Charla





Local: Hotel Real Intercontinental Metrocentro Managua.
Vestuario y accesorios: Ivana’s Boutique, Camino de Oriente.
LA PRENSA/ A. ZÚNIGA
Auxiliadora Rosales
Nolaska Marcela Brenes Fonseca, de 35 años, es una mujer versátil acostumbrada al trabajo “todo terreno”. Por cinco años, desde los 15 hasta los 20, trabajó como modelo de la Academia Eleganza, a la par que participaba activamente en los negocios de su padre y sus estudios. Su preparación universitaria le permitió administrar la misión de Nicaragua ante la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington, hasta que retornó al país para criar a su hija Marcela Alejandra.
Según nos cuenta, ella toma “cada experiencia como algo que la vida presenta. Buena o mala, hay que verla como una oportunidad que te presenta la vida para algún propósito. Recuerdo que cuando estaba en Eleganza solo quería modelar y la etiqueta no me gustaba, pero cuando estuve en la OEA me sirvió mucho”, reflexiona.
Todo se da con mi embarazo. Mientras trabajaba como administradora de la misión de Nicaragua ante la OEA, realicé muchos seminarios sobre psicología infantil, ya que me estaba preparando para ser mamá y quería saber todo sobre los niños. De regreso a Nicaragua, me di a la tarea de buscar un preescolar para mi hija, pero buscaba uno que tuviera ese calor humano, porque mi niña estaba pasando por muchos cambios, no solo de país, sino también de casa, de amigos, y yo buscaba uno donde ella se sintiera acogida. Pero por más que busqué, no lo hallé.
Yo le comenté esto a mi amiga Luisa Amalia Urcuyo (Miss Nicaragua 1993) y juntas emprendimos hace tres años la tarea de crear Happy Kids, un lugar que además de letras y números permita cultivar la autoestima del niño a su máxima expresión.
Cuando me acerco a un niño me invaden dos emociones: la ternura por el presente y el respeto por lo que llegarán a ser en el futuro. Quisiera que de adultos me recuerden como la persona que siempre les sonrió, y que esa sonrisa la lleven en su rostro toda la vida.
Amo a Marcela Alejandra más que a nada en el mundo. Este amor es incondicional porque nuestra relación se basa en el amor y la disciplina. Hablamos un tiempo a solas antes de dormir, cuando hay quietud y tranquilidad, cuando no hay ruidos, pues nos permite acercarnos mutuamente y revisar nuestro día. Los fines de semana jugamos o vemos una película, pero a la vez soy una mamá estricta que exige cumplimiento de normas establecidas que deben llevarse a cabo.
Mi hija es mi reflejo. Cuando la veo me miro en muchos aspectos: gestos, forma de ser, y una personalidad que me deja impresionada. A la edad de 5 años emprendió su propio negocio. Empezó dibujando pulseras y vestidos de muñecas, que luego ella misma hizo, así como las bolsitas con su nombre para venderlas. Buscó su diseño en papel y llevó a cabo su miniproyecto. Se ponía 10 pulseras en sus manos y llamaba mucho la atención. A los quince días ya había vendido 1,200 córdobas.
Ahora, a sus 7 años, sigue con sus negocios que por supuesto estimulé en su momento, pero ahora los disminuí por sus estudios de primer grado. Ella es una excelente alumna de cuadro de honor. Como madre, estoy orgullosa. Ella me hace muy feliz.
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