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Nacionales | domingo 11 de julio 2010 "Nicaragua ya no es el país más seguro", Miguel Ángel López, Periodista mexicano, experto en temas de seguridad
Miguel Ángel López, de 44 años, estudioso del tema de la seguridad, es uno de los tantos hijos de la violencia de su país de origen, México.
“El año pasado mataron a mi hermano (Armando López) en Ciudad de México. Le intentaron robar un carro y le pegaron un tiro. Todos nos hemos visto vinculados al crimen. En México no te lo platican, son casos cercanos a todos, ya no te das cuenta por televisión”, se queja el periodista que trabajó en Nicaragua para la agencia de prensa Notimex entre 1997 y 2000.
Acaba de terminar un estudio que parece una alerta temprana a Centroamérica, una voz que clama en el desierto frente a la realidad mexicana: 22 mil muertos en tres años.
López, junto a expertos del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP) de Managua, viajó durante un año a las zonas fronterizas de Nicaragua, Costa Rica y Panamá, y encontró el abandono y la pobreza que pueden propiciar una mayor incidencia delictiva, menos sofisticada hasta ahora que la mexicana por supuesto.
Aprovechando la presencia de un mexicano, ¿qué está pasando con el crimen organizado en su país? Muchos nicaragüenses ya perdieron la cuenta de cuántos muertos ha producido la guerra del narcotráfico.
No tengo la cifra de los muertos del último año, pero en los últimos tres de manera extraoficialmente se manejaba que eran 15 mil. Sin embargo hace dos meses el presidente (Felipe) Calderón dio una cifra todavía más cruda: Durante su gobierno (que inició en diciembre de 2006) a abril de este año han muerto 22 mil personas.
Desde el punto de vista cuantitativo es bastante. Pero quiero darte otros datos relacionados con Centroamérica, una región con países donde en algunos casos el índice de violencia es bajo técnicamente como el caso de Panamá y Nicaragua, pero creo que se trata de una percepción.
Si nos vamos a los datos duros en México el índice de muertos de manera general es 10.6 muertos por cada 100 mil personas. Es un número importante y contrasta con los 23.7 que hubo el año pasado en Panamá. Si te fijas es el doble de México, sin embargo Panamá figura como uno de los países menos violentos o por lo menos no tienen la imagen de México donde aparecen muertos, pancartas o asesinan funcionarios.
Por otro lado tenemos a Colombia con 37.3 muertos por cada 100 mil habitantes. Si lo ves en términos relativos, la incidencia de la violencia en México parece un asunto de percepción, pero hay una realidad y otra parte de un mito. Si Chihuahua fuera un país, por ejemplo, tiene una cifra de 47.1 muertos, sólo ellos.
Allí está Ciudad Juárez, sin tomar en cuenta Sinaloa, Tamaulipas, que es toda la región norte y donde las cifras aumentan.
¿Cómo impacta todas estas muertes emocionalmente a los mexicanos?
Bastante. En el caso de México, si lo ves desde el punto de vista de Ciudad de México había hasta hace tiempo un cierto nivel de seguridad.
La violencia se daba en la zona norte. Sí había casos, pero no era de incidencia alta. En los últimos meses, la violencia está creciendo en el interior de la ciudad. No tengo el dato duro de cuántos cuerpos aparecieron en un valijero. Pero sí te puedo hablar de Ciudad Juárez que tiene un alto porcentaje de muertos.
Chihuahua es violenta y allí se ha desarticulado la vida de la comunidad. En Ciudad Juárez la gente en las noches se empezaba a pasar la bola de “no vayan a tal bar, porque lo van a incendiar” y esa noche lo incendiaban. Diario se registran asaltos, robos, las autoridades no han podido solucionarlo.
¿Cuál es el problema de fondo en México?
La violencia es un asunto de territorialidad por parte de los grupos delictivos. En México tenemos siete grupos que controlan el tráfico de drogas, migrantes y armas, pero además se han convertido en Holdings (conglomerados empresariales).
Una diferencia marcada entre el crimen organizado en México y Centroamérica es que en México no sólo se dedican al trasiego de armas y drogas, o personas, sino que se están dedicando al robo de combustible, al secuestro, extorsión, controlan toda la gama de actividades fuera de la ley.
En Centroamérica los grupos están separados. Eso vimos en los tres países que analizamos. En México, en la frontera sur, el Grupo de los Zetas controla toda la parte delictiva, extorsión por ejemplo. Ellos cobran una cuota semanal para que no te agredan, que no te agredan ellos.
Hace dos meses, un líder de un cártel reunió a los representantes de las aseguradoras para decirles que el próximo año debían pagarle cada aseguradora 500 mil dólares y les prometían que no iban a tener accidentes. Sin embargo si no daban el dinero, entonces el grupo criminal les ocasionaría pérdidas por un millón de dólares y deberían pagarle entonces un millón de dólares, ya no 500 mil.
¿Eso fue público?
Uno de los asistentes lo informó y esa noticia ocasionó que ahora hay aseguradoras que se han retirado de ahí.
Ante situaciones cómo ésa, ¿cómo responde el Estado?
Obviamente hay una respuesta. Y contundente. El problema es que el grado de delincuencia se ha enquistado a nivel social, y la respuesta estatal no ha sido lo suficientemente fuerte para abatir esto.
¿Y el plan Mérida, ha tenido algunos resultados?
Ha sido de asistencia, capacitación, en eso se ha centrado.
¿Tienen informes ustedes que la persecución que se le ha hecho a los narcos en México haya provocado que los grandes capos hayan buscado cómo instalarse en Centroamérica?
Eso ha sido toda la vida. No hay que perder la perspectiva de que la reestructuración de esas organizaciones es algo normal.
Acuérdate que en los años ochenta aquí se detuvo a (Rafael) Caro Quintero cuando se dirigía a Costa Rica (lo detuvieron el 4 de abril de 1985).
Hay que recordar que en los años noventa se instalaron muchos narcos en Panamá y Costa Rica. No es algo nuevo.
Si en la nueva división internacional de las actividades delictivas, algo que está pasando es que los colombianos están produciendo la droga, los que se encargan de transportarla son los cárteles mexicanos y para poderla trasladar necesitas una infraestructura, un apoyo y buscas aliados locales. Ahí hay grupos delictivos, células de los cárteles que llegan y se enquistan en los países.
¿Hay alguna diferencia entre el comportamiento del narco en Costa Rica, Panamá y Colombia, los tres países que analizaron?
Una de las características es que en la frontera Panamá y Colombia (la zona del Darién, territorio selvático) no hay violencia. Es bien interesante. La gente se muere de viejita. En la zona de Kuna Yala, zona indígena del Atlántico, no usan muchas armas.
En Panamá, sin embargo participan en actividades delictivas. Hay una diferencia marcada en Costa Rica y Panamá donde hay una actividad delictiva mayor.
Uno de los datos del estudio revela que existe un alto porcentaje de nacionales trabajando en la red del narco, ¿qué tipo de posición ocupan ellos en la estructura criminal en el caso de Nicaragua?
Un elemento en el caso de Panamá, el país que yo estudié, es que son bandas locales que se acuerpan dependiendo del grupo delictivo que llega.
Por ejemplo, si llega alguien del cártel de Sinaloa yo me identifico, y los contrato para que sean ellos los encargados de cuidarme la droga, de trasladármela. Sin embargo el que controla el tráfico son los mexicanos, no tanto los grupos locales.
Los grupos locales ayudan a cruzar la droga en su territorio y algunas veces se convierten en distribuidores locales, porque a veces se les paga con la misma mercancía. También hay un proceso en que bandas rivales comienzan el proceso de tumbe (robo de droga entre ellas).
En su estudio, ¿hicieron alguna valoración del tema de la justicia?
En términos del Código Penal no, pero en las tres fronteras notamos que la presencia del Estado es débil. En el caso de Panamá hay ausencia de jueces y poca presencia policial. Si llegas a ciertas zonas de Darién, nadie ejerce el poder.
¿Cómo está colaborando la gente al narcotraficante?
La colaboración de la gente con el narco a veces es accidental, porque hay droga que fue encontrada en los litorales, pero también hay un apoyo logístico en el traslado al norte. La droga llega hasta México, sale de Colombia y Venezuela.
¿Cuál de los tres países presentó más debilidades a su juicio?
Los tres tienen enormes litorales que ante la ausencia de un control efectivo, cualquier punto ciego puede ser usado para actividades delictivas.
¿Qué valoración hicieron del trabajo de la Policía?
La ausencia de autoridades y los bajos presupuestos hacen que las instituciones sean vulnerables al crimen organizado. Los pone en situación de riesgo. Yo llego a una zona indígena en Panamá, y es un archipiélago de islas y estoy en la capital comarcal, la única autoridad es un oficial del servicio nacional de fronteras. Eso me pasó. Él me dijo: “Compadre sólo tengo un fusil y una pistola. A las cinco de la tarde cierro mi oficina. A mí ni se me ocurre salir a ver qué está pasando”.
¿Qué le preocupa más de la región de Centroamérica en este tema del crimen organizado?
El punto en la agenda de Centroamérica debería ser el enquistamiento en la sociedad. Hay que reconocer que hay crimen organizado.
Cuando le preguntás, si hay crimen organizado en Nicaragua, te dicen no sé. O en cualquiera de los otros países, no lo aceptan.
La versión oficial en Nicaragua reza que éste es el país más seguro de Centroamérica, ¿qué opina usted?
No, ya no lo es. De acuerdo con las estadísticas, los índices de menores homicidios están en Costa Rica. Nicaragua fue hace diez años. Eso fue cuando yo viví aquí. Era un Edén. Ahora es otra Managua la que me encuentro.
¿Qué cambió?
Primero la delincuencia. Segundo la venta de droga. A mí me recibieron con un crack en la mano. Me quedé en la casa de un amigo en Bolonia, era un barrio seguro. Allí había oficinas de corresponsales. Ahora que regreso, lo primero con que me reciben es un niño pidiéndome dinero y me dicen que ese dinero él lo quiere para comprar crack y el niño me dice que el crack ya lo tiene y me lo muestra. Me dice que (el dinero) lo quiere para comer.
¿Qué sintió cuando vivió eso?
Me impactó. Ése era un barrio donde yo podía caminar. En los restaurantitos, llegaban ministros, ex ministros a beber sus cervezas y ahora ya no se puede caminar tranquilo. Lo primero que te aconsejan es deja tu computadora. Hace diez años, yo dejaba mi carro abierto. Ahora toda la ciudad es peligrosa.
Según su opinión, ¿qué nos distancia de lo que está pasando en México? Me refiero al caso de Nicaragua y Centroamérica en general.
Pues es grande la distancia. Los grupos de México son estructurados, participan en el lavado de dinero. En Centroamérica son menos complejos. Yo a lo que quiero llegar es que el rostro de la seguridad en Centroamérica está cambiando y te hablo de dos países: Panamá y Nicaragua.
Hay que trabajar en eso, en el concepto de que la gente tenga conciencia de que si no se toman acciones, el problema se va agudizar. El crimen organizado crece a la sombra de un Estado silencioso.
En su vida, ¿cómo lo ha marcado la violencia?
El año pasado mataron a mi hermano (Armando López) en Ciudad de México. Le intentaron robar un carro y le pegaron un tiro. Todos nos hemos visto vinculado al crimen. En México no te platican el crimen. Son casos muy cercanos. No te enterás porque lo viste en la televisión.
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