro de Berlín al ser derrumbado a golpe de mazos. Caía la muralla y con ella todo un sistema. Era el fin de una era.

 


La revista Domingo de LA PRENSA presenta hoy a sus lectores un especial sobre el día que cambió la historia. Tres estudiantes nicaragüenses, que vivieron en Alemania, y ex funcionarios del gobierno revolucionario de entonces recuerdan en un reportaje cómo fue aquel histórico día de noviembre. Además, una periodista que visitó recientemente Berlín cuenta en una crónica cómo es la relación de los alemanes con lo que queda de su muro.


“Hay berlineses que no quieren saber nada de ese pasado, como tampoco de los años crueles y vergonzosos del régimen nazi”, escribe en su crónica Arlen Cerda.


Fue una caída estrepitosa para un muro cuya construcción fue pasmosamente rápida. Entre la noche del 12 de agosto y la mañana del 13 de ese mes de 1961, el régimen de la República Democrática Alemana, ocupada por tropas soviéticas tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, había ordenado cerrar las fronteras de Berlín oriental y dividir la ciudad con alambradas y muros de hormigón. Los alemanes se despertaron desconcertados. Estaban confinados, encarcelados. Al otro lado quedaron familiares, amigos.


Es así que su destrucción, hace ya 20 años, fue, como la catalogó Pablo Antonio Cuadra, “un milagro de la historia”. El muro cayó, escribió PAC, “como caen las murallas de Jericó cuando suenan las trompetas de la libertad”.