Opinión
El mejor momento de México
 | Los mexicanos están viviendo el momento de la esperanza; una pausita de alegría democrática tras las elecciones y antes de la toma de posesión de Fox, el primero
de diciembre |
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Jorge Ramos Avalos
Este es el mejor momento que ha vivido México en muchísimo tiempo. La euforia y entusiasmo por la derrota del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en las elecciones presidenciales aún no desaparece.
El ánimo festivo entre algunos mexicanos le ha permitido tener al presidente electo, Vicente Fox, una adelantada luna de miel. Por ahora no se escuchan muchas críticas en su contra. Después de todo, logró la hazaña de aglutinar a los votantes más dispares contra los abusos y excesos de poder de doce presidencias priístas. Además, mientras no designe a su gabinete permanente y empiece a tropezarse con la dificilísima tarea de gobernar una nación donde 60 de sus 97 millones de habitantes son pobres, lo que se escucha respecto a Fox son porras y muestras de confianza.
México está viviendo el momento de la esperanza; es esa pausita de alegría democrática tras las elecciones y antes de la toma de posesión de Fox el primero de diciembre. Luego vendrán las broncas de tratar de transformar las promesas foxistas –crecer al siete por ciento y crear un millón 350 mil empleos al año, acabar con la corrupción oficial…– en hechos. Pero mientras tanto, en restaurantes, en el metro, en las calles, casas y oficinas he detectado un optimismo inusitado.
Este entusiasmo por el cambio en México se ha visto reflejado en repentinas y ligeras devaluaciones del dólar frente al peso mexicano –históricamente siempre había sido al revés- y en la mejor campaña de imagen y relaciones públicas que haya tenido México en el exterior. La cara de Fox y las historias sobre la “revolución pacífica” en México han aparecido en las principales revistas y noticieros del mundo.
La democracia paga. O como escribía recientemente Guadalupe Loaeza desde España, qué bonito es ser de un país tan democrático. Yo soy de los que pensaba que México nunca sería una verdadera democracia hasta que la alternancia llegara a la presidencia. Y la democracia ya llegó.
La otra tarde una periodista me preguntaba si el presidente Ernesto Zedillo había sido “el héroe” del pasado dos de julio y se me alborotó la úlcera. No, le contesté. Definitivamente no. A Zedillo sólo le tocó reconocer lo inevitable: que los mexicanos ya no querían a su partido, el PRI, en la presidencia. Pero el verdadero crédito de la transformación democrática en México es de otros.
Los verdaderos héroes de la jornada del dos de julio son los que lucharon por 71 años –y en algunos casos, hasta murieron– para terminar con “la dictadura perfecta”; son los que trabajaron para que el Instituto Federal Electoral (IFE) –organizador independiente y autónomo de las elecciones– se convirtiera en sinónimo de honestidad y transparencia; son los medios de comunicación que se ganaron a rasguñazos sus espacios de libertad; y son, sobre todo, los 16 millones de mexicanos que votaron por la alternancia.
Esto es lo maravilloso y sorprendente del cambio en México; que se trata de un fenómeno plural. La gente no sólo dice: Fox ganó. La gente también dice: con mi voto ayudé a que México cambiara. Pocas veces he visto a votantes tan orgulloso como los mexicanos.
Los mexicanos no están dejando que nada ni nadie les agüe la fiesta. Porque esta fiesta se entiende como una excepción, como un rompimiento de la agobiante realidad marcada por siete décadas de priísmo.
Ya llegarán los tiempos de los trancazos. Pero por ahora domina la esperanza en el cambio. 
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