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Managua, 22 de septiembre, 2012
Actualizado 05:37 p.m.

 

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Cultura

Boceto para Yolanda

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  • Un acercamiento a la creación poética de Yolanda Blanco, sus años juveniles, premios, libros y sus visiones de la vida.

La Prensa/Fotos: Cortesía.

Franklin Caldera

 

Viniendo de una familia de músicos es comprensible que su primera afición haya sido la música. Su tío, Julio Max Blanco, alumno destacado del maestro Luis A. Delgadillo y del pianista Francisco Soto, fue director de una famosa orquesta que amenizaba elegantes fiestas y tertulias. En Serenata con luna , Yolanda plantea cómo las limitaciones de un país subdesarrollado frustraron la ilusión de su tío de dedicarse a la música clásica. Curiosamente, la Colonia Dambach, donde nació la poeta, quedaba a mano izquierda del Parque Candelaria, separada por una calle del barrio de Pescadores, que da título a una de las mejores canciones de Erwin Krüger (1915-1973).

 

LOS INICIOS

 

En La Inmaculada, colegio donde se bachilleró, tuvo dos visiones de la célebre poetisa mexicana del siglo XVII, Sor Juana Inés de la Cruz, con su hábito negro y blanco característico. La primera, cuando cursaba el tercer año de secundaria. La vio de pie, junto a un escritorio, en un segundo piso de madera donde Yolanda buscaba un libro de notas; la segunda, antes de bachillerarse, en la capilla, sentada en el extremo de una banca. En ninguna de las dos ocasiones hubo sensación de temor, por el contrario, una gran placidez.

 

Estas visiones la hicieron superar el trauma de una profesora que la acusó de plagio por una composición literaria que consideró de una calidad incompatible con una niña de 12 o 13 años. “Sin el espaldarazo de las apariciones —afirma la poeta— quizá no habría sido escritora, por el balde de agua fría que me lanzó la maestra”.

 

Su labor literaria comenzó en quinto año. Fue el narrador Juan Aburto (Managua, 1918-México, DF, 1988) quien la alentó a publicar sus escritos. Aburto trabajaba en el departamento de personal del Banco Nacional, del que por muchos años fue funcionario el padre de Yolanda, Eduardo Blanco. Cuando entró al Año Básico en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) en León, tuvo como profesor de poesía y pintura moderna al poeta Ernesto Gutiérrez (Granada, 1929-1988).

 

En la Editorial Universitaria, dirigida por Gutiérrez, se reunían Napoleón Fuentes, Fanor Téllez, Ramiro Argüello Hurtado, Alejandro (“El Negro”) Bravo, el “Che” Monterrey, subdirector de la Editorial, y poetas que llegaban de Managua a gestionar sus publicaciones. Gutiérrez le dio una lista de lecturas recomendadas, desde el Siglo de Oro hasta Saint John Perse.

 

EN LA LITERARIA

 

Los primeros poemas de Yolanda aparecieron en 1971 en Taller, revista literaria de la UNAN dirigida en ese tiempo por Fuentes y Argüello, y en La Prensa Literaria, que dirigía en Managua Pablo Antonio Cuadra. Su primer poemario, Así cuando la lluvia (Editorial Hospicio de León, 1974), surge de las excursiones que había hecho en su niñez y adolescencia con su familia por las zonas rurales de toda Nicaragua.

 

A partir de sus primeras publicaciones, la apertura psíquica que había experimentado en varias ocasiones (visión de la casa derruida de una tía suya, unas horas antes del terremoto; visiones de ella misma como una bacante y como una mucama caminando con una vela hacia el portón de una mansión colonial…), en vez de canalizarse por el don de la clarividencia, se canalizó de forma más consciente a través de la poesía.

 

Viviendo con su familia en León, Yolanda vio en el zaguán de la Librería Icaza, dos hileras de sillas vacías contra las paredes y un ataúd al fondo. Al día siguiente supo que en esa Librería trabajaba María Haydée Terán, esposa de Carlos Fonseca Amador. Lo que había visto era la vela del guerrillero, a la que poca gente se atrevió a asistir. “Ese incidente —dice— despertó en mí las ansias de justicia por la situación que vivía Nicaragua”.

 

En septiembre de 1974 Yolanda organizó con Gutiérrez un recital de mujeres poetas en el Paraninfo de la UNAN. Ella fue la cumiche del grupo, compuesto por Ana Ilce Gómez, Ligia Guillén, Adriana Guillén (Carla Rodríguez), Vidaluz Meneses y Gioconda Belli, cuyo poemario Sobre la grama había sido un happening cuando se presentó en la galería Tagüe de Mercedes Gordillo en Managua. Rosario Murillo apareció en el afiche (inspirado en las técnicas del pintor neerlandés, Piet Mondrian), pero no se presentó. (Michèle Najlis vivía en Costa Rica).

 

Mariana Sansón le dio un corsage a cada una de las poetas. Después de un segundo recital, Téllez publicó en Cuadernos Universitarios, revista dirigida por Gutiérrez, una antología de las participantes, que fue el primer intento de sistematizar el fenómeno de la irrupción masiva de poetas mujeres en Nicaragua.

 

EN MEDICINA 

 

 

Yolanda hizo dos años de Medicina y Farmacia y un semestre de Derecho. En el 1974 pasó a la UCA de Managua a estudiar Artes y Letras, pero conservando su residencia en León, ciudad a la que había sido trasladado su padre como gerente de la sucursal del Banco Nacional (antes de la insurrección, don Eduardo renunció a su puesto por no estar de acuerdo con medidas arbitrarias que se estaban tomando en contra del erario).

 

Interrumpió sus estudios en la UCA para trasladarse a Tours, Francia, a orillas del Loira, donde en 1976 obtuvo un peritaje en Historia del Arte de la Universidad de la Touraine. Allí entró en contacto con la poesía de Baudelaire y Rimbaud.

 

Ese mismo año regresó a Nicaragua para reanudar sus estudios en la UCA. Fue ahí donde la conocí, en la cátedra de cine de Mayra Luz Pérez Díaz, que yo, graduado de abogado, visitaba ocasionalmente. De 1977 es su poemario Cerámica Sol .

 

El primer brote insurreccional generalizado en septiembre de 1978 (especialmente violento en León) obligó a la familia a fijar su residencia en Venezuela. Desde allí, ya con los sandinistas en el poder, Yolanda publicó Penqueo en Nicaragua (1981), sobre sus experiencias durante la insurrección.

 

Inesperadamente, la casa de la familia Blanco en el kilómetro 86 de la carretera León-Managua, fue tomada arbitrariamente por elementos del gobierno sandinista y nunca devuelta. Yolanda sintió que los atropellos que cometía el nuevo gobierno, contradecían su visión de lo que la Revolución, con la que hasta entonces se había identificado, significaría para Nicaragua. Pero, como ella misma afirma, “continúo manteniendo mi corazón en la izquierda”.

 

En 1985, año decisivo en su vida: Además de publicar en Caracas, Aposentos , se trasladó a la isla de Manhattan, Nueva York, donde reside actualmente y trabaja diseñando y elaborando programas de educación bilingüe.

 

En 1993 sufrió una grave enfermedad. En vez de someterse a los procedimientos agresivos de la medicina occidental, optó por la medicina alternativa, especialmente la medicina ayurveda (ciencia de la vida) de la India (con más de 5,000 años de existencia), lo que le permitió adentrarse en el mundo de la filosofía hindú (vedanta), que promueve la unión (comunión) con el centro, que se puede llamar Dios o la madre naturaleza.

 

Con su salud totalmente restablecida, continúa las prácticas de meditación y dieta vegetariana, que se han convertido en partes esenciales de su vida, en la que el crecimiento espiritual y el quehacer literario se alimentan mutuamente.

 

COPLA

 

Yolanda Blanco

 

A Franklin, Francisco, Ramiro, Juan, Fanor, Guillermo, Jorge Eduardo, Danilo

 

Mis amores de los setenta

están cumpliendo sesenta.

Ya echan barriga,

ya peinan canas...

 

Yo sigo oyendo sus guitarras.

El latir de la Nicaragua grande que moldeábamos despiertos,

el poema,

el Darío,

el Sandino,

el poeta.  

 

Paso y piso por las calles de León

y los lazos, la Facultad de Derecho,

el Básico, el Paraninfo

se arremolinan en mí

llenos de besos de coco, canela y anís.

 

Mis amores de los setenta

están cumpliendo sesenta.

Algunos apagaditos como florcitas sin agua

—la sal charchaleando en la herida—

quijotes unos buscando molinos

amargados por el exilio muchos

amañados otros con los sandinistas

(la venda aún apretada a la vida).

 

Mis amores de los setenta

están cumpliendo sesenta...

¿Qué se fizieron? ¡Nunca!

Mi cabeza busca hacia delante.

Mi corazón voltea y se rezaga...

Son aún mis muchachos.

Soy aún la Yolanda.

 

Nueva York, noviembre 2011

 

Comentarios | 2

2012

Sep 22

10:20 a.m

MCR dice:

Me agrada muchísimo ver a la poeta en este medio digital, y conocer más datos sobre su vida y obra. Estos datos, nuevos para mí, brindan más significado a lo que ya conozco de su obra.

2012

Sep 22

03:58 a.m

Alberto Jose Roa Flores dice:

Buenos días Diario la Prensa nomas lo hago en forma de comentario y sugerencia soy un joven de 22 años pero pocas veces la juventud tiene la oportunidad de ser escuchada en este país y pues creo que seria una buena idea el crear una sección en su diario sobre la vida del joven nicaragüense es decir que sea abierta a cualquier tipo de situación y caso referente a la juventud y a la ves creo y pienso que es una buena manera de ir inculcándole poco a poco el habito de la lectura a las nuev

 

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