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Nacionales | domingo 8 de noviembre 2009 “Ojos puestos en la eternidad”, dice el Papa
Papa Benedicto XVI dice que la muerte para los creyentes en la fe está iluminada por la esperanza. ZENIT.ORG
“Es doloroso el alejamiento de los seres queridos, el acontecimiento de la muerte es un enigma lleno de inquietud, pero para los creyentes, venga como venga, está siempre iluminado por la esperanza de la inmortalidad”.
Así lo afirmó el Papa Benedicto XVI durante la Misa de difuntos celebrada en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro, en sufragio por los cardenales, arzobispos y obispos fallecidos en el último año.
Aunque la muerte, explicó, “suceda en circunstancias humillantes y dolorosas tales que parecen una desgracia, en verdad para quienes tienen fe no es así”.
“La fe nos sostiene en estos momentos humanamente llenos de tristeza y de malestar”, añadió, y también en todos los momentos difíciles.
“No faltan dificultades y problemas en esta vida, hay situaciones de sufrimiento y dolor, momentos difíciles que comprender y aceptar. Todo esto sin embargo adquiere valor y significado si se considera en la perspectiva de la eternidad”, aseguró el Papa.
“Cada prueba, de hecho, acogida con paciencia perseverante y ofrecida por el Reino de Dios, viene en nuestra ayuda espiritual ya aquí abajo, y sobre todo en la vida futura, en el Cielo. Misteriosamente asociados a la pasión de Cristo, podemos hacer de nuestra existencia una ofrenda agradable al Señor, un sacrificio voluntario de amor”.
LA ESPERANZA
Esta “perseverancia en el bien”, prosiguió Benedicto XVI, hará que la fe, “purificada por muchas pruebas, resplandezca un día en todo su fulgor y vuelva en alabanza, gloria y honor nuestro cuando Jesús se manifieste en su gloria. Aquí está la razón de nuestra esperanza”.
El Papa quiso recordar particularmente a los cardenales Avery Dulles, Pío Laghi, Stéphanos II Ghattas, Stephen Kim Sou-Hwan, Paul Joseph Pham ?ình Tung, Umberto Betti y Jean Margéot. “Les recordamos con afecto y damos gracias a Dios por el bien que han hecho”, concluyó el máximo jefe de la Iglesia católica.
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