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Deportes | sábado 31 de julio 2010 El tamaño sà importa
“En el baloncesto, lo que importa es el corazón y tus habilidades, no el tamaño”, dijo a EFE Roland Galang, un filipino que sueña un día jugar a la par de su ídolo, Kobe Bryant, en la NBA.
Pero la realidad indica que Galang, de 1.65 metros, ni siquiera será aceptado en la Liga Profesional de Filipinas, que cuenta con muchos extranjeros y nacionalizados, que superan los dos metros, estatura gigante en un país donde la media es 1.63.
En cada deporte, como en cada ámbito de la vida, hay excepciones, pero también existen referencias que son el resultado de muchos procesos de investigación y análisis, que ofrecen conclusiones sobre lo que más conviene a cada disciplina. El baloncesto es para altos. El futbol, para bajitos.
Gran parte de las grandes figuras del balompié mundial han sido pequeños. Maradona o Messi, Mueller o Iniesta. Pero tener el centro de gravedad más bajo ha sido una ventaja que les permite mayor capacidad de maniobra en los espacios cortos. Por lo general son personas dedicadas al ataque.
¿Y en el beisbol? Los equipos de Grandes Ligas buscan gente encima de los seis pies. No significa que no se observe o no se firme a jugadores con menos estatura que esa, pero la media de los big leaguers es 6’2. Hay gente hasta de 6’10, y también una estimable cantidad con estaturas que oscilan entre 5’9 y 5’11, pero son la minoría.
Un tipo grande probablemente genere más poder y velocidad que un pequeño, y hasta es capaz de resistir más. Una cosa era un bolazo contra Orlando Ocampo, quien sólo se sacudía la camisa, y otro contra Ronald Tiffer, a quien se le podía lastimar. Incluso, psicológicamente el más grande —si tiene habilidad— tiende a intimidar.
En todo hay excepciones, pero el torneo Panamericano de beisbol juvenil, que hoy llega a su final aquí, ha servido para ilustrar con más claridad las diferencias de los tamaños y el efecto que éste provoca entre los equipos. Aquí hay gente que se resiste a aceptarlo, pero el mundo se está moviendo en otra dirección a la que llevamos.
Hay que invertir tiempo y dinero en los jóvenes, pero hay que hacerlo con los jóvenes correctos.
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