Correo
Portada Impresa
    La Prensa    
Archivo
Busqueda
MARTES 18 DE JULIO DEL 2000 / EDICION No. 22073 / ACTUALIZADA 12:30 am
PORTADA
POLITICA
ECONOMIA
NACIONALES
REGIONALES
EDITORIAL
DEPORTES
SUCESOS
EL MUNDO
OPINION
REVISTA
SUPLEMENTOS
OBITUARIOS
   
Opinión
A pasos del volcán

.Sobre su terreno se mantiene una historia periférica de lava circundante que permite reconocer cómo fue que comenzó a florecer la humanidad

Tito Lugo Vicente

Estuve en Managua y aprendí que la aventura es vida. Entre volcanes activos, lagos de cráteres, fallas tectónicas, enjambre de sismos y pobreza noté que la existencia es sólo un paso fino de luz solar en el inmenso cielo azul.

El hombre no lucha con la naturaleza. La naturaleza lucha por preservar su estirpe. El calor del día mantenía el espíritu de combate ardiente. Cada vez que temblaba la tierra, reconocía lo indomable de nuestra naturaleza. Con un soplo telúrico se vinieron al piso la esperanza de vida de algunos. Mientras que los menos privilegiados buscaban de dónde sacar su miseria para compartirla con los desvalidos. El calor de la noche mantenía el alma en llamas.

El volcán Masaya llamó mi nombre. Atendí su causa y vi su gruta. Por él manaban candelabros de azufre que mantenían el paisaje de nubes deforme. Sin un defecto congénito era el esplendor de su interior. Sobre su terreno mantenía una historia periférica de lava circundante que permitía reconocer cómo fue que comenzó a florecer la humanidad.

En la lejanía del volcán Momotombo se veía la perfección equidistante de un triángulo de vida silvestre. En su llanura se manifestaba la callada armonía de un cuerpo de agua que no permitía ver el siguiente horizonte de tierra. Era el lago que creciendo de luchas y batallas, sangre y plasma tenía en su fondo un color claro que no se apreciaba en su superficie.

Entonces entendí que la lucha por poder desfigura el color de la naturaleza. En el epicentro de la Laguna de Apoyo oí el clamor de vida silvestre. Chocos que gritaban en desesperación que todo se había movido de espacio. Mantuve la calma cuando se balanceó mi cuerpo sobre la tierra movida que por segundos de vida parece decir lo impotente que es el cuerpo vestido. Con el pasar de las horas aprendí que no es que tu vida corra peligro, sino tu alma bendita. Ningún ser humano predice la muerte antes que ésta se pose.

Salí de Managua bendecido por su naturaleza, aliviado por su carga y aspirando el regreso. La aventura que puso en suspenso mi energía adrenal mantenía un cordial recuerdo en mis pensamientos. Un recuerdo de naturaleza feroz, vida silvestre, cariños del nica y desprendimiento de vida. Quizás ahora aprenda a conjurar un mejor papel de vida conceptual.

* El autor es presidente de la Asociación Norteamericana de Cirugía Pediátrica, capítulo de Puerto Rico, de visita en Nicaragua con motivo del IX Congreso Nacional de Pediatría.  
.


---
   
Otros Artículos

Reflexiones sobre la democracia

A pasos del volcán

La democracia, según Fujimori

El mejor momento de México

Alvarado: “Farsa para inhibirme”

No es más nica que el pinol

En tiempos antiguos...

Cédulas pacientes

A propósito del derecho a reclamar

¿Debe haber pluralidad de partidos en las elecciones?