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Política | domingo 15 de noviembre 2009

Profesión: apalear

Las turbas sandinistas son reclutadas en los barrios y datadas de una ayuda monetaria, camisetas, morteros, y machetes si el caso lo amerita.

Por Carlos Salinas y Martha Solano.-

 

Las llamadas “fuerzas de choque” del Frente Sandinista funcionan montadas en la estructura territorial de ese partido y derivan del tendido territorial que en su momento tuvo la Seguridad del Estado en los años ochenta.


No es por casualidad que el Secretario de Organización del Frente Sandinista sea Lenín Cerna, antiguo jefe de la Seguridad del Estado, quien a partir de 1996 se dedicó a renovar las viejas estructuras de vigilancia y choque bautizadas entonces como “Comandos Electorales”. El estado mayor de estos comandos estaba integrado por antiguos subordinados de Cerna, como el coronel Rodolfo Castillo (conocido como Payín), Luis “El Chiri” Guzmán, Cristhian Pichardo, y recientemente integrado el comisionado en retiro Carlos Bendaña. Estos comandos electorales han estado a cargo de las elecciones desde el año 2000.


Según una fuente cercana a la jefatura sandinista, a raíz de las elecciones municipales de noviembre del 2008, los comandos electorales pasaron a ser las llamadas “fuerzas de choque” que funcionan en tres niveles. El primero conformado por una fuerza original de 150 hombres, todos ellos ex militares, ex miembros de la Cooperativa Parrales Vallejos y ex miembros de los cuerpos de seguridad personal, que fueron reclutados en tiempos del fallecido alcalde Herty Lewites y que actualmente conforman el grupo llamado “Camisas Azules”, que sirve como guardia personal del presidente Daniel Ortega. Este grupo estaría dirigido por un trabajador de la Alcaldía llamado Carlos Suarez, alias “Cacho”.


El segundo nivel de fuerzas está conformado por miembros de la Juventud Sandinista y la Federación de Estudiantes de Secundaria, cuyo cuartel es el Instituto de la Juventud, y es dirigido por Fidel Moreno y Javier España, a quien llaman “Chele Baba”.


El tercer nivel es el de empleados estatales y trabajadores, dirigido por Gustavo Porras y Roberto Gonzalez.


El primer nivel, los camisas azules, “son usados donde se necesita golpear fuerte, son jodidos desalmados, rungueros” y los muchachos de la Juventud Sandinista y la FES son usados para “crear bulla, son los tirapiedras y lanzamorteros. A veces son usados como fuerza distractora, mientras los camisas azules van al objetivo”, dice la fuente. Gustavo Porras y a veces Roberto Gonzalez son encargados de poner la masa. Ellos ponen gente con banderas y cuidan las rotondas. “Gustavo Porras sólo sirve para poner el bulto, él no tiene experiencia en peleas callejeras. Nunca voló un tiro, ni el movimiento sindical se ha fogueado en esa lucha. Más bien Roberto Gonzalez sí, porque viene de los Parrales Vallejos, con alguna experiencia de pleito callejero”, explica.

 

Félix Armando Tercero Arróliga, conocido como “El Gato”, el mismo que fue captado en esta fotografía agrediendo al periodista Mario Sánchez, fue denunciado como el que participó en la golpiza que le propinaron a la joven Leonor Martínez.

Félix Armando Tercero Arróliga, conocido como “El Gato” y quien cobró relevancia con su participación en la paliza al periodista Mario Sánchez y la agresión a la joven Leonor Martínez, no era parte de los camisas azules. “El Gato” era un mensajero, y como tenía su moto, empezó a integrarse a la brigada motorizada de Nicho Marenco. “Él comenzó ahí, organizándole esa brigada a Nicho. Incluso Nicho es padrino de una de sus hijas”, dice la fuente.
Nuestra fuente asegura que no es cierto que exista reclutamiento directo de pandillas por parte del Frente Sandinista. “Lo que pasa es que sí se les da una ayuda y es bastante probable que muchos de los miembros de la Juventud Sandinista sean a la vez pandilleros”. Además de la “ayuda” monetaria, que anda entre los doscientos y trescientos córdobas por operación al día, según algunos pandilleros consultados por LA PRENSA, también reciben camisetas, morteros y machetes, cuando es necesario.
El reclutamiento de los jóvenes está a cargo de un  líder de la Juventud Sandinista o de los miembros del Comité de Liderazgo Sandinista (CLS) de los barrios. A los líderes se les establecen cuotas, y como recompensa reciben víveres o trabajo en alguna institución del Estado.

 


Samuel Abdias, coordinador del Movimiento Juvenil, considera que un atractivo para integrar las turbas que atacan a la oposición es el plato de comida, los 200 córdobas, y la protección policial que les ofrecen a los miembros de las pandillas, prometiéndoles no apresarlos con tal que vayan a infundir miedo a la población.


Eliseo Aráuz, también coordinador del Movimiento Juvenil, comenta que los miembros de esta organización, analizan el comportamiento de las turbas y que los dirigentes se aprovechan de las necesidades de la gente más pobre y necesitada. “Hemos hablado con gente en los barrios que prefieren esos 200 córdobas que les dan, a no tener nada, pero con eso no se resuelve el problema que enfrenta el país. El Gobierno logró que las pandillas retomaran la actividad delincuencial, bajo el respaldo de la Policía, con el fin de tenernos controlados a todos”, aseguró Aráuz.


Hace unos días, el presidente de la Cámara Americana de Comercio de Nicaragua (Amcham), Róger Arteaga, denunció que el gobierno de Ortega estaba pagando a turbas para amedrentar a la oposición. “Algunos son pagados con recursos, con dinero y otros que les están perdonando penas que tienen con la justicia y pagan a través de eso”, aseguró Arteaga.