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Managua, 02 de enero, 2013
Actualizado 07:44 p.m.

 

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Cultura

Maestros de la batuta, no de la vida

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  • Nos regalaron algunas de las piezas musicales más hermosas de todos los tiempos, pero ¿eran tan perfectos?

Efe

Reportajes

 

 

La historia de la música nos ha dado a los mayores genios de la batuta. Las obras de Mozart, Beethoven o Vivaldi supusieron un antes y un después en la música, marcando el rumbo que esta seguiría; aún hoy siguen entusiasmando al público que llena teatros para volver a escucharlas y suenan en películas, anuncios o centros comerciales.

 

Nadie pone en duda que para componer La novena Sinfonía o Las cuatro estaciones hacen falta unas cualidades musicales innatas únicas, pero ¿qué sabemos de las personas que se escondían tras los artistas?, ¿eran tan perfectos como su música?

 

La periodista anglosajona Elizabeth Lunday ha sacado a la luz algunos trapos sucios y anécdotas curiosas hasta ahora en secreto de estos genios de la música, que harán de buen seguro más terrenal su vida y su figura. El resultado, reflejado en el título Vidas secretas de grandes compositores, demuestra que, al fin y al cabo, ellos también eran humanos.

 

VIVALDI, EL CURA ROJO

 

 

Antonio Lucio Vivaldi, autor de la inconfundible Las cuatro estaciones , se ganó pronto el sobrenombre del Cura Rojo, por su ingreso (forzado) en la vida sacerdotal y su rojiza cabellera. Ambos factores anecdóticos, si atendemos a sus dos grandes y auténticas pasiones: la música, y las mujeres. Vivaldi no renunció a ninguna de las dos y se dedicó a ellas con más pasión de la que nunca le dedicaría al recogimiento o la fe.

 

Antes de darse a conocer como afamado director de orquesta, Vivaldi fue maestro de música en un orfanato de niñas, a las que consiguió convertir en espléndidas instrumentistas. Pero fue en su etapa de director cuando estuvo más salpicado de rumores y escándalos, que tuvieron en jaque a la Iglesia.

 

La causa: su romance no reconocido con la soprano Anne Tessieri Giro, de la que se decía que, si contaba con el favor de Vivaldi, no era precisamente por sus dotes cantoras.

 

Tanto es así, que se convirtió en prófugo por amor. Renunció al éxito y a sus generosos ingresos por seguir al lado de su amante y rompió definitivamente sus lazos con la Iglesia, para huir junto con su amada a Viena, donde terminaría sus días en buena compañía pero sufriendo verdaderos apuros económicos.

 

BACH, GENIO Y FIGURA

 

 

Las cualidades por excelencia de Johann Sebastian Bach, autor de La Pasión según San Mateo , fueron su singularidad y su temperamento, y que arraigó en buena medida porque nunca salió del sur de Alemania. Esto no fue impedimento para que su producción musical fuera una de las más prolíficas, ni para que le sacara todo el jugo a su vida sentimental.

 

Entre partitura y partitura, Bach tuvo tiempo de casarse en dos ocasiones y ser padre de veinte retoños, aunque solo sobrevivió la mitad. La primera compañera del compositor era su prima y solo un año después de su fallecimiento, el compositor encontró una nueva pareja 17 años más joven que él.

 

Durante sus 65 años de vida no fueron pocos los altercados que protagonizó debido a su agrio carácter. No importaba a quién tuviera que enfrentarse si contradecían su voluntad, los músicos de su orquesta o la mismísima corte de Weimar, atrevimiento este que le costó un mes en el calabozo.

 

HAYDN, UNA VIDA DE CULEBRÓN

 

 

El gran reconocimiento que obtuvo Joseph Haydn contrastaba con el apoyo más bien escaso que recibía en su propia casa, por no hablar del rol de sirviente que le tocó jugar al servicio de la corona húngara.

 

Siendo imposible la unión con la mujer que amaba, tuvo que conformarse casándose con la hermana de aquella. Una unión que solo podía estar sentenciada al fracaso, más aún teniendo en cuenta el nulo interés de ella por la música; tanto es así, que durante sus quehaceres culinarios, las partituras de su marido hicieron las veces de papel de horno en más de una ocasión.

 

Aunque era el encargado de dirigir y administrar la orquesta del príncipe húngaro, lo que se traducía en generosas retribuciones, en realidad tenía las mismas obligaciones que un criado, entre las que figuraban recibir órdenes y halagar a los cortesanos.

 

El final de sus días no fue tranquilo. Los vivió en la Viena que fue tomada por la Francia napoleónica, unas circunstancias difíciles que obligaron a una ceremonia fúnebre rápida del compositor. De ahí que nadie se diera cuenta de que el cuerpo fue enterrado sin cabeza, hasta que su ataúd fue abierto pocos años después. Tuvieron que pasar treinta y uno más para que el cuerpo de Haydn descansara completo.

 

BEETHOVEN, ARROGANCIA PERSONIFICADA

 

 

Ludwing Van Beethoven fue inimitable artística y humanamente. Resulta irónico que alguien tan huraño, engreído y temperamental compusiera L a novena sinfonía , toda una oda triunfal. Como en el caso de Mozart, su padre también influyó en su carácter, pero con métodos mucho más crueles.

 

Su virtuosismo quedó patente desde muy joven, algo de lo que dio fe el propio Haydn, que fue su mentor durante un tiempo; de eso, y de la arrogancia que siempre le caracterizaría. Como contrapunto, su maltrecha salud: cólicos, jaquecas y una pronta sordera que acabaría siendo total le llevaron al borde del suicidio. Si se arrepintió fue porque estaba convencido de que el mundo no podía permitirse perder a un genio como él.

 

Además, Beethoven era una persona desequilibrada, excéntrica y con hábitos ciertamente estrafalarios. Se mudó unas cuarenta veces dentro de Viena y llegó a pagar cuatro alquileres al mismo tiempo. Por no hablar del auténtico caos en que vivía, entre restos de comida y orines, o de su aspecto, siempre despeinado y con ropajes rotos.

 

No es de extrañar que más de una vez le confundieran con un vagabundo y que incluso en una ocasión le arrestaran. O que las mujeres le rehuyeran, a pesar de su ferviente interés por ellas, en especial por las casadas y las nobles.

 

Su difícil carácter le creó enemistades con los nobles y editores musicales que le contrataban, porque estaba convencido de que querían estafarle y también con su propia familia. A pesar de su mala fama, a su entierro acudieron más de diez mil personas.

 

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