Opinión

“Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”.
Es importante el interés de algunas personas en que se proteja a los animales. Pero entonces cabe que no sólo jurídicamente se debe proteger a los animales del maltrato, también sería justo que se prohíba matarlos, destazarlos para comerse su carne como alimento. Veo incoherente que solamente porque a determinadas personas no sean de su agrado personal las peleas de gallos, corridas de toros, de perros, y etc., deban desaparecer, si desde tiempos inmemorables existen y lo cual se ha vuelto una costumbre.
Tildar de aberración y salvaje las famosas peleas de gallos es incongruente conforme la realidad actual, pues el gallo muerto pasa a ser alimento de quienes lo cocinan. Si a estas personas no les satisface que en una pelea de gallos muera uno y otro viva, entonces, deberían también no permitir sean destazadas o sacrificadas las gallinas o pavos para ser vendidos como alimento familiar.
No existe ninguna diferencia entre un gallo muerto en una pelea y una gallina destazada o cualquier otro animal consumible por la mano del hombre. ¿Por qué estos defensores del bienestar de los animales permiten que unos sean destazados, maltratados de esa manera y otros no? Los sacrificios de la antigüedad que plantea la Biblia eran legales y Dios nunca los condenó, porque ése era el ritual sagrado. Entonces, ¿por qué el hombre ahora tendría que condenarlo? ¿Qué pueden decir de la carne exquisita de los conejos? Éstos sin verse inmiscuidos en peleas como los gallos, son sacrificados para degustarlos. ¿Qué podrían decir de las carreras de caballo, los caballos de los coches que son salvajemente maltratados y que mueren de tanto ajetreo que les da su patrón? Los explotan, pero no los defienden. ¿Acaso el derecho no es para todos, en caso que se les deba otorgar?
Sacrificar, maltratar a los animales con la muerte, cualquiera que ésta sea, y comerse a una gallina, gallo, pavo, un toro ejecutado en una corrida, una vaca que sea destazada, un conejito, cerdo y etc., nunca ha sido un abuso, ni maltrato, ha sido permitido durante luengos años para la sobrevivencia de los seres humanos Las peleas de gallos, no hay que verlas como un capítulo separado de todo lo expuesto, es una diversión sana de antaño, tipo deporte.
Bayardo Quinto Nuñez
El secretario del PLC, diputado Francisco Xavier Aguirre Sacasa, en una aparente ingenuidad públicamente externó su anuencia personal a la reelección continua del caudillo rojinegro Daniel Ortega Saavedra, sí, y solamente sí se aumentase a más del 50 por ciento los votos necesarios para ser elegido Presidente en las próximas elecciones.
Pensar que el diputado Aguirre hizo su comentario independiente del caudillo liberal Arnoldo Alemán Lacayo, comparsa de Ortega, es caer en el abismo de la ingenuidad. El supuesto consenso entre los diputados opositores antiorteguistas de no a la reelección en los relacionado con las reformas constitucionales está entre la sinceridad y amor a un pueblo mayoritario o el afán desmedido al que están acostumbrados los políticos criollos.
En una vibrante conferencia de prensa, Arnoldo Alemán juró a más no poder que aunque aumentase hasta el 70 por ciento para elegir al ganador de las próximas elecciones nacionales, jamás el PLC entregaría sus votos para las ansiadas reformas constitucionales del presidente Ortega.
Tira la piedra y esconde la mano, es un refrán propio para aquellos individuos cuyos valores como la honestidad, honradez y sinceridad son tan escasos como el champú para un calvo, ratificando la soberbia y desfachatez del líder del PLC, quien en la última encuesta de M&R resultó con saldos sumamente negativos, al lado de Eduardo Montealegre, Daniel Ortega, Rosario Murillo y otros. Es la forma tradicional de hacer política lo que cansa al pueblo, harto de líderes cuyo tránsito solamente está concebido en prebendas y oportunismo ingrato. Ojalá que las declaraciones del secretario nacional del PLC hayan sido un exabrupto personal y no una pedrada certera a la democracia, lanzada por una mano gorda con dedos abultados y uñas negras de tanta maldad.
Parafraseando una cita célebre de algún colombiano: Es que la noche es oscura, la vaca es negra y quien busca al semoviente no quiere ver es una mala advertencia para la democracia. Mientras, la comparsa de Arnoldo Alemán tienta a su pana-pana para satisfacer sus mezquinos intereses personales. Es que muchos de nuestros políticos son incapaces, pero los demás son capaces de todos, decía con mucha razón Boris Makarenko.
Edy Macías Carvajal
Algunos laicistas recalcitrantes piden que se supriman los símbolos religiosos en los centros públicos de España, y también en los concertados, puesto que están sostenidos con fondos públicos. ¿Es que no saben que muchos padres eligen algunos de esos centros precisamente porque desean educar a sus hijos de acuerdo con un sentido cristiano de la vida, expresado entre otras cosas, por esos símbolos? La educación según un ideario es un servicio público en cuanto hay padres que desean ese tipo de educación para sus hijos. Y la posibilidad de elegir ese tipo de centros es un derecho constitucional. Los símbolos contribuyen a expresar las convicciones y valores que definen la identidad de las personas y comunidades humanas. Suprimirlos contribuiría a un uniformismo cosificador, más propio de los totalismos igualitaristas que de las sociedades libres.
La supresión en los centros públicos supone ignorar una tradición cultural de gran arraigo con la que están de acuerdo la mayoría de los padres. Al respecto es interesante la declaración que hizo, a raíz de la Ley del velo en Francia, la Federación Internacional de Derechos del Hombre de Helsinki (FIH): “No le corresponde al Estado determinar qué manifestaciones de religiosidad son legítimas cuando no violan los derechos humanos fundamentales de otras personas o no ponen en peligro la seguridad pública, la salud o las buenas costumbres”. No creo que sea éste el caso.
Ana Batista Majem
¿Y a dónde iremos, si sólo Tú tienes palabra de vida eterna? Ésta es una de las expresiones más brillante de los discípulos, en particular de Pedro, quien de esa manera le afirmaba a Jesucristo su fe absoluta. (Juan 6:68).
Paradójicamente, el mal, una falsificación paupérrima del Evangelio, expone una idea que parece rodear a nuestra Nicaragua en el 2010: Daniel Ortega tiene la última palabra de nuestra vida diaria.
Ruego a Dios que nos dé sabiduría, porque pareciera como si las huestes del maligno atentaran agigantadamente contra la tierra nica con la llegada de Ortega al poder; con la adquisición del otrora guía espiritual de la grey católica, Obando y Bravo; con la imposición de más impuestos, la corriente del Niño que nos dejó sin una vasta producción de alimentos y un pobre rendimiento en la lechería y ganadería; con la institucionalidad polarizada y sin esperanzas en un aporte que aliviane la crisis en Nicaragua; con instituciones gubernamentales mantenidas porque tienen que existir; con proyectos en papel pues carecen de presupuestos. Y para remate, nuestro Presidente se da el lujo de menospreciar e insultar, ahuyentando de esa manera a la comunidad internacional que se ha preocupado por ayudar y revitalizar nuestra precaria economía nacional.
Mucha gente profesional y con habilidades buscará en otros países la oportunidad de mejores horizontes personales y familiares. Pero eso no le importa, pronto tendremos las calles llenas de chavistas venezolanos y fidelistas cubanos desempleados en sus países, empleados por el generoso gobierno de Ortega, que de alguna manera tiene que pagar la ayuda ya brindada, entonces dirá en manifestaciones políticas que son necesarios pues nuestros apátridas profesionales abandonan el país.
Y nuestros políticos, a jugar al güegüense. Al póker marcado. A jugar a la pelota caliente, el tonto se queda con ella, de todas maneras hay que disfrazarse de estadista discursando de manera descarada con dichos y dicharachos, promesas imposibles, reuniones y más reuniones pero sociales, para saludarse y verse las caras duras, de publicitarse con algún medio de comunicación y los saque en sus planas de noticias, telenoticias o radios informativos, con las declaraciones de última hora, lo último de la “verdad, pero de verdad”.
Entonces frente a este panorama sombrío, triste, pese a la alegría de las fiestas religiosas de la fecha Tendríamos que preguntarle al Presidente o como dice Lenín Cerna, al mejor estadista que ha tenido Nicaragua: ¿a dónde vamos? ¡Señores confiemos en que Dios bendiga Nicaragua.
Francisco Gershom Quiñónez T
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