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Departamentos | lunes 8 de febrero 2010 “Mamá Chica” cumplió cien años
Dos pasteles es poco para doña Francisca Mendoza Romero, que cumplió cien años en Chinandega. CORRESPONSAL/CHINANDEGA.- A sus cien años doña Francisca Mendoza Romero habla con soltura para recordar la antigua ciudad de Chinandega, de aquellos pretiles y sus calles de tierra, cercos de piñuela, el rancho donde habitaba con su progenitora Blasina Mendoza junto a su hermano en el barrio La Libertad.
Con su infaltable crucifijo al pecho relata acerca del otrora río Acome con un enorme caudal, y por supuesto el incendio que destruyó el centro de la ciudad en la guerra Constitucionalista desde agosto de 1926, entre liberales y conservadores.
La viejecita, conocida en la ciudad como “La Mama Chica”, celebró en toda su plenitud sus cien años; primero la santa eucaristía en la parroquia Santa Ana, el mismo barrio donde posee su casita en diez metros de terreno, la que comparte con su hijo José del Pilar Mendoza.
No faltaron los sobrinos en la familia Molina, de Chinandega, amistades y vecinos, ella mientras tanto desfiló en triciclo rumbo al templo, llegó ataviada con un hermoso vestido, luego disfrutó de un derroche de cultura, un regalo de los jóvenes del Ballet Infantil en el que no podía faltar la Cumbia Chinandegana , los aplausos, piñatas y el toro encohetado.
Nació el 29 de enero de 1910 en la ciudad de Chichigalpa, bautizada en la iglesia de San Blas, de niña llegó a Chinandega. Ahora sobrevive con lo poco que gana su hijo en rumbos de la albañilería, porque el negocio de la licorería no da mucho. Aún se le nota destreza con su mano izquierda, mientras comenta que perdió a sus dos primeros hijos.
De su niñez recuerda que no asistió a la escuela y sí el precio bajísimo de “cada cosa” del medio de dulce, café, carne y punches.
“Una gallina valía 25 centavos, hasta nos aburría la sopa, entonces comprábamos —chancho—, en la tarde era queso con mantequilla “oreado” con tortillas y café negro. En la mañana desayunábamos con dos litros de leche, valían tres centavos”, comenta la viejecita.
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