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Managua, 31 de marzo, 2012
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Religión

Con amor se vence al pecado

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  • Asegura misionero católico estigmatizado que estuvo en nicaragua esta semana

Hace cinco años, al predicador católico

Francisco Javier Salcedo le apareció un

estigma en su frente mientras oraba ante

el Santísimo. “Todo pecado puede ser

vencido con amor, justicia y misericordia”, afir,mó. .
LA PRENSA/ G. MIRANDA

 

Emiliano Chamorro Mendieta   

 

 

Francisco Javier Salcedo Plaza es un misionero católico marcado por los estigmas, un fenómeno que se presenta en algunas personas de gran religiosidad.

 

Salcedo, de origen colombiano, estuvo en Nicaragua esta semana impartiendo charlas sobre la vida y la misericordia.

 

“Traigo a Nicaragua un mensaje de misericordia en un mundo que se está consumiendo en la violencia y el egoísmo; en un mundo donde ha venido desapareciendo la imagen de Dios, pero es un mundo necesitado de esperanza”, afirma el predicador.

 

BUSCAR A JESÚS

 

 

Desde la perspectiva espiritual de Salcedo Plaza, la única alternativa para superar la violencia, sus consecuencias, las diferencias sociales y crisis de valores, es volver a los pasos de Cristo.

 

“Tenemos que volver al rostro de Jesucristo. En Él encontramos la paz y el consuelo... y también la cruz que cada uno tenemos que cargar con amor y alegría. Sin Cristo no hay paz”, reflexionó.

 

A juicio del conferencista internacional, los valores morales tienen que iniciarse y fortalecerse desde el hogar para poder aplastar el pecado.

 

“La educación de los valores debe ser primordialmente desde el hogar. ¿Qué es lo que aplasta al pecado? Se aplasta con el amor, con misericordia, con justicia; cuando esto no está en los hogares viene la droga, la violencia y la soledad. Pero el centro es Cristo en nuestra vida”, aconsejó el misionero colombiano.

 

Desde hace cinco años, Francisco Javier Salcedo tiene una marca en la frente, la que según cuenta es un estigma reconocido por la Iglesia. Asegura que el fenómeno lo ha convertido en un ser más entregado al servicio de Dios. “Ningún don extraordinario sirve si no está fundamentado en el amor de Dios”, afirma el predicador católico.

 

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