logo laprensa

Departamentos | lunes 9 de noviembre 2009

En la cárcel por haber dejado a su bebé en letrina

Oswaldo Olivas.
LA PRENSA/A. LORÍO

CORRESPONSAL/NUEVA SEGOVIA

 

Con su cuerpecito completo y la placenta aún adherida al cordón umbilical fue sacada del fondo de una letrina una bebé, ya sin vida. La madre de la criatura confesó el hecho cuando se encontraba detenida en las celdas preventivas de la Policía de Ocotal.

 

El hecho ocurrió en el sector 9 de Santa Rosa, en Jalapa, el pasado jueves. Era una niña normal, que lloró al nacer, según dijo la misma madre, y su lengua aflorando en los labios indica la asfixia a la que fue sometida. Estaba a término.

 

El comisionado Oswaldo Olivas, jefe de Auxilio Judicial de Nueva Segovia, informó que la Policía investiga el caso, tipificado como parricidio. El hecho fue denunciado por los hermanos de la acusada, identificada como Sobeyda González Toruño, de 22 años, que despertó sospechas cuando se presentó el jueves a las 5:00 p.m., a la casa, sin su embarazo.

 

DIJO QUE LO HABÍA REGALADO

 

Cuando los hermanos le preguntaron qué había pasado con el embarazo, Sobeyda dijo que su criatura la había regalado a una señora de nombre Ángela, quien vivía en la localidad de El Escambray, lo que trataron de constatar, pero la búsqueda fue infructuosa; la insistencia de la familia continuó y la versión de la muchacha cambió.

 

La muchacha dijo que pasando por un pequeño cafetal, en la comunidad de Buena Vista Chiquita, sintió ganas de defecar y que sin esperarlo dio a luz a la bebé y que la había dejado envuelta en unas hojas, lo que los hermanos también constataron y verificaron que era otra mentira.

 

“Volvieron los hermanos a emplazarla y finalmente aceptó que el producto lo había dejado en una letrina de la vivienda de su tío, Luis González Montenegro”, refirió el comisionado Olivas tras añadir que cruzrojistas de Jalapa sacaron el cuerpecito sin vida de la recién nacida.

 

Por su parte Sobeyda González aceptó que había cometido el error porque sintió que no tenía apoyo de nadie en su familia.

 

Dijo que de su casa la vivían corriendo y aunque le remordió haber escuchado el llanto de la niña en la profundidad de la letrina, ya era tarde, “ahora ni modo, que pase lo que tenga que pasar”.