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LA PRENSA/ARCHIVO
Si hay algo que queda claro en la experiencia de Jon Greenwald, como Consejero Político de la Embajada de Estados Unidos en Berlín Oriental durante la caída del Muro, es que los regímenes autoritarios no pueden durar para siempre y que la mejor manera de evolucionar hacia una sociedad más abierta —como la demandan los ciudadanos de todos los países hoy en día— es a través de contactos paulatinos y aperturas que permitan saber a las sociedades, que viven bajo regímenes autoritarios, que una salida pacífica es posible. Lo contrario, el aislamiento, puede producir una explosión social y derramamiento de sangre.
Greenwald llegó a Berlín del Este en 1987 y para cuando cayó el Muro la Seguridad del Estado de la llamada Alemania Democrática tenía un archivo (a los que hasta ahora pude tener acceso) sobre su persona de 2,431 páginas “y me dijeron que ésa es sólo la primera entrega”, contó la noche del miércoles en la Universidad Tomas More, donde dio una disertación sobre su experiencia durante esos días históricos.
Pero el diplomático que hoy es vicepresidente del International Crisis Group dice que aún en sociedades tan controladas como la de Alemania Oriental o Democrática esos controles no eran tan absolutos y la gente, a medida que el gobierno de Erich Honecker se negaba a aceptar la Perestroika de Gorbachov, empezaba a buscar una salida a un cambio que desde Moscú les estaban diciendo “que no era sólo posible, sino deseable”.
Recuerda Greenwald que Erich Honecker fue “retirado” del liderazgo del partido luego que cerró la frontera con Checoslovaquia, el único lugar hacia donde los alemanes orientales podían viajar libremente, a finales de septiembre de 1989.
La decisión se tomó porque miles estaban viajando a Praga y entrando a la Embajada de la República Federal Alemana para pedir asilo. Honecker negoció que ese grupo de gente podría salir, pero luego cerró la frontera para evitar que más alemanes orientales llegaran a Praga. Ése fue un intento vano que más bien desató manifestaciones en Berlín, Leipzig y otras ciudades, por lo que las políticas del viejo liderazgo no estaban funcionando.
“La esperanza era que el nuevo liderazgo encontraría nuevas políticas que fuesen más abiertas y que les permitieran ponerse al frente de las demandas de la población”, pero esto que estaba ocurriendo ya a mediados de octubre, Greenwald lo grafica como una persona corriendo tras un tren que arranca y el tren va cada vez va más rápido “hasta que se hace imposible alcanzar el tren, porque empezaron demasiado tarde”.
Greenwald fue invitado por la Embajada de Estados Unidos en Managua para celebrar junto a la Embajada de Alemania el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín.
¿Por qué usted cuando fue asignado a Berlín Oriental pensó que no era un lugar que resultaría interesante para su carrera profesional?
Lo que sucedía era que en ese momento la situación en toda Europa del Este se comenzaba a agitar, sin embargo, muy poca gente notó que eso incluía a Berlín Oriental porque estas situaciones estaban un poco más profundas que en el resto de la región.
Recuerdo que en junio de 1989, cuando ya había habido una elección en Polonia, tuvimos una recepción en la residencia de uno de los oficiales de la Embajada (de Estados Unidos) y la persona que estaba a cargo de la oficina para Estados Unidos en el ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania del Este, aunque como todos los oficiales de esa época era muy reservado en hablar sobre temas políticos, me dijo: “Lo que está pasando en Budapest y en Polonia va a suceder aquí en los próximos dos años porque tenemos los mismos problemas que ellos tienen”.
Claro, la predicción de dos años estaba equivocada, pero lo que me impresionó fue que lo hubiera dicho tan abiertamente con un diplomático norteamericano.
En su disertación usted explicó cómo los cambios en la Unión Soviética y otros lugares como Hungría, habían iniciado desde la élite gobernante, éste no fue el caso en Alemania del Este, que tenía un férreo control de los ciudadanos y era una élite gobernante más conservadora.
Había fuertes controles, pero esos controles no eran tan absolutos como la gente pensaba. Había mucha gente que hablaba de manera abierta entre ellos y en la medida en que la situación se convirtió en más desesperante para ellos, estaban cada vez más dispuestos a salir a protestar en grupos y en la medida que salieron vieron que no estaban solos y, claro, mientras más personas salían más seguros se sentían y más personas se animaban a salir.
¿Pero por qué el régimen lo permitió? ¿Qué estaba pasando dentro del régimen que era diferente a las décadas anteriores?
La mayoría de los observadores, y yo era uno de ellos, creíamos que el Gobierno trataría por la fuerza de impedir el desarrollo de esa dinámica. El Gobierno estaba en realidad enviando esas señales, se refería constantemente en el Diario del Partido sobre lo que acababa de suceder en Beijing, en la plaza Tiananmen. Sin embargo la posición que adoptaron fue que eran problemas políticos y que debían ser resueltos de manera política y al final fue de la manera que actuaron. ¿Por qué lo hicieron? Habría que quizás entrar en el campo de la sicología. Pero quizás tuvo que ver el hecho que (Mijaíl) Gorbachov había dejado claro que era un asunto que los alemanes del Este debían resolver, de la manera que fuera, no era algo en lo que la Unión Soviética iba a intervenir. Ellos podrían haber tenido temores que no podían reprimirlos por la fuerza, o tal vez en realidad estaban convencidos que en la Europa del Este de 1989 ésa era la única manera de hacerlo o una mezcla de todo eso. Hay que darle el crédito al liderazgo comunista de que lidiaron con el tema de manera política.
De acuerdo, pero uno pensaría que el plan de los comunistas era con la intención de siempre quedar en control, no lo iban a hacer si ellos podían
prever que la situación se les saldría de las manos.
Ellos constantemente trataron durante este período de ponerse al frente de la situación y la gran tragedia para ellos fue que comenzaron demasiado tarde. Gorbachov tenía un dicho famoso que decía que la historia castiga a aquéllos que llegan demasiado tarde. Si ellos no se hubieran opuesto tanto a la perestroika de Gorbachov y hubieran comenzado a hacer las reformas al inicio del verano de 1989 ellos bien se habrían mantenido en control de la situación a través del cambio, de la adaptación, por lo menos por un período de tiempo, aunque no fuera para siempre, pero no hubiera habido un cambio tan brusco.
Usted mencionó que las relaciones entre las dos Alemania venían teniendo una tendencia a la apertura desde años atrás. Se venían permitiendo e incrementando los contactos entre alemanes a ambos lados del Muro como parte de una política entre ambas naciones, ¿cree usted que eso estaba funcionando?
Yo creo que esa política estaba funcionando y creo que mucho de lo que sucedió fue gracias a esa política de contactos. Creo que la política de “Entente” o lo que los alemanes occidentales llamaban “cambio a través del acercamiento”, hizo posible que sucediera lo que sucedió, porque de no haber sido por esos años en que entraron en contacto cada vez más los alemanes del Este y del Oeste, la idea de una revolución pacífica nunca hubiera entrado en la mente de la gente si se les hubiera mantenido aislados, si se les hubiera mantenido detrás del Muro de Berlín físico sino además detrás de un muro de aislamiento levantado por Occidente.
Esas miles de conexiones humanas hicieron posible que los alemanes orientales vieran que había mejores posibilidades, por lo que veían en sus parientes que vivían en Occidente. Yo creo que los fundamentos para responder a las señales de Gorbachov comenzaron 20 años antes.
Pero también la posibilidad de sacudirse al Gobierno vino del Este, de la Unión Soviética…
El 13 de agosto de 1961 es la fecha en que se inició la construcción del Muro de Berlín. El 13 de agosto de 1990, ya sin el Muro, se realizó un foro en Berlín para discutir el Muro. Al foro asistió el comandante que estaba a cargo de la seguridad del Muro y de las tropas la noche del 9 de noviembre de 1989 y le preguntamos ¿por qué no hubo violencia esa noche?
Y el comandante lo relató de la siguiente manera: “Cuando la pared se levantó en 1961 bastante gente trató de cruzarla hacia el Oeste y muchas personas murieron en ese intento, así que los que querían salir del país buscaron otras vías y no ese punto (el Muro) donde la muerte estaba tan cerca, pero de un mes al otro el número de gente que comenzó a tratar de cruzar el Muro se triplicó y continuó aumentando hasta noviembre 1989”. Él le preguntó a la audiencia “¿En qué momento creen que se triplicó?” Ninguno sabíamos. Fue en el verano de 1986, después que Gorbachov anunció la política de Glasnost en la Unión Soviética y después que el Congreso del Partido Comunista de Alemania Oriental la había rechazado.
La razón fue que la mayoría de los alemanes orientales, aún los que no apoyaban al régimen, aceptaban que su situación era extremadamente sensible. El Muro de Berlín dividía a la OTAN del Pacto de Varsovia. Era el punto más peligroso, el lugar donde se consideraba que la Tercera Guerra Mundial podría comenzar. Bajo esas circunstancias el gobierno de Alemania Oriental, se suponía, tenía poco espacio para maniobrar ya que todo lo controlaba Moscú y la gente pensó que su gobierno dentro de esta situación hacía lo mejor que podía, pero de pronto se dieron cuenta que Moscú estaba diciendo que el cambio no sólo era posible, sino deseado y era el gobierno de Alemania Oriental el que estaba negándose al cambio, entonces la gente reaccionó con más enojo, más desesperación y más determinación. Y el comandante del Muro dijo entonces en esa conferencia: “Si el 9 de noviembre le hubiera ordenado a mis tropas que dispararan no creo que lo hubieran hecho porque eran reclutas, eran del mismo pueblo, jóvenes cumpliendo con el Servicio Militar”. Ése era el cambio y hay que regresar a Gorbachov haciendo el cambio en la mente de la gente de que el cambio era posible.
Otro punto que usted tocó en la conferencia fue que el gobierno de Honecker vivía en el pasado, en los años 30 ó 40 mientras la sociedad tenía problemas de los años 80. Usted dijo que el gobierno de Honecker estaba desvinculado de la sociedad…
Éste era (el gobierno de Honecker) un grupo de personas que había estado aislado en el poder por muchos años. Honecker era el líder del partido desde 1971, pero él y el grupo que lo rodeaba habían estado en el liderazgo del partido desde 20 años antes de eso. Eso es simplemente demasiado tiempo y el contacto con la vida de la gente normal se había roto. Ellos no se daban cuenta que si estaban tratando de resolver los problemas de los trabajadores alemanes esos problemas que querían resolver eran del tiempo de la Gran Depresión o de la Alemania Nazi y ésos no eran los problemas de los ciudadanos alemanes de 1989.
El miércoles, el presidente de la Universidad Tomas More, doctor Silvio De Franco dijo al presentarlo que también había “muros mentales”. ¿Usted cree que esos “muros” también juegan un papel en estas luchas por la libertad?
Son más difíciles de romper que los muros físicos. Aún antes de la Segunda Guerra Mundial, la división de la ciudad existía porque los distritos de los trabajadores estaban en el Este en su mayoría y la mayoría de los lugares más nuevos y en los que vivía la gente con más dinero estaban en la parte Oeste. Mucho antes de que el Muro fuera construido había una tendencia a pensar que “ésta es nuestra parte de Berlín, aquélla es la parte de ellos”. Han pasado 20 años desde la caída del Muro y esa actitud sigue ahí y aún hay muchos prejuicios. Superar esos problemas sicológicos, aún en sociedades tan parecidas, es muy difícil de romper.
Veamos ahora lo que ha pasado después del 9 de noviembre. Parece una historia exitosa la reunificación alemana, que se logró en tan poco tiempo…
Si y no. Esto es muy controversial, pero creo que hubiera sido mejor si la reunificación se hubiera dado un poco más despacio, si eso hubiera sido posible... y ése es un gran condicional. En el resto de Europa del Este los polacos, checos, húngaros y búlgaros, todos sabían que tenían que salir adelante con sus propios recursos, principalmente. Eso quería decir que se tenía que lidiar con lo que había. Claro, la gente del antiguo régimen, que eran verdaderos criminales, fueron apartados en esos países, pero la gran masa de gente que habían sido miembros del partido eran todavía parte de la sociedad para construir la nueva sociedad.
No fue así de fácil en Alemania Oriental porque había siempre alguien de Alemania Occidental que tenía un récord político más limpio, o con mejor experiencia profesional para dirigir una fábrica capitalista porque ya tenía esa experiencia en el Oeste, así miles y miles de buenas personas sobre las que había dudas porque habían tenido que trabajar con los comunistas fueron puestas a un lado en lo que en realidad fue una colonización. Con la mejor de las intenciones, pero eso era. Había un sentimiento de los occidentales diciéndole a los orientales, “párense allá en la esquina y les vamos a mostrar cómo se hace y luego nos pueden copiar”. Eso significó que la vida de muchas personas se quedó congelada por la caída del Muro y la llegada de los alemanes occidentales. La generación que en ese momento tenía 40 ó 50 años en muchos casos se perdió. Sus hijos se adaptaron rápidamente y ahora el cambio funciona mejor. Si el proceso se hubiera hecho más lentamente hubiera sido mejor, con menos dolor.
¿Pero se podía hacer de manera más lenta?
Ésa es una pregunta difícil. No me cabe duda que si el liderazgo de Alemania Occidental hubiera dicho: “tenemos que hacer esto de una manera más lenta para que las dos Alemania se puedan poner de pie juntas en lugar de que una esté de rodillas”, la gente hubiera tenido paciencia aunque hubiera tomado algunos años, pero eso no fue lo que sucedió. El gobierno de Helmut Kohl empujó el proceso lo más rápido que pudo y no siempre lo hizo de una manera honesta. En febrero de 1990, cuando ya era claro que habría reunificación y la pregunta era a qué velocidad o de qué manera. En esos días en la Embajada nos reunimos el Consejero Económico, el Embajador y yo porque habíamos recibido una llamada desde Washington, el Departamento de Estado nos decía que “el canciller Kohl realizaría un viaje pronto a Moscú para decir que la situación en el Este era desesperante, están a un día o dos de colapsar, Alemania Oriental está en bancarrota, habrá caos y disturbios y quiere decirle a Gorbachov que acepte una reunificación rápida, de lo contrario habrá caos y nadie sabe qué puede pasar”, Washington quiere saber si esta situación es verdadera. Pero nosotros no habíamos visto ninguna señal de esto, los gobiernos de unidad (en los que participaban los comunistas reformistas, gente de la Iglesia) estaban funcionando, lo mismo con las fábricas. No había señales de caos, pero Kohl trataba de empujar a Gorbachov para que aceptara la reunificación. Pero la lógica de Kohl era comprensible. Era un momento histórico, nadie sabía cuánto iba a durar. Podía suceder en cualquier momento lo que pasó dos años más tarde en Moscú, cuando los comunistas duros trataron de expulsar a Gorbachov. Había que aprovechar la ventana de oportunidad que se podía cerrar en cualquier momento.
2009
Nov 09
06:24p.m
Nicolas Orlando Lopez Moreira dice:
Por la guerra de los 80 tube que viajar a la URSS a estudiar , corriendome del SMP.!Estudie y me gradue con un master en ciencias de educacion. Vivi en carne propia el desarrollo del socialismo tanto como estudie la histiria del partido comunista de la URSS, conoci de la manera de pensar de los Alemanes, bulgaros , ungaros chekos, eslovacos polacos, y de los mismos rusos, conoci de las necesidades, del pueblo socialista y de la manera de pensar, u concluyo de que las dictaduras., independientemente de la ideologia que practiquen, nunca van a ser eterna, el pueblo no resiste tanto dano, maltrato, explotacion y descriminacion, la naturalesa del individuio crea las necesidades reales para el cambio social, asi que en Nicaragua es cuestion de tiempo. Ademas que la cultura y la educacion y el nivel profecional infliye en la determinacion de los cambios a suguir por el bienestar del pueblo.
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