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Opinión | jueves 31 de diciembre 2009

Los extranjeros mucho joden

 

Hace más de un año, la entonces embajadora de Suecia en Nicaragua, Eva Zetterberg, fue calificada de “diabla” por el gobierno del presidente Daniel Ortega, luego de pronunciarse sobre el deterioro de la democracia en el país.

 

Inmediatamente, un piquete de enfurecidos orteguistas protestó frente a la Embajada de Suecia en Managua, exigiendo que Zetterberg se retractara de sus declaraciones.

 

A las pocas semanas, el propio Ortega en un acto masivo, comparó a los diplomáticos europeos con “moscas que se paran en la inmundicia”, en alusión directa a la italiana Francesca Mosca, ex Embajadora de la Unión Europea en Nicaragua.

 

En esa oportunidad, el gobernante desafió a la comunidad europea a que se llevaran “lo que llaman cooperación y que son migajas” a otras partes del mundo. La cooperación externa representó en el 2007 a Nicaragua, 553 millones de dólares y los países donantes aprobaron para este año, un desembolso condicionado por 115.2 millones de dólares.

 

Las críticas de Ortega llegaron poco después de que los principales países cooperantes con Nicaragua expresaran su preocupación por el rumbo de democracia desde su llegada al poder en el 2007.

 

A pesar de que Nicaragua recibe en ayudas internacionales casi tres veces su PIB, el tono del ataque hacia los diplomáticos siguió subiendo y el vicecanciller Manuel Coronel Kautz afirmó que los donantes europeos “son como la gata angora”.

 

Meses después, el mismo Coronel Kautz dijo que “el imperio (estadounidense) manda a estos diablos” a criticar al Gobierno, en alusión al ex Presidente de México, Vicente Fox, que dictó una conferencia en Managua sobre el futuro de la democracia, la cual desató una ola de críticas del Ejecutivo.

 

Este año, los epítetos no cesaron. Hace pocas semanas, Ortega culpó al embajador de los Estados Unidos, Robert J. Callahan, por el ataque de los grupos de choque del Gobierno a la sede diplomática de su país, tras criticar al fallo de varios magistrados de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, que abrieron las puertas a una reelección del mandatario en el 2011.

 

Luego le tocó el turno al eurodiputado y presidente de la Internacional Liberal (IL), el holandés Johannes Cornelis van Baalen, quien fue duramente criticado por sus declaraciones en contra de Ortega a quien llamó un líder “antidemocrático” y que “irrespeta la Constitución” nicaragüense al pretender lanzarse por tercera vez como candidato presidencial.

 

Van Baalen estuvo en Managua acompañado del tesorero de ese organismo, el español Joseph Soler, con la intención de conocer el futuro político de la derecha liberal y de los retrocesos democráticos en el país y también condenó el fraude electoral cometido por el gobierno de Ortega en las elecciones municipales de noviembre del 2008, cuando se alteraron los resultados de las votaciones en cuarenta municipios del país, incluyendo Managua.

 

El mandatario nicaragüense calificó a van Baalen como un “pirata” y denunció que durante su visita se reunió con altos mandos del Ejército de Nicaragua para supuestamente sondear la ejecución de un plan similar al ocurrido en Honduras.

 

Con estas intimidaciones verbales, la estrategia del gobierno de Ortega es hacer creer que quienes le tienden la mano a Nicaragua son enemigos de los nicaragüenses. También persigue acallar a los representantes de los países donantes para hacerles entender que su gobierno y sus grupos de choque, son los únicos autorizados para despedazar las leyes y el futuro país.

 

El plan de Ortega es alejar a la cooperación internacional y sustituirla con las limosnas y dádivas del presidente Hugo Chávez, quien hace tres años prometió construir en Nicaragua una refinería con una inversión de 4 mil millones de dólares pero hasta hoy sólo ha quedado en lo que son sus gobiernos: Pura demagogia.

 

El proyecto de Ortega es, otra vez, convertir a Nicaragua en un mendigo internacional y sumirnos en la pobreza a como lo hizo en los años ochenta.