|
Opinión | lunes 15 de febrero 2010 Los tanques de cerebros y los políticosEn un informe sobre los think tank o centros de investigación de políticas públicas existentes en el mundo, que fue divulgado en enero de este año, la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos, ha dado a conocer los nombres de las 25 más importantes instituciones de este tipo, a nivel internacional.
“Un think tank o tanque de pensamiento —explica wikipedia— es una institución investigadora u otro tipo de organización que ofrece consejos e ideas sobre asuntos de política, comercio e intereses militares. El nombre proviene del inglés, por la abundancia de estas instituciones en Estados Unidos, y significa “depósito de ideas”. Algunos medios en español utilizan la expresión “fábrica de ideas” para referirse a los think tank . Y agrega la enciclopedia universal electrónica que: “Normalmente se trata de organizaciones en las que trabajan varios teóricos e intelectuales multidisciplinares que elaboran análisis o recomendaciones políticas. Un think tank tiene estatus legal de institución privada (normalmente en forma de fundación no comercial). Los think tank defienden diversas ideas. Sus trabajos tienen habitualmente un peso importante en la política, particularmente en Estados Unidos”.
Los think tank existen en todas partes del mundo, como lo consigna el informe de la Universidad de Pensilvania, y sirven también como fuente de información y elaboración de ideas para partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, sindicatos, medios de comunicación y demás instituciones de servicio público, independientemente de su orientación ideológica, tendencia política o que tengan neutralidad profesional.
En realidad, del total de 6,305 think tank o depósitos de ideas que hay en el mundo, según el informe antes mencionado, sólo el 30 por ciento está en América del Norte, comprendidos Estados Unidos y Canadá. El 28 por ciento funciona en Europa, 19 por ciento en Asia, 10 por ciento en América Latina y el Caribe, 8 por ciento en África, 4 por ciento en Medio Oriente y África del Norte y 1 por ciento en Oceanía.
Entre los 25 think tank más importantes del mundo, se encuentran afamados centros de investigación como la Brooking Institution, la Fundación Heritage, la Corporación Rand, la American Enterprise, el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, Transparencia Internacional, el Departamento de Investigaciones del Banco Mundial, el Instituto Cato, Amnistía Internacional y Human Right Watch, entre otras. Y acerca de Nicaragua, el informe de la Universidad de Pensilvania menciona escuetamente que hay 10 de esos organismos de investigación de políticas públicas y desarrollo del pensamiento intelectual, pero no los identifica.
Cabe suponer que entre los diez tanques de cerebros o depósitos de ideas —que según el informe internacional hay en Nicaragua—, se encuentran el Instituto de Historia de Nicaragua y Centro América (IHNCA) de la UCA, la Fundación Nicaragüense de Desarrollo (Funide), el Centro de Investigaciones de la Comunicación (Cinco), el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP), la Fundación Violeta Barrios de Chamorro y otros.
Por cierto que en Nicaragua no se aprovecha de manera suficiente el resultado del trabajo intelectual y científico que realizan estas instituciones. Sobre todo ignoran su esfuerzo y gran aporte intelectual, los dirigentes políticos, a pesar de que son los que más necesitan ideas, análisis de situaciones y perspectivas, examen de recursos y planteamientos de factibilidades de políticas públicas, que son indispensable para elaborar propuestas programáticas y proyectos específicos de solución a los problemas reales de la población, en particular de los segmentos sociales que constituyen la clientela principal de cada organización partidaria.
Quizás por eso el debate político en Nicaragua es de una gran pobreza intelectual, carece por lo general de ideas originales y se concentra en las descalificaciones recíprocas, las ofensas personales y la denigración del adversario, en vez de sustentarse en planteamientos serios que ayuden a elevar el nivel de la educación cívica y democrática de la población. En este sentido hay una gran diferencia con países como Chile, por ejemplo, donde el think tank denominado Instituto Libertad y Desarrollo desempeñó una función primordial en la elaboración del discurso y el programa de gobierno del victorioso candidato de la derecha democrática, Sebastián Piñera.
En Nicaragua, por el contrario, los políticos ven como peligrosos rivales a las organizaciones de la sociedad civil, menosprecian su trabajo social e ignoran su aporte intelectual. Seguramente por eso es que, en general, los políticos nicaragüenses siguen exhibiendo una penosa aridez de ideas y del pensamiento político creativo que tanto se necesita en Nicaragua.
Ver en la versión impresa las páginas: 8 A |