Vida

El American Film Institute, en su lista de los 100 mejores largometrajes hechos en Hollywood, sitúa a E.T en el puesto 24.
LA PRENSA/ARCHIVO
Fernando Mexía VIDA
El drama del pequeño extraterrestre E.T., perdido a su suerte en la Tierra y empeñado en telefonear a su casa, conmovió a millones de espectadores hace ahora ya 30 años, un tiempo en el que el filme se ha consolidado como la mejor película de alienígenas de la historia del cine.
E.T.: The Extra-Terrestrial , su título final en inglés, debutó en Estados Unidos el 11 de junio de 1982, pocos días después de presentarse en el Festival de Cannes, entre el aplauso de la crítica y el público.
La producción fue un éxito en taquilla y acaparó nueve nominaciones para los premios Óscar, entre ellas a mejor película y dirección para Steven Spielberg, así como guión, aunque terminó por imponerse en cuatro categorías técnicas como la de mejor banda sonora por la inolvidable composición de John Williams.
Un final feliz para un tierno largometraje que había sido concebido en inicio como una cinta de terror a medio camino entre Signs y Poltergeist y que fue bautizada como Night Skies .
En aquella primera versión, el inocente E.T., lejos de esconderse en armarios y huir de la policía en una cesta de bicicleta, aterrorizaba a una familia junto con un grupo de seres de su misma especie extraviados en la Tierra.
Su luminoso dedo, en vez de tener propiedades curativas, podía acabar con la vida de aquello que tocaba.
Spielberg descartó esa idea mientras rodaba Raiders of the Lost Arc (1981) y optó por darle un tono más amistoso al encuentro con seres de otra galaxia, un enfoque que ya había tocado en Close Encounters of the Third Kind (1977).
El nuevo guión, que tuvo por nombre E.T. and Me , fue rechazado por los estudios Columbia Pictures por considerar que no había un público para ese tipo de filmes, una decisión que luego lamentarían tras ver el partido que le sacó Universal Studios a la película, que es al día de hoy uno de sus títulos más rentables y emblemáticos.
Algo atípico en el rodaje fue que Spielberg optó por grabar las escenas de forma cronológica para ayudar en el proceso emocional a los niños protagonistas, entre los que estaba Drew Barrymore que apenas tenía 6 años, quienes iban implicándose cada vez más con el extraño visitante.
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