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MARTES 18 DE JULIO DEL 2000 / EDICION No. 22073 / ACTUALIZADA 12:30 am
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La democracia, según Fujimori

.¿Hay salida para la crisis política peruana? ¿Hay alguna manera de que el Perú retorne a un sistema democrático?

Pedro Salinas

LIMA, AIPE – La democracia peruana, de acuerdo a Fujimori, consiste en un orden según el cual la mayoría es ruin y la minoría terminada abatida. Los modales del fujimorismo tienden a aparentar un mínimo de respeto al derecho y la razón, cuando en realidad actúa como usurpador. Su fuerza militar, además, está presente en todos los actos que desnaturalizan el verdadero sentido de la democracia.

La naturaleza autocrática del régimen fujimorista sólo puede cambiar si se desmantela el aparato de control político diseñado e implementado por Vladimiro Montesinos. Pero eso va a ocurrir. Por alguna todavía desconocida razón, Fujimori no es capaz de desembarazarse de su principal en el poder: Montesinos.

¿Montesinos sacará las manos del Poder Judicial y dejará de usarlo como instrumento de presión contra los adversarios políticos del fujimorismo? ¿Consentirá Montesinos una reforma de la justicia militar para que, en el futuro, no se utilice como arma de ataque contra los militares en situación de retiro que opinen distinto a la cúpula militar gobiernista? ¿Se devolverán los canales de televisión 2 y 13 a sus legítimos propietarios? ¿Permitirá Montesinos, como ha recomendado la OEA, la puesta en marcha de mecanismos necesarios y transparentes para ejercer un control civil apropiado de las actividades de los organismos de inteligencia?

La respuesta es obvia: no. La única manera para que la agenda de democratización del gobierno y de la OEA se enrumbe hacia algo más o menos viable es negociando, gobierno y oposición, la salida de Vladimiro Montesinos.

Pero ello, aparentemente, está muy lejos de darse. El gobierno está preocupado en estos momentos por “mecer” a la opinión pública nacional e internacional hasta el 28 de julio, fecha del “cambio de mando” en la que pretende anunciar con bombo y platillo algunas de las “grandes reformas democráticas” cuyo propósito será procurarse un respiro en el ámbito internacional y mediatizar las eventuales presiones de los Estados Unidos.

Por su parte, la oposición sigue empecinada en la búsqueda de nuevas elecciones. No las va a tener. A pesar de las marchas y manifestaciones programadas para los días previos a la juramentación de Fujimori, la oposición no va a lograr su cometido. ¿Por qué? Por una razón muy simple: el líder de la oposición, Alejandro Toledo, no se preocupó de persuadir a la ciudadanía de la conveniencia de una tercera vuelta. Y equivocadamente trasladó la batalla política a la OEA, cuando debió librarla en el Perú, en las calles, convenciendo a los peruanos.

¿Hay salida para la crisis política peruana? ¿Hay alguna manera de que el Perú retorne a un sistema democrático superior al actual? Parece que no, por el momento. Dejar que el gobierno se reforme a sí mismo (sin remover a Montesinos), como pretende el fujimorismo, o tomar el poder por asalto, como aspiran algunos representantes de la oposición, son los dos derroteros que se otean en el horizonte más cercano. Pobre Perú.

El autor es corresponsal de la agencia de prensa AIPE.  
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