Deportes

Por: Arquímedes González,
Estos días Holanda se ha despertado de color naranja. En las calles se aprecian desde autos, vuvuzelas y banderillas de color naranja. Los neerlandeses, por naturaleza locos por el futbol, se ven vestidos con camisetas, pantalones y gorras naranjas. También lucen calcetines, zapatos, relojes, lentes y algunos hasta admiten en público llevar calzoncillos, sostenes y calzones naranjas.
La fiebre del futbol ha aumentado según el ritmo de victorias de la selección y, ahora, barrios enteros se ven adornados con motivos de color naranja. Hay todo tipo de mensajes: Hup Holland (Vamos Holanda) Viva Sneijder (pues ha sido el jugador con más goles), La Copa es de nosotros y leones anunciando: ¡Vamos a comer paella!
Sus habitantes aparecen en la televisión bebiendo cervezas por supuesto de color naranja, platos y cubiertos naranjas, espaguetis naranjas, panecillos naranjas, pasteles naranjas y servilletas del mismo color.
Por su parte los comentadores de los partidos y los cronistas deportivos de los medios de comunicación, escrito y radial, se han decantado por las victorias del equipo. Las únicas críticas han sido las 98 faltas cometidas en los juegos y que, a pesar de permanecer invicta con seis partidos ganados, Holanda ha marcado pocos golpes.
En las calles las estaciones de trenes y en las oficinas las conversaciones giran en torno a la gran final, que será mañana domingo en la desde ya calificada como una de las mejores actuaciones del equipo. El optimismo es tal, que desde el jueves se levantan inmensas pantallas gigantes en importantes ciudades como Rotterdam, Ámsterdam y Utrecht, donde se espera que se reúnan miles de personas, pues nadie está dispuesto a perderse el partido de futbol más importante en la historia del país.
Además, las líneas aéreas han dispuesto más aviones y paquetes hoteleros para los fanáticos que de última hora se han decidido a viajar a Johannesburgo para estar presentes en la gran final a realizarse en el estadio Soccer City.
Según los datos del Gobierno, 12 millones de holandeses vieron el partido en el que Holanda derrotó a Uruguay. Y, según mi apreciación, el domingo la cifra se acercará a los 17 millones de habitantes del país, que es tres veces más pequeño que Nicaragua.
A pesar de la celebración, el Gobierno alertó que cada juego de futbol ha dejado pérdidas por más de 40 millones de euros, debido a que miles de fanáticos no han asistido a sus trabajos, han cerrado sus negocios o han pedido libre.
Durante los juegos son pocas las tiendas que están abiertas y los que ahí trabajan se notan tensos, molestos y hasta de un color naranja, debido a la impaciencia por conocer los resultados del partido. Y luego, cada gol resuena en las voces de los millones de televidentes provocando movimientos sísmicos en la nación.
Tras finalizar el partido contra Uruguay comenzó la fiesta, pues la selección se colocaba entre las cuatro mejores del mundo. En la capital, Ámsterdam, millones de fanáticos naranjas se lanzaron a la calles con gritos de alegría, mientras cientos de conductores recorrieron las avenidas de varias ciudades accionando sus cláxones celebrando el pase a semifinales.
Holanda, orgullosa de su futbol, ha esperado este momento desde hace décadas. Su juego, conocido mundialmente como la maquinaria naranja, debido a la precisión en sus pases, ha logrado sólo en 1974 y 1978 ubicarse como subcampeón mundial. En 1998 quedó en cuarto lugar.
Sin embargo, mañana domingo podría ser la primera vez que el equipo alcance la Copa mundial de futbol, lo que traería un poco de respiro a la nación asediada por la crisis económica y por un conflicto político que no ha permitido la formación de un gobierno de unidad. Si llevan la victoria, no me cabe duda que por mucho tiempo el Sol en Holanda se verá de un color naranja.
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