Voces

Karen Rappaccioli-Tünnermann
El reciente nefasto hecho de abuso físico y mental de arbitraje hacia una ciudadana nicaragüense, la líder cultural diriambina Luvi Rappaccioli Navas, ha propiciado que volviese a nuestra memoria el porqué del tan ansiado cambio en las bases de la política de esta nación, en un julio lluvioso de hace un poco más de 30 años.
Uno de los declives más peligrosos de toda sociedad inicia con la anarquía, esto no lo dijo alguien antes, está escrito y sellado en las páginas de la historia, para que así sirva de ejemplo tácito. Que el irrespeto, coacción y abuso de autoridades corruptas ha dejado secuelas graves de desprestigio, destrucción y muerte en particular en la historia de Nicaragua.
La recién aprobada Ley 779 es explicita al establecer que todo maltrato hacia la mujer sea penalizado, sin importar el género implicado en el abuso físico o sicológico, en este caso en particular fueron un hombre y una mujer del orden público. Señores esto no da cabida a más retóricas baratas, hay que actuar si queremos moldear a una nueva Nicaragua, de principios en pro de las grandes mayorías.
Todo este agitado episodio revolotea e hiere sentimientos de recuerdos que como nebulosa ronronean deseosos de espectáculos nocivos y destructivos. No hay ni habrá poder humano que pueda restaurar las circunstancias que llevaron a tan abominable hecho. Para depurar dicho nefasto acto, los guardianes del orden público necesitan brindar en un comunicado de prensa detalles de tal abuso de fuerza, lo mismo que disculpas y sanciones para sus delictivos infringidores.
Este incidente también debe hacer reflexionar a las máximas autoridades a ofrecer cursos y charlas amenas de ética profesional a los integrantes del orden. Lo mismo que evidenciar los enérgicos escarmientos sobre los alteradores de la ética profesional en el orden ciudadano. De otro modo será cada vez más difícil retornar a una actitud de acuerdo y obediencia ciudadana sin sobrealarmarse con temor.
Cuando en una sociedad se pierde el respeto de las autoridades hacia sus ciudadanos y estos a su vez se vuelven intimidados o indignados por la supresión de sus garantías, es muy peligroso.
Mucho cuidado, la mayoría de las veces estas “cattive” acciones hacen retroceder la noticia veraz en una ebullición constante de desatinos y difusa información por malos representantes en la comunicación. La cual no impulsa a un restablecimiento de la estabilidad ciudadana.
Las palabras fuera de tono, coordinación, y con falacia conducen y profundizan un desgobierno. La conducción mediática debe ser precisa y objetiva respetando las normas deontológicas para restablecer la disposición.
Rencores de ciertos grupos solo atizarían el ambiente y desvían los objetivos principales de una investigación exhaustiva, aun peor sin aportar a soluciones a feliz término.
E aquí por qué insisto en la importancia de que se establezcan los detalles del caso. Esto sin exponer en detalle los pormenores de la acción en sí, o sea el origen de legalidad de una propiedad que históricamente le pertenece a un dicho grupo de familia, porque en este escrito no estamos entrando en referencia de posesión o no. Esa valiosa información va más allá, del leguleyo de ideas y conjeturas.
Este pequeño aporte es para establecer claro que fuerza y violencia de parte del orden público no es aceptable en una sociedad de Estado de Derecho.
Todos sabemos que el problema de la propiedad en Nicaragua ha dejado muchos sinsabores e irregularidades que todavía calan en el diario vivir de la nación. Mucho cuidado con sobornos antitéticos que erosionan la insipiente plataforma de la democracia, cuando una resolución legal ya está dada se respeta, no se infringe.
Todo esto para que prevalezca el orden y confianza legal lo mismo que el estatus de seguridad ciudadana. Para que una sociedad coexista sin temor ni miedo lo cual conllevaría a la armonía y paz.
Nuestras sociedades necesitan no amedrentarse a la fuerza bruta, todo lo contrario, precisan expresarse con una voz fuerte y exhaustiva. Para exponer con libertad su indignación hacia un atropello a sus libertades como ser humano y ciudadano de determinada sociedad.
Margaret Mead dijo: “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado”.
La autora es consultora de Proyectos.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A
2012
Jul 20
11:46a.m
Carlos dice:
Rappaccioli, contenta debieras estar que no sacaron el hecho en las noticias en la zona de sucesos de los canales de televicion, cosa que si ocurre en los barrios de nuestro pais. Ahi nadie dice ni pio cuando los afectados son pobladores pobres. Pero como el afectado es alguien de apellido y de sangre azul hay que llorar lagrimas de cocodrilo.
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