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Revista | sábado 21 de noviembre 2009 Una noche de cerveza y rock
Die Toten Hosen salió ayer de Nicaragua rumbo a la Ciudad de México, donde hoy tendrán su última presentación de su tour Suban el volumen en Latinoamérica. Bastó que Die Toten Hosen (Pantalones Muertos) pisaran el escenario y arrancaron con un “¡Hey Ho - Let's Go!” de The Ramones para inmediatamente contagiar a una multitud de 700 fanáticos de todas las edades y varias culturas.
En el concierto del jueves en horas de la noche los alemanes roquearon una serie arrolladora de siete éxitos antes del clásico “Wuensch Dir was” (Desea algo), con lo cual manifestaron un primer clímax de su espectáculo, acompañado por saltos de apertura de pierna por parte del vocalista y otros de estos cuarentones que demostraron un rendimiento físico sumamente asombroso.
Una bandera nicaragüense de un fanático luego adornaba la batería del único miembro inglés de los punkroqueros, sólo un rato antes de que el vocalista Campino se liberara de su camisa embebido de sudor.
MOTIVACIÓN
Al cumplir una docena de canciones, el vocalista aprovechó la ocasión para invitar al público que lo acompañara a cantar una pieza, cuando su idea aparentemente no logró la plena comprensión, hasta que añadió: “¡Se escuchó aún más bulla en Costa Rica!”.
Impacto. El público expresó su inquietud tras susurro porque Campino había rascado al orgullo pinolero, tras lo que sólo instantes después, los supuestos “Pantalones Muertos” con “La Bamba” le sacaron todo el jugo a los llegados, lo que cambió el lugar por un solo relajo.
Rompieron cualquier hielo por completo cuando el vocalista otra vez se apoyaba en los hombros y manos estirados de los fanáticos cercanos y excitados, ahora vaciando cerveza tras cerveza encima de ellos mismos y su propio coco, terminando calado hasta los huesos, para luego lanzarse a un ovillo de manos que lo cargaba mientras cantaba en español, uno de los tres idiomas en los que interpreta y se comunica aparte de alemán y el inglés.
La energía que Die Toten Hosen dispersaba a la masa no cesaba cuando la banda se despidió por primera vez, lo que inmediatamente causó un coro de “¡otra, otra!” que luego cambió por “¡Zugabe!” (¡otra!) en el idioma del origen de Die Toten Hosen.
Regresaron dos veces al escenario para interpretar un total de casi treinta canciones en un concierto que duró unos 120 minutos, a cargo de uno de los mejores grupos de punkrock a nivel mundial. Estaba de sobra preguntarle a Campino después del concierto qué tal le parecía, cuando añadió que no fue sólo el concierto que disfrutaba: “Experimentábamos el contacto con la gente de una manera extremamente positiva, estaba súper amable.”
Además, no omitió que en sólo 24 horas de estar en el país reconoció un carácter particular de Nicaragua: “Aquí lo hemos sentido tranquilo, bonito de verdad, mientras en otros países uno nota más criminalidad, miedo... y además, no se siente tanta influencia estadounidense, es decir, se encuentra una originalidad!”, como añadió.
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