En vísperas de la Independencia

Conspiraciones, revueltas, persecución, destierro y muerte soportaron los independentistas de Centroamérica

09/09/2013

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Amalia Morales I parte

Mucho antes de que en el palacio de nueva Guatemala el hondureño José Cecilio del Valle redactara el acta que sellaría la Independencia de Centroamérica —Capitanía (o reino) de Guatemala— del reino español, un puñado de indios se rebeló en un caserío de tierra caliente, a centenares de kilómetros, contra los funcionarios de la colonia que cobraban impuestos leoninos.

Esa primera sublevación ocurrió en 1805, en El Viejo, Chinandega. El detonante fue la detención de una mujer que vendía cususa. El subdelegado de El Viejo mandó a detener a la vendedora del guaro que el pueblo bebía, y cuando quiso trasladarla a la intendencia de León, que era una de las cuatro intendencias del reino de Guatemala, el pueblo armado de piedras y machetes se lo impidió.

Los revoltosos aprovecharon para exigir la destitución del subdelegado explotador, y lo consiguieron.

Algunos de ellos habían sido agitados e incitados para desobedecer por el cura indígena Tomás Ruiz, nacido en Chinandega, uno de los pocos de su época que pisó la universidad y alcanzó el grado de doctor.

Este hecho ha sido recopilado por el historiador Jorge Eduardo Arellano en su texto El padre indio, Dr. Tomás Ruiz, fundador de la universidad y prócer de Nicaragua , editado por la UNAN.

No sería la última vez que el cura Tomás Ruiz, quien había leído sobre la ilustración y sería seguidor del cura mexicano José María Morelos, aparecería tramando conspiraciones a lo largo del reino de Guatemala.

Su nombre volvería a sonar en la conspiración del convento de Belén, en Guatemala, años más tarde.

Antes habrían de registrarse otros conatos de independencia en otras intendencias y ciudades del reino, como San Salvador, León y Granada, donde el poder criollo (los hijos de españoles nacidos en estas tierras) empezó a mostrar su músculo a los empleados del gobierno español, y a declararlos no gratos en estas tierras, que a su juicio, por haber nacido en ellas, les pertenecían.

CIUDADES ARDIENTES

A comienzos del siglo XIX España había perdido fuerza en sus colonias en América. Algunos libros como el Manual de historia de Centroamérica , del padre Rodolfo Cardenal, refieren que había un vacío de poder de la monarquía española.

En esa primera década, el francés Napoleón Bonaparte atacó al reino de España, y destronó al representante de los Borbones, el rey Fernando VII. En 1808, Bonaparte puso en el reino español a su hermano José, y en reacción se crearon las juntas y las Cortes de Cádiz.

En las colonias españolas también había agitación. Estados Unidos había declarado su independencia en 1776, y desde el norte y sur del continente llegaron en la primera década del siglo 19 los ecos libertarios del cura Hidalgo, en México, y de Bolívar, en Caracas.

Esos aires provocaron inquietud en las intendencias del reino de Guatemala. El 10 de noviembre de 1811, estalló una conspiración en San Salvador, encabezada por los curas José Matías Delgado y Nicolás Aguilar, entre otros. Los sublevados armaron una conspiración contra el intendente. Intentaron apoderarse de tres mil armas y de 200,000 pesos, que más o menos era el equivalente a las exportaciones de cacao de un año de la región.

En el tomo III de historia de Nicaragua, Tomás Ayón refiere que los salvadoreños expulsaron a los jefes españoles y dejaron a los criollos.

Durante seis días San Salvador estuvo sin autoridad, y a lo largo de un mes hubo cambio de alcaldes. Algunas ciudades como Metapán, San Vicente, Santa Ana, también se amotinaron. En ese último pueblo llegaron a reunir alrededor de 600 hombres. Algunos pedían la expulsión de los “chapetones”, como les decían a los españoles.

Para entonces había asumido la Capitanía General del reino un funcionario eficiente, el general José Bustamante y Guerra, quien había desembarcado en marzo de ese año.

Un mes después de los sucesos en San Salvador, se prendió la mecha en León. Dice Ayón que generaba antipatía el intendente de esa ciudad, don José Salvador, quien llevaba años en el cargo, desde 1794.

El 13 de diciembre de 1811 hubo amotinamientos en varios barrios de esa ciudad. Unos 4,000 hombres armados de palos y machetes se congregaron en la plaza central para exigir la renuncia del intendente. Pedían el nombramiento de un nuevo gobierno y libertad de los presos, pero también cambios en las relaciones económicas, entre ellas: la abolición del monopolio de aguardientes y rebajas en el valor de la libra de tabaco, eliminación de impuestos a las carretas y al ganado.

Los españoles se escandalizaron con la insubordinación. El intendente quiso hacer un cabildo, pero fue herido de una pedrada en la cabeza que le tiró uno de los amotinados.

Al final, los sublevados lograron su cometido: destituyeron a las autoridades.

Sin embargo, dice el historiador Ayón que el movimiento fue “oscurecido” por el pillaje y el saqueo que desataron en las tiendas aquellos sublevados. Una imagen que los historiadores narran de esos días es la del tesorero Antonio Aguado repartiendo un talego de pesos para evitar el saqueo de la tesorería.

“Para contener el desborde, los alcaldes de la ciudad pusieron 200 hombres armados y guardias en las esquinas de las calles, y custodia en las casas de los ricos… las mujeres cantaban avemarías para liberar a la ciudad de un mayor derramamiento de sangre”, describe Ayón.

Estas primeras revueltas, menos la de El Viejo, también son referidas en el libro Bosquejo histórico de las revoluciones de Centroamérica, desde 1811-1833 , de Alejandro Marure.

INSURRECTOS DE GRANADA

En diciembre los alborotos se extendieron a Granada y a Rivas, también llamada Villa Nicaragua. Ambas ciudades estaban bajo la jurisdicción de León. Allí había un grupo de criollos afectos a la Independencia.

Los granadinos pidieron la destitución de los funcionarios chapetones que terminaron “exiliados” en la vecina Masaya. También se quejaban de la centralización administrativa y las restricciones a las libertades individuales.

Mientras tanto en Rivas, cinco mil hombres armados de machetes y palos pedían básicamente lo mismo: cambio de funcionarios reales y un nuevo gobierno. Un militar retirado, Félix Hurtado, encabezó la sublevación rivense.

Rivas y San Jorge nombraron presidente de la villa al párroco.

A comienzos de diciembre, unos 60 indígenas se presentaron en el ayuntamiento de Granada y se quejaron de los malos tratos de los alcaldes y exigían la libertad de José Gabriel O’Haran, quien pretendió formar un gobierno en la provincia.

El oriente nicaragüense era un hervidero.

Después de las fiestas de diciembre, el 8 de enero de 1812, los granadinos insurrectos se embarcaron y navegaron por el Cocibolca hasta la comisura del lago, donde está San Carlos, y tomaron por asalto el fuerte y detuvieron a los españoles que estaban en la fortaleza.

Pero el ardor de las ciudades y ayuntamientos que había en las veredas nicaragüenses fue sofocado en abril.

José Bustamante envió al comandante de armas, el sacerdote Benito Soto, con mil hombres, “negros caribes”, a poner el orden en Granada, según refieren distintos textos.

El 12 de abril se libró en Granada una cruenta batalla. Los granadinos abrieron trincheras en las diferentes avenidas. Con una artillería pesada de 12 cañones de grueso calibre. Se peleó desde temprano hasta el amanecer, hasta que los invasores abandonaron el lugar. Sin embargo, el 22 de abril, los granadinos se rindieron. Paralelo a la capitulación se arrancó el compromiso de amnistía para los insurrectos, que no se cumplió.

En aquellos días calurosos, Granada fue ocupada sin ninguna resistencia por los enviados de Bustamante, que ordenó a las autoridades de León capturar y enjuiciar a los cabecillas de los levantamientos. Dos años duró el juicio. Al final, se decretó pena de muerte para 16 de los conspiradores y cadena perpetua para nueve y temporal para 133. La condena se interpretó como un bozal para cualquier otro intento de sublevación en la región. Había miedo y persecución. En Guatemala, la capital del reino, por cualquier pretexto se encarcelaba, según el libro de Marure.

Al año siguiente, en 1813, los historiadores refieren intentos de sublevación en Comayagua, Honduras. Una de las ciudades que se mantuvo al margen de lo que ocurría en el resto fue Cartago, Costa Rica, que también estaba bajo la jurisdicción de León.

LA CONJURA DE BELÉN

Aunque los chispazos independentistas eran sofocados rápidamente por Bustamante y su gente, se registraron nuevos intentos. Algunos historiadores definen al capitán general como un hombre déspota e implacable que llegó a la región para frenar el creciente poder de los criollos, que a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX aumentó su control económico, pero les faltaba el político.

En el imaginario criollo —explica Rodolfo Cardenal en su Manual de historia de Centroamérica —, había el convencimiento de que a ellos les pertenecían estas tierras y no a los inmigrantes españoles. Ellos, que descendían de los primeros conquistadores, se creían los auténticos dueños de este territorio, los únicos con derechos a gozar de sus beneficios.

“Los indios, mestizos, negros y mulatos no (que eran la mayoría de la población) contaban ni económica ni políticamente”, reza Cardenal.

Entre los criollos había unos que querían independizarse de España, pero continuar con el mismo sistema explotador de mestizos e indígenas. Había otro grupo, entre los cuales estaba el médico y periodista Pedro Molina, que fundó el periódico El Editor Constitucional, que tenía ideas más revolucionarias.

En ese clima político, se urdió la conspiración del convento de Belén. Algunos libros de historia vuelven a retomar al personaje de Tomás Ruiz, quien había seguido estudiando e impartiendo clases en la universidad de San Carlos de Guatemala. En 1813, a finales de octubre y comienzos de noviembre, Ruiz sostuvo reuniones secretas con otros independentistas guatemaltecos, entre ellos los cuñados de Molina, Cayetano y Mariano Bedoya.

Fue elegido como jefe del grupo el fray Juan Nepomuceno de la Concepción, prior del convento. En alguno de esos encuentros, Ruiz leyó el “documento revolucionario de (José María) Morelos”, el cura mexicano insurgente y uno de los artífices de la independencia de aquel país.

La conjura de Belén estaba prevista para el 24 de diciembre, en Nochebuena. Pretendía declarar la independencia de la capitanía y sus provincias de España, y demandar la libertad de los presos granadinos.

Nada se pudo lograr. La conspiración fue delatada por unos militares que habían sido invitados, y abortada el 21 de diciembre cuando la mayoría de los conjurados fueron detenidos.

Algunos textos apuntan que los conspiradores cayeron en la víspera, el 23. Bustamante encarceló a todos los implicados. Algunos lograron huir. Varios fueron condenados a varios años de cárcel, Algunos fueron desterrados a ultramar. Aunque lograron el perdón de España en 1817, el arbitrario Bustamante no los liberó.

Hasta 1819 el cura Ruiz y los otros sobrevivientes recuperaron su libertad. Se presume que se largó para Chiapas, en México. Todavía faltaría un par de años para que la capitanía declarara su independencia, entonces sí, sin lágrimas y sin sangre.

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Comentarios

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  • Mauricio Davila Wills

    Para ti “Donde esta San Andres”: Las Islas San Andres y Providencia no estan en el mapa, porque el borde del mapa se acaba por el mismo desdoble de este, y se acaba a los 140 kilometros (mas o menos) de la costa Caribe de Nicaragua; por eso es que no vemos a las tales islas. Sin embargo, la ley internacional abriga a Nicaragua, porque este, a como todo pais con costas, porta un derecho de hasta 200 millas nauticas mar adentro, a partir de sus playas (300 millas regulares). Captas, Colombianito?

  • Eduardo P

    Este colombiano o es idiota o tonto de nacimiento,q no ves idiota q el mapa donde deveria de aparecer las Islas San Andres la pagina no esta completamente extendida,por q solo sacan sin ver bien lo q comentan, pero si se quieren engañar haya ustedes ya el mar lo recuperamos con las leyes y la razon de nuestra parte,ya conformensen con las rocas q les quedaron que economicamente son basura,pero las aguas es una riquesa enorme,mariscos,petroleo y tambien es reserva seaflower el 53% es nuestra. 🙂

  • Mauricio Davila Wills

    Ya lo dijo una vez el Jefe de la Literatura Española Modernista, don Ruben Dario, quien en uno de sus poemas declara de forma enfatica la calamidad en que cayeron los grupos Amerindios del Nuevo Continente descubierto por Colon, y luego avasallado por los Conquistadores Españoles de manera brutal: “!Desgraciado Almirante! Tu pobre America, tu india virgen y hermosa de sangre calida,…”. Y este es un testamento de lo que ha acontecido desde Colon hasta la Independencia y hasta nuestros dias…

  • marcel

    Siempre he sostenido, que la tal independencia solo fue para un sector de la poblacion latinoamericana, por que solo beneficio a los llamados “criollos”, este fenomeno aun persite, segun el articulo “Los indios, mestizos, negros y mulatos no (que eran la mayoría de la población) contaban ni económica ni políticamente”, reza Cardenal.Asi que eso de inependencia que la celebren los descendientes de espanoles, que se quedaron con el poder politico-economico de cada pais.

  • Donde esta San Andres?

    En este mapa de 1826 que se supone es el mismo de 1821; NO APARECE LA ISLA DE SAN ANDRS; lo que confirma que esa isla no es ni ha sido jamas de Nicaragua. Lo que se vé frente a la desembocadura del Rio San Juan son las islas mayor de Corn Island y la menor de Corn Island.
    San Andres fue adjudicada al Virreynato de Colombia por la Corona española desde antes de la Independencia de Centroamerica.
    Por tanto de resolucion de la Corte Internacional es viciosa, partidarizada y nula.

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