Opinión

Por: Arquímedes González
Señoras y señores, con seis millones de visitas (y aumentando) el vídeo promocional Yo no sé mañana, del salsero nicaragüense Luis Enrique, se ha convertido en un éxito total en el sitio web Youtube.
Yo no sé mañana obtuvo el año pasado un Grammy Latino a la mejor canción tropical y es parte de su disco Ciclos , que también logró otro Grammy Latino al Mejor Álbum de Salsa. En el sitio Youtube donde desde el año 2005 los usuarios del mundo pueden subir y compartir vídeos, se pueden encontrar nueve vídeos con el mismo título de la canción y a cada uno se le puede seguir el rastro de visitas de los millones de fans del nicaragüense.
Luis Enrique, conocido como El Príncipe de la Salsa, no es nuevo en su profesión. Tiene un portafolio de éxitos que comenzó a incrementarse desde los años ochenta cuando grabó Amor de medianoche, Desesperado y Tú no me amas, le temes .
Y le siguieron No te quites la ropa y álbumes como Mi Mundo o Una historia diferente . El efecto de las letras de sus canciones en la salsa fue revolucionario y su carrera tuvo un impulso inmediato que lo catapultó a la fama. Iniciaron las giras, los conciertos, las ventas y por fin, Luis Enrique pudo ver cumplido el sueño por el que de pequeño salió de Nicaragua hacia California, Miami y luego a Puerto Rico.
Estas ciudades y países fueron los que lo formaron como artista y como persona. Fueron los que le dieron la experiencia, la fortaleza y le abrieron las puertas a su talento. Y sin embargo, en la Nicaragua de los años ochenta Luis Enrique pasó de noche.
Yo no sé si fue por la guerra alentada por Estados Unidos, por la crisis económica, por la férrea censura del entonces gobierno sandinista o porque lo negativo siempre supera a lo positivo. La cosa es que en esos años jamás escuché hablar del salsero para ese entonces ya famoso en América Latina.
Descubrí a Luis Enrique a comienzos de los noventa. Entre asonadas, barricadas y amenazas de golpe de Estado de parte de la oposición orteguista, supe que Luis Enrique había grabado canciones junto a ídolos como Eddie Santiago, y sin embargo en Nicaragua parecía seguir en el anonimato. O era que nosotros aún no nos atrevíamos a darle y reconocer su lugar a nivel internacional.
Por años creí que Luis Enrique se había retirado del mundo de la salsa. Creí que era un setentón que se pasaba las tardes en su cuarto del asilo de ancianos bebiendo limonadas y escuchando sus canciones en los atardeceres, pero en 1997 por casualidad leí en Internet que el salsero el año pasado había presentado su disco Génesis .
Esos años cuando el compositor visitaba Nicaragua, causaba un revuelo del tamaño de una brevísima nota informativa escondida en alguna esquina de las páginas interiores de los periódicos.
De pronto, el año pasado redescubrimos a Luis Enrique y hasta leí que “regresaba” a la salsa preguntándome cuándo era que se había ido. También escuché algunos comentarios negativos sobre él cuando declaró que agradecía a Puerto Rico su carrera de artista. Qué egoísta, qué antipatriótico, qué creído. No, me dije. Más bien, nos debería avergonzar no haberlo apoyado, de que su propio país no le diera la oportunidad de salir adelante con su música y que por muchos años se le diera la espalda.
En definitiva, desde hace años Luis Enrique se tiene ganado un espacio en la historia como uno de los mejores salseros latinos y como un ejemplo a seguir por su perseverancia, entrega y calidad. Ahora toca a nosotros darle el lugar que desde siempre se ha merecido.
El autor es Periodista y escritor.
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