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Nacionales | domingo 8 de noviembre 2009 En ti, Señor, pongo mi feNeguib Kalil Eslaquit Sacerdote católico
El personaje que hoy nos presenta el Evangelio (Cf. Marcos 12, 38-44 ) tiene tres rasgos característicos de opresión en su contexto: mujer, viuda y pobre. Es una persona indigente y excluida. Jesús la pone de ejemplo porque a diferencia de aquéllos que dan de lo que les sobra, ella lo que ofrenda es todo lo que posee y lo que tiene para vivir. En esta viuda pobre y en aquéllos que conforme a su ejemplo se dan a sí mismos para los demás se refleja la confianza del creyente auténtico que solamente pone su confianza en el Señor.
Dios mismo nos revela en la Escritura que ha amado al mundo de tal modo que nos ha dado a su Hijo Único para que en Él tengamos vida plena.
No debemos hacer énfasis solamente en el óbolo de la viuda pobre si no también de forma particular en la advertencia que hace el Señor al inicio de este pasaje: ¡Cuidado con los letrados! Y el letrado, es decir aquéllos que en su tiempo eran los guardianes de la misma Palabra de Dios, Jesús los exhibe ante el pueblo, porque muchos habían olvidado lo esencial que era la misericordia. Ese letrado puede ser usted y también soy yo. Nos gusta ocupar los primeros puestos, ser el centro, recibir honores, que todos hablen bien o mal de nosotros, pero que hablen, utilizar el poder no solamente político, económico sino hasta el que da la religión, no para servir sino para abusar, reprimir y llenarnos vorazmente de riquezas materiales a expensas de los miles que sufren las consecuencias de un sistema inicuo y del pecado personal y social.
El poder es la tentación más grande. Una persona hasta rechaza la tentación de las riquezas pero la del poder solamente se puede confrontar con la ayuda de Dios y la negación de uno mismo.
La idolatría del poder en todas sus facetas es difícil de resistir. Se da en nuestra sociedad y en nuestras comunidades eclesiales. El mismo demonio tienta a Jesús y va subiendo su ritmo de tentación: del pan fácil en la planicie del desierto escala al milagro fácil y la ostentación en lo alto del templo y luego se remonta hasta la cima del mundo donde le enseña los reinos terrenos a Jesús y se los ofrece a cambio de adoración. A ejemplo de Jesús debemos rechazar al enemigo con la fuerza de la Palabra de Dios y la conversión personal que es fruto de la violencia interna y de la Sangre Preciosa de Cristo que tiene Infinito Poder.
No envidiemos al que obra el mal ni tampoco nos dejemos subyugar por él.
Mejor hagamos el bien y analicemos cada día nuestro corazón y nuestras acciones. De qué nos vale ganar el mundo si perdemos el alma. No olvidemos aquella frase latina “sic transit gloria mundi” que nos expresa que la gloria del mundo pasa, que todo es efímero menos la eternidad. Todos tenemos el día, la hora, el minuto, el segundo en que tendremos que ser llamados a la presencia de Dios y dar cuenta de cada una de nuestras acciones.
Si pienso que nunca moriré soy un tonto. Si creo que mis posesiones mal habidas o mis habilidades para el mal me salvarán de la soledad eterna estúpido seré. Hoy es el momento del cambio para el bien y de aceptar la urgencia que mañana puede ser demasiado tarde.
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