Por Ana Victoria de las Heras/EFE
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Los Beatles, los Rolling Stones, The Who o The Kinks son sólo algunos de los nombres de las bandas que surgieron en aquel momento y que colocaron a la música “Made in Britain” en la vanguardia del rock & roll a nivel global.
Ahora, una exposición de la National Portrait Gallery de Londres recorre, a través de las mejores instantáneas de la época, la evolución de este movimiento, que comenzó bajo el paraguas del modernismo y fue migrando progresivamente hacia el estilo “hippie” en sus últimos coletazos.
En palabras del director de la galería, Sandy Nairme, la muestra, titulada “De los Beatles a Bowie: los años 60 al descubierto”, expone “cómo en los años 60 la música cambió el mundo y cómo el Reino Unido fue el eje central sobre el que se articuló una nueva cultura popular”.
Y es que, si algo ofrecieron las bandas de la época, fue una música hecha para el público, para todo tipo de públicos, huyendo del elitismo y apostando por un sonido revolucionario, que era visto con recelo por parte de los sectores más conservadores de la sociedad.
La “Invasión británica”, el apelativo con el que se resume habitualmente el proceso por el que el sonido “brit” conquistó el mundo, comenzó con Cliff Richard & The Shadows e, indudablemente, con los Beatles, que debutaban el 2 de agosto de 1961 en el legendario pub de Liverpool “The Cavern”.
“Los Beatles supusieron el inicio del pop inglés, de un sonido con sabor propio, eso sí, influido indudablemente por la música estadounidense de los 50”, apunta el musicólogo inglés Jon Savage.
Además de poner patas arriba a la rígida sociedad británica, el movimiento “Mod” marcó también un antes y un después en la relación de la música con otras artes como la fotografía, el cine o el periodismo especializado.
Así, la vertiginosa expansión de la “Beatlemanía”, que en 1962 era ya totalmente incontrolable, creó un “fenómeno fan” que impulsó en gran medida a las revistas musicales, que se multiplicaron al calor de la imagen de “los Cuatro Fantásticos”. En opinión de Savage, Paul McCartney, John Lennon, George Harrison y Ringo Starr “elevaron a Londres al centro cultural del mundo”.
De forma paralela, también comenzaban por aquellos años a despuntar los Rolling Stones, con lo que el pop rock inglés comenzaba a dividirse entre la imagen de “niños buenos” de los Beatles de su primera etapa y de la banda de Mick Jagger, la cruz de la moneda, de “sus Satánicas Majestades”. La exposición muestra cómo ambas bandas fueron evolucionando desde el cuidado estilismo inicial a un “look” mucho más impactante y psicodélico a medida que progresaba el decenio.
La batalla que desde el mundo de la música se libró a favor de la libertad y el hedonismo fue calificada por sus mayores críticos de “irresponsable” y “autodestructiva”, a medida que el consumo de estupefacientes se hacía hueco en la industria. A este respecto, Mick Jagger solía responder citando al escritor estadounidense Truman Capote (1924-1984), que en su día afirmó: “Vive deprisa, muere joven y tendrás un cadáver bonito”.
En cualquier caso, una de las instantáneas que ha pasado a la posteridad se exhibe ahora al público en la capital del Támesis, una imagen tomada por la joven fotógrafa británica Fiona Adams en 1963 en la que los Beatles aparecen saltando encima de un muro y que sirvió para ilustrar uno de sus primeros sencillos, “Twist and shout”. “Ese fue el día que despegaron”, añade un diario de la época también expuesto.
De hecho, los expertos creen que tanto Fiona Adams como la germana Astrid Kirchner, la primera fotógrafa que acompañó a los Beatles durante su estancia en Alemania, tuvieron mucho que ver a la hora de forjar la imagen del cuarteto en los primeros años, antes de que la meditación oriental y la militancia pacifista cambiara para siempre la imagen de la banda.
A mediados de esta década prodigiosa, la revista “Time” acuñó un término que definiría desde entonces la particular “movida londinense” de los 60 como el “Swinging London”, proporcionando un mapa con la localización de todas aquellas boutiques, galerías y clubs que todo joven moderno y adicto a la música no podía perderse. “En una década dominada por los jóvenes, Londres ha florecido, se mueve, es el lugar donde estar”, subtitulaba la edición de “Time” el 15 de abril de 1965.
Por aquel entonces, bandas como The Who, The Kinks, Led Zeppelin o Them, liderada por el malogrado Van Morrison, copaban las listas de éxito a uno y otro lado del Atlántico y todas ellas se dejaban retratar en cada uno de los rincones de un Londres entregado por completo a la cultura.
Dos años más tarde comienza la rebelión absoluta. A medida que la televisión muestra los horrores de la guerra de Vietnam (1958-1975), los británicos salen a la calle para protestar contra el conflicto bajo la banda sonora de los Beatles y los Rolling, que reflejarán en sus canciones un claro sentimiento de repulsa a la guerra.
Por último, 1969 es el año del pelo largo, el nudismo, el sexo libre, las drogas y la llegada del hombre a la luna, que inspirará el mítico tema del británico David Bowie “Space Oddity”.
El final de la década fue también testigo del último álbum de los cuatro de Liverpool, “Abbey Road”, cuya imagen principal, en la que John, Paul, George y Ringo cruzan un paso de cebra de esta calle londinense donde estaba el famoso estudio de grabación, sigue siendo imitada en la actualidad por los incondicionales de la banda.
Se cerraba de este modo una etapa de subversión, excitación y optimismo que dejó su impronta en décadas anteriores a pesar de que, tal y como ha ironizado el cantante estadounidense Paul Kanter, miembro de la banda “Jefferson AirPlane”, “si usted puede recordar algo de los 60 es que realmente no estaba allí”