logo laprensa

Revista | domingo 22 de noviembre 2009

Cerro El Diablo mágico y encantador

 

Arco iris, al caer la tarde, localizado en la ruta a El Gobiado, Jinotega.

 

 

Texto y fotos por Félix Rivera Méndez
domingo@laprensa.com.ni


La Reserva Cerro El Diablo-Datanlí, ubicada a 27 kilómetros al noreste de Jinotega y 187 al norte de Managua, es un sitio mágico y encantador. Sus 5 mil 848 hectáreas son una verdadera acuarela de la madre naturaleza. Fue conocida antes como la Montaña de Jinotega y es un elevado macizo que se interpone al noreste de la Ciudad de Las Brumas, donde el visitante disfruta de aire limpio, clima menor a los 18 grados centígrados, abundantes ríos, quebradas, senderos y miradores.


Los ecosistemas de El Diablo-Datanlí son, después de Bosawas, los segundos más ricos en especies de flora y fauna del país, aunque esas mismas especies están amenazadas y en peligro de extinción por el avance de la agricultura.


El Diablo, es un cerro de 1,550 metros al que los campesinos lo bautizaron así porque hace muchos años escucharon un ruido como una banda musical de un colegio, pero cuando llegaron al lugar no encontraron nada. Desde entonces, la leyenda dice que en esta región el demonio hace sus diabluras, explica el guía turístico Erwin Centeno.
En este bosque de nebliselva el Instituto de Dasonomía Tropical del Servicio Forestal de USA ejecuta el proyecto Conservación y Turismo Sostenible en Cuencas Críticas, que impulsa la construcción de 30 kilómetros de senderos, 10 de los cuales ya están terminados, para atraer el turismo.

 

Centenarios árboles como éste, rodeado de abundantes helechos, en reserva Cerro-El Diablo-Datanlí, Jinotega.

El proyecto también capacitará a los pobladores de esta zona en el desarrollo y manejo de sistemas para la conservación de los recursos naturales en un ambiente de oferta turística.

 


La reserva, una de las 76 áreas protegidas del país, recibió el fin de semana a un grupo de periodistas nacionales, funcionarios del programa y turistas que hicieron una caminata de más de 3 kilómetros a través del bosque húmedo de nebliselva, por angostos y resbaladizos senderos.


Una de las opciones para alimentación de la región es el comedor Buena Vista, propiedad de Lilliam Zeledón Blandón, que ofrece sopa de gallina india, nacatamales y pescado en platos de cerámica negra. ¡Qué placer comer en un clima tan fresco!
El comedor está en una loma que a la vez sirve de mirador. Tiene inodoro, lavamanos y baño con ducha, supervisado por el proyecto estadounidense.


En La Bastilla, una hacienda de varios socios de origen suizo, estadounidense y panameños, hay dos ecoalbergues que constan de cabañas forradas con cedazos finos para evitar los molestos mosquitos y que además están equipadas con camas, baño con ducha y electrificación con paneles solares.

 

Funcionarios del Servicio Forestal de USA observan con binoculares a un pájaro carpintero, en La Esmeralda, Jinotega.

En la región también hay una escuela técnica con internado asociada al prestigiado Zamorano de Honduras, donde estudian 37 jóvenes de ambos sexos, hijos de productores que egresarán luego de tres años de estudios como técnicos agropecuarios y guías turísticos.

 


La Bastilla está ubicada a 1,500 metros sobre el nivel del mar, con uno de los climas más fríos de Jinotega. La hacienda produce café, hortalizas, tiene un proyecto lechero y hotel de montaña. Cuenta con cerdos, producción avícola y apícola.


Pero apesar de que este proyecto impulsa la protección de los recursos de la reserva, en muchas zonas se puede apreciar las secuelas del despale para la siembra de café, granos básicos, hortalizas y para el pastoreo de  ganadería bovina. El hábitat de aves, los famosos monos congo y demás fauna, se ha reducido en toda la reserva y se refugian en los penachos de montañas que aún quedan, explica el alemán Sebastián Riehe, funcionario del programa en marcha. Esta acuarela de la naturaleza puede perder sus colores.