Voces

Por: Alejandro Serrano Caldera
El 10 de enero de 1812 las Cortes de Cádiz mediante el decreto CXVI elevaba el Seminario Conciliar San Ramón al rango de Universidad, “con las mismas facultades de las demás de América”, creando de esa manera la primera universidad en Nicaragua.
El 10 de enero de este año 2012, la universidad de León, hoy Universidad Nacional Autónoma, UNAN-León, cumplió 200 años de su fundación, aunque la conmemoración oficial fue celebrada los días 15, 16 y 17 del mes de enero de este año.
La creación de la primera institución de educación superior de Nicaragua reafirmó la tradición educativa de León, uno de los centros de estudios principales de Centroamérica, en donde en 1680 fue fundado el Seminario Tridentino Conciliar San Ramón, origen y raíz de la universidad.
Hace cien años, en la conmemoración del primer centenario de la universidad de León, el padre Azarías H. Pallais en su discurso expresó: “Los hombres pasan, las piedras permanecen”, aludiendo en esa metáfora al carácter transitorio de los seres humanos y a la permanencia de las estructuras fundamentales que sobreviven a la existencia personal. En este caso la piedra es el símbolo que se refiere a la necesaria solidez de las instituciones y de los valores y principios que las constituyen y que trasciende a las personas bajo cuya dirección y acción fueron construidos.
El 10 de enero de 1962, hace 50 años, la universidad de León, devenida Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en virtud del decreto del 27 de marzo de 1947 que la elevó a la categoría de nacional, y del decreto del 25 de marzo de 1958, que le otorgó el rango de autónoma al reconocerle “autonomía económica, administrativa y docente”, conmemoró con una celebración nacional y centroamericana el sesquicentenario de su fundación.
Los 150 años de creación de la primera universidad nicaragüense se realizaron bajo la dirección del ilustre rector Mariano Fiallos Gil, reconocido como el Padre de la Autonomía Universitaria. En su discurso, entre otras cosas, enfatizó en las causas del atraso de nuestros pueblos. “La ausencia de métodos científicos, dijo, —observación, experimentación—, de equilibrio racionalista, causó el atraso de estas colonias. Y aún más, circunscribió la enseñanza a las clases superiores de la sociedad, de criollos para arriba, dejando en la ignorancia al grueso de la gente”.
“Bien caro pagamos esta omisión, pues ella nos ha mantenido en la penumbra de la era precientífica, hasta nuestros días, como pueblos subdesarrollados, que es el nombre con que ahora se conoce a los parientes pobres”.
Mariano Fiallos Gil fue un verdadero renovador de la universidad, su pensamiento y acción dieron paso a la universidad moderna en nuestro país. Su visión integral de la sociedad, del mundo y la época en que le correspondió dirigir la universidad, permitieron establecer una coherencia esencial entre los fines, metas y medios de acción para lograr los cambios. La integración de las ciencias y las humanidades, el rigor académico, la libertad de cátedra y de pensamiento, el libre debate de las ideas, el pensamiento crítico, el respeto a la disidencia, fueron entre otras, características de ese movimiento integral en el que lo académico, docente e investigativo, era parte de un todo que integraba, valores y principios de una ética fundamental.
Por ello la autonomía universitaria era la naturaleza institucional en la que se realizaba el valor principal del ser humano: la libertad. Desde esa perspectiva había que asumir la realidad de nuestro país, la dramática situación política que atravesaba Nicaragua y que exigía presencia y participación de la universidad, pero respetando su propia naturaleza más allá de la demagogia y del sometimiento a consignas, ideologías, caudillos y dogmas partidarios.
El ejercicio de la libertad plena era lo que correspondía a la naturaleza de esa república alternativa que era la universidad. Libertad en todas sus expresiones que exige “desterrar los exclusivismos de raza, religión o creencias políticas, ya que la universidad es una corporación de valores en la que se reflejan libremente las inquietudes humanas”.
“Fortalecer la autonomía universitaria y, sobre todo, la autonomía del espíritu, la más valiosa de todas, sin dogmatismos religiosos o políticos, porque ellos constituyen el mayor impedimento para la convivencia humana y el desarrollo de sus aspiraciones”.
Esa era la lección permanente de Mariano Fiallos Gil. Me he detenido en su pensamiento porque tuve el privilegio de ser alumno de la universidad durante su rectorado, vivir momentos definitorios en la vida de la universidad y de los propios estudiantes en la época en que se constituyó nuestra generación, llamada Generación del 23 de Julio en homenaje a los mártires compañeros universitarios asesinados por la Guardia de la dictadura durante la manifestación el 23 de julio de 1959.
Al celebrarse los 150 años de fundación de la universidad el debate de estas ideas estaba en su momento culminante y creo que continúan siendo válidas en el momento actual. Para el acto solemne del 10 de enero de 1962, tuve el honor de ser designado para pronunciar el discurso en el acto oficial del sesquicentenario en nombre de los estudiantes universitarios. Cincuenta años después suscribo lo que aquel joven dijo en 1962.
“La Universidad es universalidad, una pequeña república donde se ejercita el hombre en la disciplina y en la democracia y en donde se prepara y adiestra al ciudadano para el mañana florido de la patria. El universitario, además de sus problemas docentes, debe estar atento para salvaguardar los entrañables intereses de la cultura y la dignidad humana, ha de estar pendiente de la aplicación de las leyes y de la recta distribución de la justicia, no debe aislarse de lo que pasa fuera de los muros del Alma M{ater”.
Y más adelante definíamos el marco ético y político dentro del cual esta tarea debe realizarse: “No es hacer política, ni llevar la libreta partidista, ni enunciar las ideas al amparo del color de determinado estandarte. Los intereses mezquinos jamás caminaron de la mano con los altos ideales... Lo que debemos defender con tesón y con entusiasmo es el derecho inalienable e imprescriptible del ser humano, y en especial el respeto a la vida humana, impedir que sean violados los sagrados preceptos constitucionales, luchar por la afirmación constante de nuestras libertades. Esa es la política universitaria”.
En este bicentenario deseamos que la universidad sea lo que debe ser: la república de la libertad. El ámbito en que se realiza la defensa de valores y principios que la afirman, contra todo dogma político que exige la lealtad al poder, al caudillo y al partido. Que su lema “A la Libertad por la Universidad” vuelva a ser lo que fue: Una realidad y un recuerdo constante de una finalidad permanente.
Jurista, filósofo y escritor nicaragüense.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A
2012
Ene 22
01:41p.m
Joaquin dice:
Que triste que en sus 200 años de fundación la Universidad se encuentre secuestrada por un grupo de mafiosos sin escrúpulos. Fracturada y lo peor descabezada y llena de vagos y resentidos sociales. El Alma Matter tiene que volver a tener su centro principal en Leon con un rector máximo culto, educado y emprendedor que diriga a los otros centros anexos sin perder su autoridad moral y cultural.
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