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Managua, 12 de enero, 2014
Actualizado 04:29 p.m.

 

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Sección Domingo

Balada de un hombre común

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Hoy domingo, la nueva película de los hermanos Ethan y Joel Coen, Inside Llewyn Davis , compite por tres Globos de Oro, incluyendo Mejor Película Comedia o Musical y Mejor Actor para su protagonista, el actor guatemalteco-norteamericano Oscar Isaac. El filme figuró en innumerables listas de críticos como una de las mejores películas del año pasado. Ganó el Gran Premio del Festival de Cannes 2013. Su reparto incluye a la estrella musical Justin Timberlake, y la banda sonora trae canciones interpretadas por el vocalista de la popular banda Mumford and Sons. A pesar del pedigree, se estrena en Nicaragua sin publicidad previa. Apenas está programada en dos pantallas, una en Cinema Galerías y otra en Cinemark. No durará mucho tiempo en cartelera, así que corra a verla. Bien puede ser la mejor película que veremos en el cine en este año que comienza.

 

La acción se desarrolla a inicios de la década de los sesenta, cuando el género folk domina la escena musical norteamericana. El pináculo de la era es Bob Dylan, pero los hermanos Coen se concentran en un hombre que, a pesar de su talento, simplemente no puede ser una estrella. Se trata de Llewyn Davis, un trovador en el punto más bajo de su carrera. Su compañero de escena acaba de suicidarse, dejándolo huérfano en el escenario, luchando por convertirse en solista. Su disco, Inside Llewyn Davis , languidece en la bodega de su agente.

 

Las penurias se extienden al plano personal: sin casa, pernocta en el sofá de cualquier persona que quiera alojarlo. Los amigos no se salvan de sus impulsos destructivos. Jean (Carey Mulligan), pareja sentimental y artística del carismático Jim (Justin Timberlake), le increpa con bilis inagotable por el embarazo producto de un affair. Llewyn no tiene dinero para comer, ya no digamos pagar por un aborto. Todas sus esperanzas están cifradas en un Bud Grossman (F. Murray Abraham), legendario agente enconado en el lejano Chicago, que puede o no haber escuchado su disco. Para llegar a él, Llewyn tendrá que vivir una genuina odisea.

 

Los hermanos Coen han creado una película que funciona en niveles múltiples. En la superficie, vemos una comedia negra de frustraciones escalantes. Bajo ella, encontramos una radiografía de la vida dedicada al arte, divorciada del cuento de hadas aspiracional que suele favorecer la ficción popular. Llewyn no es un chico de voz brillante con un sueño que debe convertirse en realidad. Es un sujeto abrasivo y complicado, con poca paciencia para las concesiones que abonan al éxito y la popularidad. Los únicos momentos de gracia que encuentra son de su propia manufactura: las veces que canta, la cámara de Bruno Delbonnel lo retrata como ídolo. Las canciones, sombrías y majestuosas, lo conmoverán aun cuando no entienda las letras. “No oigo mucho dinero”, le dice impávido un personaje, después de una trascendental interpretación. Las realidades del mercado musical son como un mazo en su cabeza. Sobre todo esto, los Coen añaden una dimensión mítica, que trasciende a la especificidad de Greenwich Village en los sesenta, la industria del entretenimiento y los particulares de su protagonista. Es un tratado existencial.

 

No hace falta ser fanático del folk para disfrutar de los brillantes números musicales. Y son una razón de peso para ver la película en el cine. Olvídese del 3D. El sistema de sonido es el arma secreta que aún le da vida a la experiencia teatral —por eso los habladores de teléfono son tan ofensivos—. Balada de un Hombre Común es una de las mejores películas del año. El próximo jueves 16 de enero merece llevarse varias nominaciones al Óscar.

 

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