Voces

Por: Max L. Lacayo
Imaginémonos a un poeta nicaragüense no oficialista, recopilando datos históricos por 30 años. Cuidadosamente seleccionando la información de manera meticulosa y procesando los hechos reales de manera que sus personajes poéticos sean el común denominador y representen la moralidad, conciencia y actitudes de siglos de celebridades históricas.
Imaginémonos al poeta sentado por un año, transcribiendo sus pensamientos. Admirado de los aspectos científicos de la historia, dedicado a descifrar los laberintos de lo ético y de lo lógico. Estableciendo premisas, derivando conclusiones, mientras selecciona el género artístico más adecuado y representativo para su monumental empresa.
Imaginemos 29 capítulos, entre prosas y versos describiendo una realidad consecuente, ilustradora del alma y del sentimiento de los personajes y de los tiempos. Siglos que arrebatan y enseñan, que entre contradicciones representan de manera acertada lo que fuimos, lo que somos y lo que aspiramos a ser.
Y esa tarea poética ocurre en Nicaragua. El poeta es verdadero poeta, por conocer de las ciencias, porque la inspiración artística invade sus sentidos, porque la expresión es genuina al recobrar alma e intelecto. Por la voluntad necesaria para poder entregarse de manera total a producir su obra.
Momentos de creatividad e inspiración donde no importa el tiempo. Donde no se piensa en qué dirán otros poetas, historiadores y políticos enraizados en el orteguismo porque todo lo que interesa es la realidad, las ideas justas. Donde todo lo que importa es forjar una Nicaragua digna.
Es irrelevante cuán egoístas sean los otros poetas o los políticos. Esa competitividad es inmaterial. De esa mezquina actitud es lo único de lo que se abstrae el creador de buenas representaciones. En esos momentos donde convergen la ciencia y la inspiración artística solo se confía en ese presente que Dios quiere entregarnos por la mano del poeta; en ese regalo extraordinario, poco común y sumamente escaso.
Así, terminada la obra es simplemente diáfana, sincera, verdadera. Acarrea el valor de la afirmación de entereza, obediencia, bravura, de la capacidad de poderse entregar por tanto tiempo a un deber patrio sin perder el entusiasmo, reafirmando la valentía sin sucumbir a todas las presiones de la opresión.
Pero aquí aparecen preguntas que ni el más diestro vate puede responder. Interrogantes que provienen de la duda que si el esfuerzo de un poeta o de cualquier patriota tiene sentido cuando este es bloqueado por los que se unen a un dictador para reinventar la historia y normar las artes. Cuestionamientos que se extienden a la concepción de que ninguna obra existe si esta es ignorada por los desentendidos.
En Nicaragua, un poeta en servidumbre pretende silenciar a otro bardo porque así su propia voz no luce menos brillante ni menos sincera. Siempre el primero confundiendo su cara con su careta. Y siempre de espaldas a la noble función de fomentar el desarrollo humano.
En Nicaragua, el mejor poeta muere en el anonimato. El mejor político en un “accidente”. Y todos estamos ligados a una serie de comportamientos asfixiados por el arrebato a nuestra libertad. Nos hemos esclavizado a nuestros propios mitos.
Así, cuando creemos que estamos en paz, la lucha es cruenta. Y lo peor de todo es que esas batallas las terminamos librando contra nosotros mismos, contra nuestra propia identidad. El autor es economista y escritor
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A
2012
Feb 21
12:00m
"El Franco Tirador" dice:
El ignorar las obras o el bloquear a su autor, no es problema, al final toda obra sale a luz y siempre será histórica por el mismo paso del tiempo y servirá de estudio, análisis, reflexión, conclusión, para sus lectores.
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