Tecnología

Jason TurbowNew York Times
Primero vino el eterófono. Leon Theremin, un genio de la electrónica creó en 1919 uno de los instrumentos musicales más simples de la existencia, todo con dos varas de metal proyectadas desde una base. No había que tocarlo para que produjera sonidos positivamente etéreos.
Su sonido —una cruza entre voces humanas y violines— se crea cuando las manos del músico perturban los campos eléctricos que rodean a las antenas duales —una para la frecuencia, otra para el volumen—.
Casi cien años después, los eterófonos siguen en escena, con modelos actualizados y paquetes manufacturados por negocios establecidos de venta de sintetizadores como Moog y PAiA. Su precio oscila desde menos de 100 dólares hasta más de 1,000. Y de la misma forma en que Theremin lo hizo en su estudio, los genios modernos de la electrónica siguen creando ingeniosos instrumentos electrónicos para los maniacos de los gadgets con inclinación musical que tocan en sus casas.
La nueva raza va desde el arpa láser —una formación de rayos de luz que, cuando son interrumpidos por la mano de alguien, envían señales programadas a procesadores MIDI—.
Estos aparatos electrónicos son la manifestación moderna del progreso musical: tecnología tipo Supersónicos combinada con interfases totalmente simplistas donde el trabajo ha sido diferido y los ritmos y muestreo musical se han ordenado, listos para que alguien ondee el dedo a través de un haz —El Beamz— deja que los amantes de la música sean músicos”, afirma el catálogo del Sharper Image.
La popularidad de Guitar Hero, el juego de vídeo donde los participantes compiten tocando un controlador con forma de guitarra mientras aparece en pantalla la música, también podría popularizar instrumentos nuevos entre una audiencia más amplia. La combinación de Guitar Hero de un controlador y notación musical alternativa y una pedagogía interactiva ha duplicado el número de fabricantes de instrumentos musicales en Estados Unidos en apenas dos años, dice James Plamondon, director ejecutivo de Thumtronics, quien produce un equipo tipo teclado que se llama Thummer.
Tomemos por ejemplo el Buchla Lightning II (1,995 dólares), que se basa en luz infrarroja para leer las coordenadas espaciales de un par de varas inalámbricas que el usuario puede ondear como si estuviera dirigiendo una sinfonía. Triangulando y mapeando conforme computa velocidad y aceleración, el Lightning registra cada posición de las varas para generar notas y muestreos musicales ordenados.
Este es el camino, al parecer, para la fusión de la música con el baile, algo hasta ahora estrictamente dentro del reino de los zapatos de claqué.
El desarrollo musical moderno no trata exclusivamente tecnología no táctil, empero. El Haken Continuum Fingerboard (entre 3,390 y 5,290 dólares); el Controlador Midi Ribbon R2M, deDoepfer (299 dólares), y el Persephone, de Monster Synths (entre 1,499 y 1,699 dólares) han promovido la idea de un solo toque, cada uno con una almohadilla rectangular o listón grande que se manipula pasado el dedo sobre su superficie.
Es fácil, por supuesto, convertir en caos la idea de la instrumentación moderna simplista —después de todo, la tecnología inherentemente se presta a la complejidad, no a la simplicidad. Si lo artístico del arpa láser yace más en su programación que en su manipulación, Aaron Andrew Hunt se dispuso a crear el efecto contrario— y terminó con el Tonal Plexus (www.h-pi.com).
Starr Labs, disponible en www.starrlabs.com, también es destacable por otra de sus creaciones, el ZBoard de 288 teclas que tiene un acomodo de 12X24 (3,000 dólares), que más que nada se parece a una formación de fichas de dominó en blanco y negro.
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