REPORTAJE ESPECIAL

Los rostros del exilio

El Servicio Militar Patriótico obligó a miles de nicaragüenses a irse del país. Unos arriesgaron sus vidas y se fueron por veredas. Otros, con más suerte, se exiliaron por la vía legal.

26/03/2017

Para 1984, Bismark Rivas tenía 18 años, vivía en Santo Tomás, Chontales, y cursaba quinto año de secundaria. Nunca había pensado en irse de su pueblo, hasta que un día —no precisa cuándo— le dijeron que estaba entre los primeros de la lista para cumplir el Servicio Militar Patriótico (SMP) y que dentro de dos días llegarían a traerlo a su casa. Ahí comenzó su exilio.

La Ley había sido aprobada unos meses atrás y en el artículo seis rezaba: “Los ciudadanos nicaragüenses del sexo masculino comprendidos entre las edades de 18 a 40 años estarán obligados a cumplir Servicio Militar Activo y/o de Reserva” por dos años o más.

Lea también: Servicio Militar, matar para no morir

Al principio la familia de Bismark quiso esperar a ver qué pasaba. Pero cuando inició el reclutamiento en su pueblo, supieron que ya era un hecho y si de algo estaban convencidos era que se trataba de una situación política y no de una amenaza a la nación. “No nos pareció que fuera algo necesario. Más bien era una situación donde los nicaragüenses íbamos a matarnos entre nosotros”, cuenta Rivas, 33 años después.

Ese mismo año, en una casa de Acoyapa, Chontales, la familia de Silvio Sirias, de 15 años, planeaba sacarlo del país rumbo a Costa Rica. Mientras que Luciano García, de 16 años, ya estaba instalándose en casa de una amiga costarricense de su papá. Ellos no fueron los únicos en irse. Según estadísticas de la Dirección General de Migración y Extranjería, ese año salieron del país 13,514 nicaragüenses por la vida legal, sin contar a los miles que se fueron como Bismark.

 Silvio Sirias se reencontró con su familia hasta en 1990. En su casa hicieron una fiesta para recibirlo. Foto: Óscar Navarrete / La Prensa

Silvio Sirias se reencontró con su familia hasta en 1990. En su casa hicieron una fiesta para recibirlo. Foto: Óscar Navarrete / La Prensa

PRESOS EN NICARAGUA

Después de saber que llegarían a traerlo dentro de dos días, su familia arregló todo para que al día siguiente se fuera a la casa de unos amigos en Masaya. Ahí estuvo durante un año hasta que el reclutamiento se intensificó y tuvo que regresar a su pueblo; pero ya no a su casa, sino a una finca donde él y un grupo de jóvenes estaban escondidos. Estuvieron ocho meses allí, hasta que un día pasó un grupo del Ejército que iba tras un grupo de contras y los apresó. En un descuido aprovecharon para escaparse, pero con una idea en mente: si querían sobrevivir debían huir a Costa Rica, y la única opción era irse por vereda, porque ellos estaban en la edad de cumplir el SMP.

Por eso mismo, la familia de Silvio Sirias estaba planeando cómo sacarlo del país antes que cumpliera 16 años, porque con esa edad ya tendría que haberse anotado en las listas del Servicio y si estaba anotado tenía que pedir un permiso especial a la Delegación Militar y no a todos se lo daban. Eso fue lo que le pasó a Luciano García, originario de Managua.

Un mes antes de cumplir los 17 años, en 1983, García fue con su papá para inscribirse en la lista del SMP. No porque quisiera, sino porque la Ley lo obligaba y de no hacerlo iría preso. En el colegio donde estudiaba había varios compañeros que se encargaban de delatar a aquellos que aún no se habían anotado y también había brigadas de reclutamiento que detenían en las calles a los jóvenes. Le dijo a su papá que quería irse y él le respondió que también quería que se fuera.

En noviembre de 1983 fue a pedir permiso para salir del país. Había una fila enorme donde los jóvenes esperaban hablar con el capitán Pozo, quien era el encargado de dar el permiso de salida. Lo entrevistó y se lo negó. Para pedir el permiso nuevamente debía esperar dos meses y eso hizo. En enero del 1984 volvió y para su suerte se lo aprobaron, inmediatamente salió del país.

Luciano García volvió a Nicaragua después de seis años de exilio, pero regresó definitivamente en 1996, casado y graduado. Foto: Óscar Navarrete / La Prensa

Luciano García volvió a Nicaragua después de seis años de exilio, pero regresó definitivamente en 1996, casado y graduado. Foto: Óscar Navarrete / La Prensa

LA TRAVESÍA

Para ese tiempo Bismark ya estaba entre las montañas tratando de huir del país. Ahí se encontró con otros jóvenes que iban con el mismo propósito y juntos se enrumbaron en la travesía. Llegaron a juntarse 65; iban sin guía, solamente llevaban un machete cortado a la mitad para apartar la maleza y los animales, iban preguntándole a la gente por dónde estaban. Pasaron de campamento de contras en campamento, bajo sol y lluvia, durmiendo mojados y comiendo lo poco que llevaban. Hubo ocasiones en que juntaban todo el dinero y compraban vacas y cerdos para alimentarse. Pero la suerte nos les duró, pues tras un mes caminando llegaron hasta un campamento de militares donde los atraparon.

“El Ejército nos llegó a traer en helicóptero, nos trasladó a San Carlos, donde estuvimos un mes presos. De ahí nos trasladaron a Juigalpa y estuvimos otro mes. Fue una experiencia dura, especialmente para mí, porque me catalogaban como un jefe contra”, recuerda Bismark.

Mientras estuvo preso sufrió torturas, lo tenían aislado y lo despertaban a las 2:00 de la madrugada para que fuera a hacer zanjas. En alguna ocasión hasta le apuntaron con un arma sin cargar en la cabeza para que confesara si era jefe contra. Después de un tiempo, le dieron dos opciones: ir preso y después hacer el SMP o hacerlo de una vez. Entonces se decidió por la segunda opción. Siendo ya militar se escapó con la ayuda de su papá. Contrataron a alguien para que lo cruzara a Costa Rica. Ahí vivió nueve años hasta que en los noventa volvió.

Silvio Sirias corrió con más suerte. Con ayuda de unos amigos de sus padres consiguió la visa para irse del país antes de cumplir sus 16 años. Se fue antes que Daniel Ortega asumiera la Presidencia en 1984 y fue así porque su familia temía que estando en el poder Ortega cambiara las leyes.

Carnet de refugiado de Bismark Rivas que le otorgó el gobierno costarricense. Foto: Cortesía / La Prensa

Carnet de refugiado de Bismark Rivas que le otorgó el gobierno costarricense. Foto: Cortesía / La Prensa

NICAS EN COSTA RICA

Para 1985 Silvio, Luciano y Bismark estaban iniciando su vida como exiliados en Costa Rica. La soledad fue lo que más los inundó y el deseo de regresar a su país vivía en sus mentes. Luciano volvió a Nicaragua seis meses después de haberse ido. Regresó con un permiso de estudiante, pero salió atemorizado 15 días después porque vio que la persecución a los jóvenes era fuerte. Iban a los cines, universidades y discotecas para llevárselos al SMP.

Bismark y su familia tenían llamadas telefónicas una vez al mes religiosamente. Su mamá consiguió un permiso para viajar a ver a su hijo una vez al año. Pero desde que se fue no volvió a pasar ninguna Navidad con ellos. Silvio, por su parte, solo mantenía comunicación con su mamá por cartas —que todavía conserva—; en ellas su mamá lo ponía al día de todo lo que estaba pasando en Nicaragua. Regresar no era una opción mientras el gobierno sandinista estuviera en el poder y cuando inesperadamente perdió las elecciones en 1990, para todos ellos —según cuentan— fue la alegría más grande que habían sentido en mucho tiempo.

Bismark Rivas estuvo nueve años en exilio en Costa Rica, durante ese tiempo vivió en siete lugares y regresó al país hasta en 1994, cuando ya tenía 29 años. Foto: Lisa Villagra / La Prensa

 

“Hay situaciones que uno no las olvida fácilmente. Es una historia que para mí me formó mi carácter, aceleró mi madurez, aumentó mi perspectiva de la vida y hoy yo se las cuento a mis hijos”. Bismark Rivas, exiliado.

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Comentarios

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  • Enrique

    La soledad en el exilio se lo come vivo a uno pero lo hace valorar hasta el mas despreciado en su lugar de origen.

  • El Leones

    Pero los hijos de la cúpula fueron enviados al extranjero. ¿Que acaso eran pendejos para mandarlos a morir como perros? . La Prensa no se atreve a realizar un reportaje acerca de ellos. Aquí en San Francisco estuvieron huyendo del Servicio Militar Obligatorio los hijos de Bayardo Arce, los Mejía Godoy, Daniel Ortega y otros.

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