Opinión

-Josette Sheeran y Michel Sidibé-
La respuesta mundial al SIDA está funcionando. Hoy en día, las personas con VIH viven más tiempo gracias a un mejor acceso al tratamiento antirretroviral. Aún así, dos de cada tres personas que necesita tratamiento contra el VIH no tiene acceso a la terapia antirretroviral. Incluso para los más afortunados, como Miriam, una madre soltera de 28 años de edad, que fue aceptada en un programa de distribución gratuita de medicamentos antirretrovirales en Dar es Salaam, Tanzania, las circunstancias pueden ser difíciles.
A pesar de estar recibiendo medicamentos, su situación empeoraba. Estaba perdiendo peso y se enfermaba más.
“A veces dejaba de tomar los medicamentos por hasta cinco días debido a la falta de alimentos”, indicó Miriam mientras explicaba que ingerir estos medicamentos con el estómago vacío la dejaban muy enferma.
Afortunadamente, un trabajador de salud reconoció la difícil situación de Miriam y le arregló un plan de ayuda alimentaria. Nueve meses después ella había recuperado sus fuerzas y obtuvo una subvención de 50 dólares para reiniciar su negocio de venta de donas. “La ayuda alimentaria me mantuvo viva. Si hubiera sido enviada de regreso a mi aldea, ya me habría muerto”.
La historia de Miriam lo dice todo: los medicamentos antirretrovirales por sí solos no garantizan el éxito del tratamiento contra el VIH. Hoy en día, los medicamentos efectivos para tratar el VIH están alcanzando cifras récord. Unas cinco millones de personas en países de bajos y medianos ingresos están recibiendo tratamiento antirretroviral diez veces la cantidad registrada— hace cinco años.
El VIH altera el metabolismo de una persona, lo que merma su apetito y también obstaculiza la capacidad del cuerpo para digerir y absorber los nutrientes en los alimentos. Mientras lucha para combatir la enfermedad, el cuerpo también comienza a requerir más calorías; un adulto puede necesitar hasta 30 por ciento más calorías, mientras que un niño con SIDA puede requerir 50 a 100 por ciento más calorías para combatir la enfermedad.
Desafortunadamente muchos de los afectados son también muy pobres y no pueden costearse una dieta saludable. Justo cuando sus cuerpos necesitan más y mejores alimentos, es cuando menos tienen.
No es de extrañar, por tanto, que estudios recientes hayan demostrado la relación entre una buena nutrición y el uso eficaz y la adhesión al tratamiento. Sólo aquella persona que tiene acceso al tratamiento y lo sigue puede retornar a una vida relativamente saludable. Esto también significa que brindar apoyo nutricional a las personas que viven con el VIH y darles de comer cuando son pobres puede ser crucial para mantenerlos con vida.
Es por eso que el ONUSIDA y el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas están pidiendo una mejor integración de la ayuda alimentaria y la nutrición en todos los aspectos de los programas del VIH. Para mitigar el impacto de la enfermedad en personas que viven con el VIH y en los medios de vida de sus familias, tenemos que reformar la asistencia nutricional como parte del tratamiento integral de las personas que viven con el VIH.
Sin acceso a los alimentos adecuados y nutritivos en el momento adecuado, las vidas están en peligro, los medicamentos no son tan eficientes como deberían ser y los pacientes abandonan los programas de tratamiento que podrían haber mejorado sus vidas y las vidas de sus familias. Los enfermos y los que tienen hambre no pueden seguir esperando.
La Conferencia del SIDA 2010, la reunión bianual de los profesionales del VIH de todo el mundo se está celebrando en Viena del 18 al 23 de julio de 2010.
Josette Sheeran es Directora Ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas y Michel Sidibé Director Ejecutivo del ONUSIDA.
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