Opinión

Por: José R. Vallejos Membreño, Luis Solórzano, Salvador Pérez
Hay dos clases de hombres: quienes ha-
cen la historia y quienes la padecen.
Es obvio que la Marcha Cívica realizada el sábado pasado fue exitosa, mientras que la celebración sandinista quedó a nivel de concentración, no de marcha. Nunca arrancó de la recién bautizada Plaza de las Victorias (?) que no es más que un cruce de calles que, otorgándole una cifra generosa, no alcanzó ni 15,000 simpatizantes. Cifra muy lejana a las 100,000 personas (mínimo) que había ofrecido Gustavo Porras.
Inexplicablemente no se han publicado fotos aéreas, que hubiesen permitido comparar el nivel de convocatoria de ambas fuerzas políticas. El menosprecio al presidente de la Internacional Liberal, Johannes van Baalen, que ha ocasionado reacción en el Parlamento Europeo, la Carta de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, la publicación de fotografías post mórtem de Alexis Argüello, donde el cadáver aparece con golpes y marcas de violencia que no armonizan con un supuesto suicidio y que, además, fueron sustraídas del Instituto de Medicina Legal, están colocando al gobierno de Daniel Ortega Saavedra en una encrucijada muy difícil. Ello sin obviar la mala situación económica de Venezuela, donde PDVSA reconoce una disminución de sus ingresos del orden del 62.0 por ciento. ¿Qué pasará con Chávez, el padre del Alba?
Dios ciega al que quiere perder.
Ha
y algo que ningún gobierno autoritario o represivo puede quitarnos a los nicaragüenses y esto es la libertad de soñar, de pensar en grande, de desear un futuro mejor. Ante el peligro en que se encuentra la paz de nuestra nación quiero expresar mis sueños de la Nicaragua del siglo XXI. Nuestro grandioso Rubén Darío nos ha hecho el llamado a soñar por nuestra Patria cuando dijo Si es pequeña la Patria uno grande la sueña. No importa que actualmente nuestra Nicaragua se vea condenada al autoritarismo, pobre, dividida y sin un plan de nación. Estoy seguro que mi sueño por Nicaragua es compartido por otros nicaragüenses que anhelan una Nicaragua próspera, en democracia y libertad para todos.
Sueño con que todos los nicaragüenses nos unamos para crear un proyecto de nación en base a tres ejes fundamentales: Prosperidad, democracia y libertad.
Sueño con que el Presidente de Nicaragua ponga el interés de la nación por encima de los intereses personales, partidarios o extranjeros. Que también respete y obedezca la Constitución y que respete a los otros Poderes del Estado. Sueño con un Presidente que inspire al país con la razón y no con la represión o la agresión física, verbal o económica. Que diseñe políticas económicas que fomenten la inversión y que incentiven a las pequeñas empresas a crecer. Que lidere al Poder Ejecutivo para que con un gobierno pequeño provea los servicios al público eficientemente.
Sueño con que los diputados sean pensadores independientes, honorables y que se deban a sus electores y no a un caudillo. Que también legislen para crear las condiciones que fomenten la inversión, y para que los derechos de los más desfavorecidos sean respetados.
Sueño con que la Corte Suprema de Justicia (CSJ) vele para que la Constitución sea obedecida por todos, de tal manera que se haga justicia. Que la CSJ sea independiente y que sus magistrados sean propuestos en base a criterios profesionales.
Sueño con que el Consejo Supremo Electoral (CSE) respete la voluntad del pueblo expresado en las urnas. Que facilite la votación de todos los ciudadanos.
Sueño con una Contraloría General de la República (CGR) independiente, que fiscalice que los recursos del pueblo sean administrados de forma eficiente y honrada.
Sueño con una Nicaragua que brinde oportunidades de superación para todos, de tal manera que nadie emigre a otro país por razones políticas o económicas. Que cada nicaragüense alcance en su Patria la prosperidad económica que le permita vivir dignamente. ¿Es mucho pedir?
L
os del Alba, ONU, OEA, Barack Obama, Lula da Silva y Óscar Arias, entre otros, actuaron con ligereza sin consultar las razones que indujeron a los Poderes del Estado de Honduras para destituir a Manuel Zelaya; y se confundieron pidiéndole a Roberto Michelleti que lo restituyera, algo que él no podía hacer. Por último dos comisiones dialogaron, la del gobierno interino le dio cátedra a la de Zelaya, ganando el tiempo suficiente. Ahora las Fuerzas Armadas y la Policía están bajo el control del TSE y han hecho las consultas a la CSJ y al Ministerio Público, sí en el remoto caso lo restituyen no podrá llevar a cabo sus intenciones dictatoriales, se tendrá que legitimar las elecciones, a lo mejor consigue salvarse de las acusaciones de violación a la Constitución, corrupción y abuso del poder.
La destitución de Zelaya se debe a las acusaciones del fiscal general Luis Alberto Rubí, ante todas las instancias y finalmente ante la CSJ, la que en sentencia de ineludible cumplimiento le señaló las múltiples violaciones a la Constitución, sentencia que él no acató, e insistió en su cuarta urna ilegal, manipulada por una dependencia del Ejecutivo y no por el TSE. El Congreso Nacional lo destituyó y nombró a Michelleti, para concluir el período de Zelaya.
En Honduras se dio un hecho, quizás el primero en la historia del mundo, donde todas las iglesias cristianas, las evangélicas de todas las denominaciones y la Iglesia católica se unieron en oración y el virtuoso Cardenal, Óscar Andrés Rodríguez, manifestó que nuestro Señor Jesucristo protege a Honduras, igual que declaraciones similares de pastores evangélicos.
El conflicto se presenta en el Congreso Nacional, donde los diputados de los partidos Liberal, Nacional, Pino-Social Demócrata y Democracia Cristiana, con énfasis los diputados liberales del partido de Zelaya, no lo quieren en el Gobierno, por no sentar un mal precedente, además, ha desprestigiado al Partido Liberal y ha metido a Honduras en un problema ocasionado por las ambiciones de continuismo en el poder del señor Zelaya.
Actualmente me encuentro a un paso del sepulcro por culpa de algunos criminales que trabajan en el servicio de Salud, mal llamado personal médico. Este testimonio lo doy en nombre de miles de nicaragüenses que están corriendo la misma suerte que yo y que todos los días lloran humillados, en los corredores de esos centros de tortura, por la insensibilidad de esos criminales.
En enero de este año me inició una diarrea. En los centros de salud Pedro Altamirano y Francisco Buitrago me recetaron cientos de pastillas que lavaron mi flora intestinal y destruyeron mi intestino supuestamente en busca de parásitos.
A los cuatro meses decidí trasladarme al Hospital Lenín Fonseca, en donde me diagnosticaron cáncer en el recto, que ya saltó a otra parte de mi organismo.
Nueve meses con diarrea en que pudieron controlar la enfermedad. Al día de hoy no me han recetado una sola pastilla contra el cáncer, ni una sola quimioterapia, ni una sola radioterapia. Indiferencia criminal es la que recibo todos los días como la que reciben miles de nicaragüenses en los centros de atención médica de don Daniel Ortega Saavedra.
Hasta cuándo los nicaragüenses vamos a permitir este genocidio que se sustenta en: 1. Poco personal; 2. Poco presupuesto médico; 3. Falta de medicinas y equipo; 4. La falta de un seguro contra la mala práctica médica, para que terminen en la cárcel un montón de médicos genocidas.
E
n la ciudad de Matagalpa actualmente abundan los conductores de bicicletas, como en otras partes de Nicaragua, los que en su mayoría no respetan de ninguna forma o manera las señales de tránsito, pues circulan tanto de día como de noche contra la vía.
Las bicicletas deben ser reguladas por la dirección general de transito para evitar más accidentes en la vía pública.
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