LA PRENSA. El Diario de los Nicaragüenses. Nicaragua

Managua, 30 de octubre, 2010
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El tema

Julio Cabrales: el poeta que atrapó la locura

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LA PRENSA/ O. NAVARRETE/ FOTOARTE: L.GONZÁLEZ SEVILLA

Arnulfo Agüero

 

Marcado por el drama familiar, la muerte de sus padres, el poeta Luis Alberto Cabrales y su madre María Venerio, la esquizofrenia que padece desde muy joven, la soledad, el abandono y por último la desaparición de su hermano Clarence desde hace un año y medio año.

 

Después que Julio Cabrales concluye su peligrosa jornada de pedir limosnas en los semáforos de la Carretera Norte, algunas veces se dirige a su casa, ahí lo espera religiosamente el cuidador Exduvinson Zamora Montiel, quien le da de comer su gallopinto, su café o el fresco de pinol que a él mucho le gusta.

 

Zamora Montiel, lo conoce hace más de veinte años y revela que éste en algunos momentos ha tenido momentos de lucidez, pero que a veces sufre de extravíos, y repite frases como “éstos son, éstos son, éstos son”.

 

Recuerda que la madre del poeta doña Mariíta, lo llamó para que atendiera a él y su hermano Clarence. Recuerda que cuando murió ella, quedaron confundidos, tanto así que ambos hermanos por miedo o confusión mantuvieron a su madre tres días en la casa, aún después de muerta, ellos decían que estaba dormida.

 

“No la toquen, no la molesten”, decían ellos; después llegó la Cruz Roja, la policía, el Cuerpo de Bomberos, porque el cuerpo ya estaba en descomposición. Clarence estaba más lúcido que Julio, quien a los días perdió más la orientación. Decía que miraba a su mamá viva, en el Palitroque (panadería), “Ahí vive”, decía. Tu mamá murió, le decía, y él contestaba: “Estás loco, allá la vi en el Palitroque”.

 

Con relación a la desaparición de su hermano Clarence, Zamora dijo que éste se perdió hace un año y medio, una vez salió a una pulpería que queda cerca de su casa, a comprar unos cigarros y no volvió. Un señor llamado Miguel López, dijo que lo vio en el parque de Chinandega.

 

Frente semáforos del edificio Armando Guido en la Carretera Norte, un hombre viejo de seño fruncido, pide limosna, hace más de 40 años era un educado, elegante y lúcido poeta que dialogaba sobre los intelectuales más destacados de ese momento, traducía a los poetas franceses y viajaba por España, como una vez lo hizo en 1964 con sus amigos los bardos Luis Rocha y Horacio Peña. De este hombre no queda nada.

 

EL ESPECTRO DE LA ROSA

 

Hoy la sombra de este poeta es la de un viejo frente a los semáforos donde se pierde entre los vehículos que circulan a alta velocidad. Busco en él algún halo de lucidez, tal vez para encontrar vagas “percepciones flash” sobre su célebre poema El espectro de la rosa ; así como de sus amigos generacionales y la amenaza de desalojarlo de su vivienda por parte de funcionarios de la Alcaldía.

 

El espectro de la rosa , poema del libro Ómnibus, fue escrito en 1967, y según el novelista Sergio Ramírez su estilo de larga crónica “cuenta la historia del célebre bailarín ruso Vatzlav Nijinsky, y viene a ser premonitorio porque Nijinsky acaba hundido en la locura, igual que Julio”.

 

Lo abordo en mera calle, al inicio el poeta sólo me habla palabras entrecortadas; pero cuando le pregunto sobre este poema El espectro de la rosa , su memoria se activó sorprendiéndome con sus respuestas, que si bien son cortadas, se percibe la lucidez. Al final, volvió a repetir palabras ininteligibles:

 

¿Hablame de ese poema El espectro de la rosa?

 

Es un poema de una realidad de un hombre llamado Vatzlav Nijinsky, es un poema modelo, grande, que se titula El Espectro de la rosa , de un folleto que me costó una peseta, lo compré en realidad... ocho pesetas, una peseta, y de eso hacer, hacer el poema...; el poema es bastante inventado por mí El espectro de la rosa , es un folleto pequeño que me costó unas pesetas… que trataba sobre Vatzlav Nijinsky... su forma de Vatzlav Nijinsky en una parte de Saint Moritz cuando se... cuando se volvió loco... en Saint Moritz, ahí estaba loco en Saint Moritz, y yo ...ese folleto El espectro de la rosa , lo hice en Managua, Nicaragua, en mi casa en... el norte... El espectro de la rosa ... es un poema bastante grande y lo hice en Managua, El espectro de la rosa ; es un poema realista, de neorrealismo, de hiperrealismo, y de gran realismo, de Saint Moritz, muy moderno... y muy realista, hiperrealismo, y bastante inventado por mí, como cosa de hiperrealismo, y es superrealista, y es invento mío, no es invento mío... este folleto... El espectro de la rosa ... y se llama Moritz... es un poema bien realista y no invento nada... El espectro de la rosa, El espectro de la rosa ...

 

¿Y sobre tus otros poemas?

 

No me acuerdo, no me acuerdo...

 

¿Y de tu libro Ómnibus?

 

No me acuerdo

 

¿Estás bien?

 

Sí hombre.

 

¿Y sobre la casa?

 

No sé la casa, no sé la casa, no sé la casa.

 

Algo que te alegre...

 

No me alegra nada, no me alegra nada...

 

¿Qué te gustaría pedirle al Presidente?

 

No quiero nada del Presidente, no quiero nada del Presidente.

 

Hay un poeta de la Generación del Sesenta, Beltrán Morales.

 

Beltrán Morales, sí, Beltrán Morales.

 

¿Es amigo tuyo?

 

Es amigo mío, es amigo mío...

 

EL LAMENTO BORINCANO

 

 

¿Qué recordás sobre sus hábitos de escribir? le pregunto a Zamora Montiel. “Julio no escribía, Clarence sí, ése se ponía a escribir poemas, pero Julio sólo a hablar de sus poemas; a él le gusta hablar de un poema que se llama El despertar (no está en el poemario Ómnibus ); también habla de un poema a Lupita”.

 

“El otro poema que le gusta recitar es El espectro de la rosa , él lo mencionaba bastante. Y un poema que le hizo a su madre Mariíta, lo ha mencionado dos veces. Y también canta una canción de Daniel Santos, Borinquen ( Lamento borincano )... Y alegre, el jibarito va cantando así, diciendo así, pensando así por el camino, si yo vendo la carga, mi Dios querido, un traje a mi viejita voy a comprar...”

 

Sobre el drama de Julio, el escritor Sergio Ramírez lamentó hace meses atrás que uno de los poetas más geniales y dramáticos de esta época, como es Cabrales, no esté incluido en la reciente Antología de la Poesía Nicaragüense, del siglo XX , del sello editorial español Visor.

 

“Julio es casi desconocido hoy día en Nicaragua por olvidado, tan olvidado que muchos piensan que ya ha muerto hace tiempo. Y su historia personal es un drama. Desde muy joven perdió la razón, como Alfonso Cortés, de modo que todos sus poemas son de la adolescencia y la primera juventud, y por tanto su obra no es abundante”. Uno de esos poemas claves de nuestra literatura es El espectro de la rosa .

 

La vida de Cabrales —señala Ramírez— es una sucesión de tragedias: empezando por el terremoto de Managua de 1972 que destruyó la casa familiar; la muerte al año siguiente de su padre el poeta Luis Alberto Cabrales, la muerte de su hermano mayor Alberto, quien proveía el sustento a falta del padre, y por fin la muerte de la madre, doña María Venerio, todo lo cual llevó a que Julio quedara abandonado en una casa en ruinas con su hermano Clarence (demente también) que terminó por desaparecer un día de hace pocos años, habiendo salido de la casa para nunca volver.

 

UN POETA ILUMINADO

 

Sobre su obra el poeta Edwin Yllescas Salinas en un escrito ha expresado que “su ejemplar lección para la poesía de habla castellana radica en su forma de asir y expresar lo que está y no está en las profundidades del corazón. Eso basta para que sus grandes poemas y toda su poesía (sin porfía alguna) ocupen un solitario lugar en el mundo de los poetas iluminados”.

 

Yllescas comenta que Julio en “su último viaje fue a Madrid, España, donde Pablo Antonio Cuadra y Luis Alberto Cabrales, su padre, le habían conseguido una beca para cursar estudios de literatura… Julio compró en una calle que no recuerdo, por ‘una peseta’ o algo así, un libro de, o sobre Vaslav Nijinsky. Escribió su gran poema, pero la locura de Nijinsky, las llamas o chispas que Julio vio brotar en los pies del bailarín, ya le habían consumido la cabeza”.

 

¿DE DÓNDE VINO LA LOCURA?

 

El origen de su locura se desconoce, varios relatos de sus amigos advierten que éste desde muy joven tenía ataques de esquizofrenia y le temblaban las manos. Otras posibles causas, según comentan que habría contraído una enfermedad de transmisión sexual en España (sífilis), que no se le había curado a tiempo y que le había afectado el sistema nervioso o por la parte genética, heredada de su padre Luis Alberto Cabrales (poeta vanguardista 1901-1974) que tenía sus crisis al igual que su hermano Clarence quien padecía de esquizofrenia.

 

También algunos de sus amigos, que pidieron no revelar sus nombres, recrean que la demencia de Julio Cabrales esté relacionada con los conflictos de su padre antes de casarse con su madre, cuando éste estuvo casado con una francesa y que ésta le fue infiel con un vecino. Al sentirse traicionado y burlado por ellos Luis (su padre) mató al vecino. Al rehacer su vida por segunda vez, Julio se vio en un matrimonio que no tenía la bendición de la Iglesia y esto posiblemente le originó un trauma a la familia, por ser tan religiosos.

 

Ramiro Lacayo, amigo de juventud, dice que la familia Cabrales era muy religiosa y que Julio en su cuarto tenía imágenes de la Virgen, por lo que muchos de sus poemas les cambió el final para relacionarlo con la Virgen. “A Julio le gustaba tomar mucho café, y más que frecuentar La India, visitaba un Eskimo que quedaba por el cine Alcázar; siempre andaba con un libro, y su mundo era la poesía; de su casa, la de sus padres donde aún vive, lo recuerdo en una silla mecedora, mucho le gustaba sentarse en el porche”.

 

El cineasta y pintor también comenta estar impactado por el drama del poeta y que tiene en perspectiva el guión de un documental. “Conocí a Julio en el famoso Cafetín La India, visitado por Luis Rocha, Carlos Perezalonso, Beltrán Morales, en esos años de juventud él era un poeta respetado por su versos. Para entonces, cuando se le publicó Ómnibus (1975) tenía rasgos de esquizofrenia, con momentos de crisis y lucidez”.

 

Según un expediente del hospital psiquiátrico, Cabrales había tenido varias crisis que venían desde los años sesenta y fue internado varias veces

 

Una vida seguida de tragedias, poesía juvenil, esquizofrenia, muertes, abandonos y la amenaza de desalojo reciente de su hogar, han marcado la historia de Julio Cabrales (1944), un poeta que vaga como mendigo y demente por los semáforos de la Carretera Norte en Managua. El autor de los poemarios Ómnibus (1975); Esbozo de un joven (1970), y Sonata para enflorar su psiquis abolida (1968), en la actualidad es un hombre más que anónimo, olvidado

 

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