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Managua, 13 de octubre, 2013
Actualizado 05:43 p.m.

 

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La ética como fundamento de los derechos humanos

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Comentarios: 2

Por: Alejandro Serrano Caldera

 

Previo al Congreso Internacional sobre Desarrollo Humano que se llevó a cabo en la Universidad Centroamericana, UCA, los días 10, 11 y 12 de septiembre, el día 9 del mismo mes se realizó el Taller sobre Ética y Derechos Humanos, en el que tuve el agrado de participar junto a distinguidos expositores nicaragüenses y visitantes, con la ponencia “La ética como fundamento de los derechos humanos”, sobre la que me permito hacer unas breves consideraciones acerca de los principales ejes temáticos.

 

Uno de los hechos que más deben preocupar hoy en el país, es una especie de escepticismo ante los problemas vitales que enfrenta. Una sociedad que se sumerge en la indiferencia o en la descalificación, es una sociedad que padece una crisis y es ahí donde debemos hacer un esfuerzo para aportar alternativas que ayuden a superar esta situación y que conduzcan a un plano de coincidencias mínimas en donde los nicaragüenses podamos encontrarnos. No obstante la crisis, o quizás debido a ella, hay nuevos signos esperanzadores que surgen de la sociedad civil y la ciudadanía para la construcción de una sociedad más justa y libre.

 

¿Qué hacer entonces para incentivar una participación constructiva? Creo que, entre otras cosas, se requiere una educación fundamental en Derechos Humanos, en la que se prioricen valores como la paz, la democracia, la libertad, la tolerancia y el respeto a la diferencia.

 

Pienso que en el plano político el lema del nicaragüense ha de ser el de la Unidad en la Diversidad. Esto quiere decir que cada uno, sin renunciar a sus ideas y posiciones ideológicas y políticas, debe tolerar las ideas de los demás. No se trata de buscar una paz por claudicaciones: quien claudica no contribuye a la paz, sino a la paz de los cementerios morales. Se trata de reafirmar nuestras creencias y de luchar por ellas, pero también de asumir, por principio, que hay otro ser humano que puede pensar diferente y que tiene el mismo derecho de expresar y defender sus ideas.

 

Si ambos interlocutores parten de ese punto, el diálogo es posible. Diálogo posible para llegar al consenso sobre algunas cosas y a la discrepancia sobre otras, pero que permitiría también, llegar a la síntesis de posiciones confrontadas.

 

Eso contribuye a fortalecer algunas actitudes como la firmeza, que no es la intolerancia, la flexibilidad, la racionalidad, la libertad, la paz y la democracia. Una educación sistemática y permanente en ese sentido en las universidades, en los colegios y en los medios de comunicación, se vuelve imprescindible para reconstruir las formas de vida en la sociedad nicaragüense.

 

Estamos viviendo una época de descalificación del adversario, de rechazo a debatir las ideas; porque no se debate, se insulta; no se discute, se descalifica. Somos un país de epitafios morales; destruimos con frases lapidarias.

 

Es fundamental hacer un alto en el camino y construir los vasos comunicantes que no tenemos. Ni confrontación ciega e irracional, ni claudicación. Se trata de encontrar el punto justo en el cual se pueda disentir dialogando; pensar distinto no es un delito, es una característica del ser humano. Nada es peor que una sociedad estandarizada. Hay que luchar por una sociedad unida, pero no uniformada, pues como enseña Octavio Paz, la unidad no es la uniformidad, y en ese sentido, no queremos tener un pensamiento homogéneo “que uniforma sin unir”, sino un pensamiento y una actitud plural que “una sin uniformar”.

 

Vivimos una etapa que exige la búsqueda de valores sobre los cuales sustentar la coexistencia social, y en ese sentido la presencia de la juventud es imprescindible en la construcción de esos referentes comunes.

 

¿Nos hemos hecho alguna vez esa pregunta? ¿Nos hemos planteado qué nos une por encima de tantas cosas que nos separan? ¿Hay más razones que puedan unirnos que intereses que puedan separarnos? ¿Cuál puede ser la plataforma común a los nicaragüenses? ¿En qué punto, a pesar de las diferencias políticas, ideológicas, partidarias o religiosas, podemos decir que hay una comunidad de valores para reconstruir el país?

 

Quede claro que estamos hablando de un esfuerzo profundo, de una visión estratégica del futuro de la sociedad nicaragüense y de un sentido de identidad, constructor de horizontes singulares y universales y no de entendimientos, ajenos a los verdaderos objetivos sociales, fabricados para distribuirse el poder y los beneficios entre los protagonistas.

 

Hay que hacer énfasis en una ética sobre la cual se sustente el quehacer político, pues la democracia, como dice José Luis Aranguren, más que un sistema político, es un sistema de valores. Es necesario insistir en una educación dirigida hacia su búsqueda, hacia la conformación de un conjunto de principios que rijan la conducta cotidiana y el quehacer político y donde se reafirmen la racionalidad, la libertad, la tolerancia, el respeto a la diferencia y la democracia.

 

Hay una distorsión de los Derechos Humanos en la sociedad contemporánea y no solo por el abuso que produce la represión del poder sobre la integridad de la persona, sino por el uso de ciertas prácticas en el que se encuentra invertida la relación entre los objetos y las necesidades.

 

La justificación de los productos para satisfacer necesidades, ha cambiado, como decía Marx en el siglo XIX, hacia la producción de necesidades para satisfacer los objetos producidos. Se crean necesidades ficticias y superfluas que posteriormente se transforman en necesidades reales. Además, se debe asumir adecuadamente y desde la perspectiva de los Derechos Humanos, el tema de la revolución tecnológica, pues aunque la tecnología constituye sin duda un avance incuestionable, no debe olvidarse que es un medio y que el fin último de todo progreso es el ser humano, verdadero sujeto y destinatario de la historia.

 

Este es parte del panorama actual de nuestro país, de la sociedad mundial y de la crisis de valores que nos está afectando aquí y en todo el mundo y que daña profundamente la doctrina y la práctica de los Derechos Humanos.

 

Debemos tener la inteligencia suficiente para integrarnos a la dinámica del mundo contemporáneo sin perder la identidad. Los Derechos Humanos historizados son una alternativa moral y jurídica en el mundo, y se han venido constituyendo en una especie de tejido normativo en la sociedad contemporánea. Hay una serie de instrumentos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto de los Derechos Civiles y Políticos; el Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales; la Convención Europea; la Convención Americana y demás instrumentos latinoamericanos y centroamericanos de Derechos Humanos que constituyen un patrimonio de la humanidad.

 

Una especie de plataforma moral y jurídica ha sido aceptada, por muchos países que conforman la comunidad internacional. Este sería un caso de globalización positiva que todos debemos apoyar.

 

El contenido esencial de estas normas es el reconocimiento de la persona como centro de la historia. Los Derechos Humanos son la base de una nueva filosofía moral y una ética de nuestro tiempo. Sobre ellos debe sustentarse y desarrollarse una auténtica democracia representativa, participativa y en las relaciones internacionales, de este complejo y apasionante mundo contemporáneo en el que, con el esfuerzo de hombres y mujeres de buena voluntad, deben conciliarse armónicamente, la libertad y la justicia.

 

El autor es jurista y filósofo nicaragüense.

 

Comentarios | 2

2013

Oct 13

02:19 p.m

fernando dice:

Yo creo que todos debemos cuestionar nuestras propias ideas todo el tiempo, pero en la actualidad, los que se aferran al pasado, son los mismos que se benefician de él. En Nicaragua, las cosas han cambiado mucho, y espero que cambien muchísimo más, por el bien del país . Hay que repensar todas las declaraciones de derechos humanos, ciudadanos, políticos, etc. para que representen los mejores valores de justicia, solidaridad y democracia a que tenemos derecho todos por igual

2013

Oct 13

02:12 p.m

fernando dice:

La oligarquía tradicional no quiere que nada cambie en Nicaragua, porque considera que el mejor de los mundos, es el mundo en que todo gira alrededor de ella (la oligarquía), y eso, no puede continuar. En Nicaragua todo tiene que cambiar para que haya verdaderamente justicia y democracia, y no solamente cambios cosméticos que satisfagan a un grupúsculo de parásitos, corruptos e incompetentes. Como dijo Fidel Castro: "Una revolución es una lucha a muerte entre el pasado y el futuro"

 

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