Revista

Por: Ernesto González Valdés
Ernesto González Valdés
LA PRENSA/ARCHIVO
¿Reconocer? Dentro de diferentes acepciones encontramos lo siguiente: gratitud. Mostrarse agradecido por haber recibido un beneficio.
¿Por qué el tema de hoy? La reflexión va dirigida a la siguiente interrogante: ¿Qué hacer cuando la institución necesita, ante una tarea necesaria y excepcional, del apoyo de su capital humano para sacarla adelante, con la calidad requerida?
Ideas claras, del por qué de la necesidad del esfuerzo, dada la limitante del tiempo para poner en marcha un proceso que conlleve a un resultado objetivo y beneficioso tanto para el prestigio de la propia institución, como para el personal que labora en ella. Sobre todo en los casos cuando el propósito de la institución universitaria es la formación de jóvenes altamente competitivos y cuyo impacto —producto de las competencias educativas profesionales del graduado— vayan acorde a la demanda de la sociedad en los diferentes ámbitos. Por ejemplo el empresarial, jurídico, informático, industrial, turístico, por mencionar algunos.
Si a lo anterior se suma un ambiente de sí se puede, entonces sin mirar el reloj, sin ver si es de día o de noche, sin ver si ya llevamos 14 horas en el centro de trabajo por varias semanas, sin pensar en el pago de horas extras e incluyendo el sacrificio de los fines de semana en lo personal y familiar, no lo verán así como algo que afecta, sino que sirva de ejemplo. ¿A quiénes? A los menores de la casa para que en ellos se vaya formando el sentido de la entrega y del compromiso a la institución que uno representa para cuando pasen al mundo laboral.
¿Y el resultado? El propósito cumplido, que no necesariamente los resultados se verían ahí no más, sobre todo cuando trabajamos con nuevas tecnologías aplicadas a la educación.
¿Y al final? ¿Algún reconocimiento? Pensaba que no. Que ante una necesidad, siempre y cuando sea en beneficio de nuestra juventud, no hacía falta.
Sin embargo la administración muy inteligente reunió a las y los trabajadores interrumpiendo de pronto todas las actividades. Nos citaron en uno de los auditorios. Al subir encontramos a las máximas autoridades que estuvieron siempre al frente del proyecto. Nos sentamos disciplinadamente ¿acaso habíamos hecho mal la “tarea”?
Ya reunidos, se podía apreciar rostros llenos de alegría, miradas que se cruzaban y gestos que manifestaban señales de victoria. Hubo diplomas de reconocimiento a los colectivos por áreas, felicitaciones a los líderes de cada grupo que supieron consolidar el trabajo en equipo.
Al concluir lo formal, todos se abrazaban y felicitaban. Indiscutiblemente una experiencia inigualable en lo personal, que hacía un buen rato no apreciaba, pero que a la vez nos comprometía a continuar lo iniciado. Ésta es mi experiencia, ¿y la suya?
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