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Revista | domingo 5 de septiembre 2010

Detrás del desfile

 

Las bandas de guerra han pasado de la marcialidad en sus movimientos a la destreza rítmica y danzaria. Fotos de LA PRENSA/Uriel Molina y Archivo

 

Por María Haydeé Brenes F.-  —Marquen el pasoooooo! March...

 

—¡Banda preparada! Marcando el paso, un, dos, trees... (Pam pa-rra-ramm- pa-rra ram- pam- pam).

 

—¡De frente... ¡marchhh!

 

Las órdenes marciales, que junto al paso de marcha son lo único que se conserva de las antiguas bandas de guerra, las da a todo pulmón un adolescente sumamente delgado que no supera los 16 años.

 

Su mérito, de jefe de la banda rítmica, se lo ganó porque tiene buen oído para la música y no hay quien le llegue en los redobles, señala José Carlos García, instructor del Instituto Ramírez Goyena y conocido en el mundo de las bandas rítmicas como “El Gato”.

 

“El jefe de la banda es bueno tocando, tiene buen oído y es disciplinado, tres elementos fundamentales para cualquier banda y por supuesto para quien la dirige, porque pone el ejemplo”, afirmó García.

 

en nuestro paísla mayoría de los chavalos y las chavalas de las bandas tocan de oído. Escuchan la música y la imitan, de allí que cada año cambie el repertorio de las mismas y sólo se conserve el que conocen como paso de marcha.

 

“Tocamos de oído y de oído la sacamos, así las practicamos y practicamos, pero al inicio la escuchamos y tratamos de sacarla igual que como la oímos, así es con todo, incluido el Himno de Nicaragua y del Colegio”, destacó García.

 

Para que una banda y gimnasia tengan la preparación requerida al momento de la presentación en el desfile patrio del 14 de septiembre, se practica un promedio de cuatro horas diarias y ocho horas los fines de semana, es decir, casi las 500 horas en los dos meses y medio que tienen desde que se forman.

 

“A veces se practica más, sobre todo si se incluyen nuevos ritmos y las gimnastas deben incluir nuevas coreografías, todo dependiendo del tamaño de la banda, exigimos mucho y cuando alguien comienza a practicar sabe que no jugamos, que vamos a hacer y dar lo mejor”, afirmó García.

 

Hasta hace cinco años las bandas practicaban y se esforzaban más para participar en la competencia nacional de bandas rítmicas, pero la misma fue cancelada y debido a lo dañado que se encuentran los instrumentos musicales, este año al desfile se presentarán como pequeñas comparsas.

 

En el caso del Instituto Ramírez Goyena la banda y la gimnasia suman ahora 54 personas. Nada que ver con el “monstruo” de banda que llegó a ser este centro en 1996, cuando incluyó a 320 personas, tampoco llevará palillonas, porque las batutas se han dañado.

 

Ahora los mismos estudiantes reparan los pocos tambores, no hay presupuesto y la Federación de Estudiantes de Secundaria (FES) ha organizado rifas y kermeses para apoyar la compra de los uniformes y mejora de los instrumentos.

 

“No perderemos el orgullo del rojiverde, mejoraron el colegio y estaremos en el desfile, pocos pero con disciplina y alegría”, destacó García.

 

Quién no recuerda una ampolla en el pie por marchar con zapatos nuevos, a los palillones y palillonas, al chavalo del bombo que se abría paso dando golpes a su gran tambor, a las gimnastas, el honor de ser abanderado y que te cayera un buen aguacero, todo en honor a la Patria.

 

Todos guardamos historias de nuestros tiempos de escuela referidos a la celebración del Día de la Independencia y la Batalla de San Jacinto. Por ejemplo, la doctora Vilma Núñez de Escorcia, directora ejecutiva del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), afirma que para ella esta celebración era una de las más esperadas en sus tiempos de escolar.

 

Asistió a la escuela primaria en la Escuela Pública de Acoyapa y recuerda que “no había banda de música, era un desfile sencillo, con nuestro uniforme —señala la doctora Núñez— por las pocas calles empedradas marchábamos con la bandera en esas calles, tenía conciencia de la celebración pero no tanta como en la secundaria”.

 

“Con mis compañeras del Colegio Divina Pastora en Managua, allí sí puedo decir que había emoción, claro que la había. Nos sentíamos identificadas con esas ideas de libertad, conocíamos los nombres de todos los próceres de la Independencia, escribíamos ensayos sobre la Batalla de San Jacinto, vestíamos el uniforme de gala que era blanco y no era bonito, pero lo que no nos gustaba del todo era el sombrero del uniforme, al que llamábamos el plato”, ríe de buena gana doña Vilma Núñez de Escorcia.

 

No había en la década de los 50 gastos extraordinarios para el desfile, se usaba el uniforme de gala en los colegios privados y en los públicos el mismo uniforme de diario, incluso sólo tres colegios de varones tenían banda de guerra y el infaltable palillón, casi siempre el joven más elegante y con mejor porte y aspecto del colegio, quien llevaba la batuta al frente de la banda.

 

“Salíamos del Colegio a la explanada allí se celebraba el acto y el mérito lo tenía el colegio con el mejor porte y la mayor disciplina, nada de ir comiendo en el desfile, estábamos convencidos de la importancia de honrar a la Patria, llegábamos, entonábamos el himno y recuerdo que la figura principal del acto era el ministro de educación”, señala la doctora Núñez de Escorcia.

 

Wilfredo Navarro, primer secretario de la Asamblea Nacional, dice que “tenía 11 años y en el colegio hicimos una representación de la Batalla de San Jacinto, replicamos la casa hacienda y yo fui Andrés Castro”. El diputado se recuerda a sí mismo de “cotona, un pantalón de drill, caites que me compraron en el mercado y un rifle de palo”.

 

“Mi mamá me pintó un gran bigote y recuerdo que la piedra era de papel y yo le metí peso para que sonara, lo que más me gustaba en el colegio, era la recordación de la heroicidad de Andrés Castro y sobre todo la importancia y amor a la Patria que demostrábamos en especial en esos días”, señala Navarro.

 

Para algunos estudiosos de la historia, como el profesor Ricardo Avilés Salmerón, del departamento de Historia de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de la UNAN-Managua, a la Independencia no se le da la importancia y análisis que se merece.

 

Siempre hubo celebraciones, comentó el profesor Avilés Salmerón, fundamentalmente por los conservadores que consideran que la Independencia es fruto de los criollos.

 

“La batalla de San Jacinto, el 14 de septiembre, toma relevancia y se comienza a celebrar con Emiliano Chamorro en el período de 1916 a 1920, para reivindicarla como una victoria legitimista, en cuanto a los desfiles no se ha estudiado cuándo comenzaron, la memoria fotográfica que existe es de los años 50, antes de ese tiempo no se habla de grandes desfiles en honor a la Patria”, aseguró el maestro Avilés Salmerón.

 

También Avilés Salmerón comentó que la Independencia a como la estudiamos en la escuela parece que fue un acuerdo pacífico sin balas, ni muertes, pues se deja todo el proceso de lucha por la misma, como movimientos preindependentistas quienes sí querían cortar de tajo la injerencia de la Corona Española, lo cual no ocurrió.

 

Me llama la atención, expresó Avilés, pues en el primer artículo del acta que se lee todos los años dice que “es voluntad del pueblo de Guatemala” y seguido dice “el Señor. Jefe Político lo mande publicar para prevenir las consecuencias, que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”, entonces, ¿fue el pueblo?

 

“Creo que por esa tímida acta de Independencia es que la Batalla de San Jacinto cobra importancia, porque es la primera demostración de un pueblo unido y el valor de su gente por evitar estar sometidos. Antes de San Jacinto no nos llamamos nicaragüenses”, afirmó el profesor Avilés Salmerón.

 

Con todo, el profesor Avilés Salmerón señala que, a la Independencia y Batalla de San Jacinto, a sus héroes y gestores se les debe dar el honor que merecen.

 

“No le hemos dado el verdadero carácter, San Jacinto y la Independencia han quedado en desfile escolar y sólo lo celebran las escuelas y van obligados por el carácter académico que esto tiene. No es un acto de Estado y debería serlo, como en México, donde los empleados públicos, el pueblo, los colegios y el Ejército están involucrados, es el día de rendir honor a la Patria debe ser una jornada para honrarla que debe traspasar las Escuelas, una celebración nacional y no la tiene, no se la damos”, destacó Avilés.

 

Por su parte la doctora Núñez de Escorcia comentó que se debería incentivar a todo el alumnado a participar en los desfiles, pues ahora parece que el lugar preferente lo tienen las bandas rítmicas y las gimnastas.

 

Considero que las bandas rítmicas y las gimnastas deberían hacer presentaciones para toda la gente pero notó que hacen los mejores esfuerzos frente a la Tribuna y eso no me gusta porque es la exhibición de las muchachas y muchachos frente al poder, cuando todas las personas que llegan tienen derecho de ver las destrezas que desarrollan. Los colegios y sus comparsas se lucen frente a la tarima cuando se debe honrar a la Patria y que todos somos iguales”, destacó la doctora Núñez de Escorcia.

 

El diputado Wilfredo Navarro también señaló que es urgente que se recupere esa veneración a la Patria y a sus héroes, sin mezclas, cada uno en su contexto y tiempo.

 

“Los héroes de la Patria resulta que en los actos no son los que dice la historia sino que se hace una sola mezcla y nos ponen a Daniel Ortega a la par de héroes independentistas, no cabe, eso es corromper la visión cívica y patriótica de los niños y de todo el pueblo, no hay que andar revolviendo”, dijo Navarro.

 

Para la Patria o una tarima los estudiantes se preparan para dar lo mejor de sí este 14 de septiembre, generando un respiro a la economía familiar de cientos de artesanos en el país.

 

Una característica de los desfiles patrios es que ponen en evidencia la capacidad de los artesanos del país, pues todo, desde las botas hasta el sombrero son elaborados en Nicaragua.

 

“A veces se practica más, sobre todo si se incluyen nuevos ritmos y las gimnastas deben incluir nuevas coreografías, todo dependiendo del tamaño de la banda, exigimos mucho y cuando alguien comienza a practicar, sabe que no jugamos, que vamos a hacer y dar lo mejor”, dice José Carlos García, instructor del Instituto Ramírez Goyena.