Reportajes

Amalia Morales
II parte y final
El río de gente que sale del parque industrial Zona Franca, en el tramo final de la Carretera Norte, a la hora pico vespertina, se bifurca entre los que se van a la izquierda a subirse a los buses aparcados que van para Tipitapa, y entre los que siguen de frente. Los que paran el tráfico, y atraviesan en bloque la calle, que se detienen en la imaginaria raya amarilla, a la sombra del puente peatonal, y siguen de frente al otro extremo de la calle, a la parada donde se estacionan distintas rutas que se pierden por los vericuetos de la capital.
En esa ingente masa humana va Isabel Suárez, operaria de 32 años, que lleva 12 años atravesando esa calle, y que podría contar con los dedos de la mano, y no sobrepasarlos, las veces que ha cruzado la calle por arriba, usando el puente peatonal.
“Es que toma demasiado tiempo”, dice esta mujer que cruzó la calle apurada en compañía de una colega de fábrica, y que busca con afán un bus en qué subirse y largarse de la zona donde ha pasado las últimas 16 horas de su vida.
Su amiga tiene un récord impecable: en seis años nunca ha cruzado por el puente. El mastodonte metálico, más que como puente es utilizado como un enorme paraguas para la gente que espera buses. En sus graderías están algunos hombres que quizás esperan a sus mujeres. Son pocos los que suben sus escaleras y lo atraviesan. Uno que otro obrero. Uno que otro estudiante. Después de todo es un buen mirador del hormigueo de la Zona Franca. Pero su uso es mínimo. Casi nulo.
“Es que salgo muy rendida”, dice sonriendo Heydi Mejía, también operaria, que ha cruzado la calle como la mayoría del resto.
Ambas mujeres creen que el puente es más seguro, aunque no lo usen. Ambas tienen anécdotas que contar de accidentes en los alrededores.
Mejía confía en que sí usa otros puentes de la ciudad, como el que está en el sector de la rotonda La Virgen, o también el de La Subasta. “Mi hijo sí lo usa (el de La Subasta), porque por ahí pasa para ir a clases.
El uso de puentes, de las cebras sobre las calles, el cruce por las esquinas, son simples medidas orientadas a proteger a los peatones, el eslabón más frágil de la cadena vial, los que no llevan cascos, ni cinturones de seguridad.
En la actualidad, uno de cada cuatro muertos por accidentes son peatones. La tendencia se puede acentuar.
Un informe de la Organización Mundial de la Salud prevé que para el 2030 los accidentes de tránsito serán la quinta causa de muerte en el mundo. Ahora, mueren alrededor de 1.2 millones de personas.
Los accidentes matarán más que el VIH, el cáncer y la tuberculosis, según refiere el informe.
En términos económicos, los accidentes representan pérdidas económicas para el mundo por el orden de los 518 millones de dólares al año.
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