LUNES 29 DE SEPTIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. / ACTUALIZADA 02:27 a.m.





EL HUMOR DE



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Alejandro Martínez Cuenca : aspirante a la Presidencia de la República
“No jugaré una farsa”

Foto  
. Aunque Daniel Ortega ya advirtió desde Chile que va por su quinta candidatura presidencial, Alejandro Martínez Cuenca asegura que dará la pelea interna en el FSLN y no se prestará a una farsa. También se resiste a que le pasen la factura por el descalabro económico de los años ochenta y señala, en cambio, a los creadores del “Plan Berta” (1988)

Alejandro Martínez Cuenca
LAPRENSA/F. LARIOS

 

Eduardo Marenco Tercero
eduardo.marenco@laprensa.com.ni

Eduardo Marenco Tercero

eduardo.marenco@laprensa.com.ni

Alejandro Martínez Cuenca, economista y productor de puros con aroma a chocolate, tiene un reto personal: derrotar a Daniel Ortega en las “primarias” sandinistas para ser el candidato presidencial. Menuda cosa. Aunque él lo expresa de otra manera: en dos años presentará una suerte de plan de gobierno y si convence a sandinistas y no sandinistas de que él debe encabezar ese plan, está dispuesto a fajarse.

Sin embargo, asevera, si no le abren espacios no jugará ninguna farsa. No reeditará lo que ocurrió en la consulta popular del 2001. Éste es su “desquite”.

—Daniel Ortega anunció que está dispuesto a tomar el reto personal de ser nuevamente candidato presidencial. ¿Usted ya la da por perdida o va a dar la pelea?

—¿Cómo lo interpreto yo? Como una expresión muy sincera de su parte, él no esconde que para él es un gran reto personal volver a ser candidato. Esa situación para mí es diferente. Pero una cosa es el deseo y otra la posibilidad real. Para mí no es el momento de hablar de candidaturas presidenciales y me extrañó sobremanera que él tocara el tema en el marco de esa entrevista. Para mí el reto es cómo presentarle a todos los nicaragüenses, sandinistas o no, un proyecto que ayude a resolver el problema de la falta de producción, desempleo y la pobreza. Cómo construir consensos para abordar el problema institucional y del desarrollo económico. Tengo más de tres años de estar trabajando en este proyecto con un grupo de ciudadanos muy respetados de todos los sectores.

—¿Quiénes?

—No quisiera dar ejemplos. Estas personas han estado trabajando en una propuesta y si la gente y el partido dice que quien debe encabezar este programa es Alejandro Martínez Cuenca, tené la plena seguridad que ahí voy a estar. No voy a correrme de esa responsabilidad.

—Pero Daniel Ortega se ve hoy con más poder que nunca, no solamente en las instituciones públicas sino en el mismo partido. ¿Usted va a poder derrotarlo a través de primarias internas?

—Es cierto que el ex presidente Ortega tiene mucho poder. Pero yo soy un convencido que los pueblos avanzan inexorablemente, y que el paradigma de concentrar el poder en una sola persona, a nivel partidario, de influencias, es un paradigma destinado a cambiar, tarde o temprano. En el caso que nos ocupa: el ex presidente Ortega está en todo su derecho de pretender ser candidato, todo el mundo tiene ese derecho. Pero además, creo que Daniel Ortega se ha ganado un aprecio importante y un respeto dentro de los sandinistas, por la unidad del partido y Nicaragua necesita que haya unidad en los partidos.

—Pero también Daniel Ortega se ha ganado el desprecio de millones de nicaragüenses.

—No voy a discutir de Daniel. Lo único que te estoy diciendo es que nada es eterno.

—Es decir, ¿Daniel Ortega no es eterno en el FSLN?

—¡Nooo! Es decir, ve la historia de la humanidad. ¿Querés que hablemos del tiempo de la revolución francesa? ¿Querés que hablemos del tiempo reciente de Nicaragua? Nadie que ha llegado a alcanzar la cima del poder eterno. No sucede así. Pero lo más importante para mí: Daniel goza de mi respeto porque ha mantenido la unidad del partido. No se trata de menospreciar o reducir su nivel de liderazgo partidario. Eso en ningún momento. Es más, creo que es importante que el partido esté unido. El gran reto es independientemente del nivel de influencia partidaria que tengás, que existan espacios en las instituciones para que puedan actuar, sin renunciar a algo muy importante: el deseo de influir en la cosa pública. El problema no es si Ortega maneja todo, el problema es que las instituciones tienen que desarrollarse. Y éste es un aspecto fundamental de la modernidad: concebir a los partidos viendo el interés del bien común al igual que todas las instituciones.

—¿Cómo va a romper con esto? Por ejemplo, en la selección de los candidatos a alcalde se está viendo cómo funciona el dedazo a favor de Nicho Marenco, tan así que Evertz Cárcamo declinó su candidatura. Si uno ve que ese partido funciona así ¿cómo hará para que funcione de otra manera?

—Con una convicción profunda de que los cambios son inevitables. Que ya en Nicaragua y dentro del mismo Frente hay movimientos. Claro, todavía falta mucho camino qué recorrer, pero las tendencias van en esa dirección, de buscar que las instituciones funcionen, no respondiendo a intereses de un solo partido sino a una visión del bien común, de las mayorías. Y los pueblos van asumiendo eso como cambios inexorables.

—¿El cambio en el Frente es inexorable?

—Yo creo que sí. No importa cuántos obstáculos se le quieran poner al cambio. El cambio es inevitable en el Frente. Eso no quiere decir que hay que dejar de respetar el liderazgo que se ha ganado el ex presidente Ortega ni mucho menos. Sino reconocer que los partidos políticos tienen que tener una lógica diferente, que existen no sólo para tener cuotas de poder, sino que están como elementos fundamentales en la construcción democrática.

—¿Usted considera que hay reglas del juego claras para que una candidatura suya dentro del Frente no sea boicoteada?

—Así como el comandante Daniel Ortega posee todo el derecho de tener el reto que tiene, yo tengo el mío. Mi reto es construir una alternativa triunfadora que permita cambiar sustantivamente las condiciones del país. ¿Si volveré a reeditar el 2001? Si el Frente Sandinista no quiere abrir el espacio a una candidatura alternativa, estáte seguro como que me llamo Alejandro Martínez Cuenca que no voy a jugar una farsa de ir a una consulta únicamente para en alguna medida justificar o bendecir una decisión que la toman, no respondiendo a un análisis objetivo de las posibilidades, sino a un empecinamiento personal. A ese juego yo no me voy a meter. Tenélo absolutamente claro. Tienen que abrir espacios. Es una condición sine qua non.

Para mí, inclusive y para Víctor Hugo, con el número de votos que registramos en el 2001 (en la consulta interna), superábamos juntos los que tenía el comandante Daniel. No había una voluntad política de abrir espacios. Si eso se vuelve a producir, hombré, yo no me voy a prestar a esa farsa.

—El anuncio de Ortega ¿no lo deja “out” pues?

—Bajo ningún punto.

TODOS TENEMOS UNA DOSIS DE RESPONSABILIDAD

Alejandro Martínez Cuenca fue Ministro de Comercio Exterior entre agosto de 1979 y diciembre de 1987, encargado de conseguir petróleo gratis para Nicaragua y de encontrar mercado al café y demás productos agrícolas de las empresas del Estado. En 1988, asumió el Ministerio de Planificación justo cuando se echaba a andar el “Plan Berta”, el cual implicó un cambio de la moneda, transformando billetes de millones de córdobas en papeles sin valor, dejando a miles de nicaragüenses en la ruina, con sacos repletos de billetes en los patios de sus casas.

—Siendo usted Ministro de Planificación, una vez diseñado y en ejecución el “Plan Berta”, le tocó coger la “papa caliente”. Hay un sector de la población que recuerda los descalabros de la hiperinflación, la devaluación de la moneda y lo ven a usted como una figura que les haría regresar a esos tiempos. ¿Cómo responde a eso?

—(...) Siempre fui crítico del “Plan Berta” porque el problema de la inflación no se detenía cambiando la moneda, la inflación estaba siendo presionada porque había un exceso de gasto a causa de la guerra y el embargo. No había recursos y la misma inflación se encargaba de comerse los recursos. Así como se le comía el salario al trabajador, se comía el poder de compra al Estado. Era un círculo vicioso imposible de contener. Había que estar devaluando para seguir la inflación que a su vez causaba más inflación. La única manera de romper con ese círculo, era —como efectivamente yo propuse hacerlo—, lo que al final dio resultado: reducir al máximo el gasto de la defensa, y eso significaba entrar en un proceso de pacificación, de negociación, para detener la guerra. Segundo, que vinieran recursos externos para amortiguar la falta de recursos, logrado parcialmente con la convocatoria que organicé en Estocolmo, con el primer Grupo Consultivo en noviembre de 1988.

En 1989 vienen las elecciones y no hay control presupuestario posible y acordémonos que eran unas elecciones del Estado-Partido, entonces los recursos para las elecciones involucrados en ese esquema, eran tremendos, no había forma de controlar el presupuesto y eso se tradujo en una tremenda inflación.

—¿Usted se considera co-responsable de ese descalabro económico?

—No, yo creo que el verdadero co-responsable fue la guerra, aparte que hubo errores en el manejo económico.

—¿Entonces quiénes fueron los responsables del “Plan Berta”?

—La guerra y el no haber tenido la visión de buscar mecanismos de paz y entendimiento entre los nicaragüenses en lugar de seguir creyendo que la revolución sería eterna.

—Pero el pueblo demanda saber las personas responsables del “Plan Berta”.

—El “Plan Berta”, eh...

—¿Quiénes lo concibieron?

—El “Plan Berta” fue concebido después de la visita de una delegación de la República Democrática Alemana (RDA) que le tocó atender fundamentalmente a miembros de la Dirección Nacional: Jaime Wheelock, Henry Ruiz, (Dionisio) Nicho Marenco, quien era Ministro de Planificación en ese entonces. Y ellos son los que proponen a la Dirección Nacional que se haga el “Plan Berta”. ¿A quién le tocó ser el ejecutor del “Plan Berta”? Al doctor Sergio Ramírez Mercado como jefe del gabinete económico, siendo Vicepresidente porque Daniel Ortega, el Presidente, le había delegado la función. Yo no quiero buscar chivos expiatorios. El “Plan Berta” hay que verlo como la respuesta desesperada de una economía que está en sus últimas etapas. Y evidentemente había que tomar decisiones y le tocaba tomarlas a quienes estaban a cargo. ¿Había que tomar una decisión del “Plan Berta”? La tomó Sergio Ramírez, acompañado de Nicho Marenco, con el consejo de la RDA y de otras personas del Banco Central, como Roberto Gutiérrez, el ya difunto William Hüper, Ministro de Hacienda. Yo todavía estaba en la casual después de dejar el Ministerio de Comercio Exterior.

—Pero a usted le tocó tomar decisiones.

—No, las decisiones no las tomaba el Ministro de Planificación, eran decisiones colectivas. ¿Qué es lo que me toca? Dar seguimiento de cómo se iba desbocando la inflación y tener que decirle a la población que la inflación seguía subiendo. Y ésas son las imágenes que muchas veces...

—¿Me está diciendo que a usted le tocó pagar los platos rotos?

—Nooo... yo creo que la revolución... hay que entender...

—En términos políticos, porque los platos rotos los sufrió la gente.

—En términos políticos quien paga los platos fue el pueblo. (...) ¿Qué no hubo errores? Sería una equivocación decir eso. Por ejemplo, yo estuve en total desacuerdo cuando aquí vino un asesor y le recomendó al entonces Ministro de Comercio Interior, Nicho, que había que meter la tarjeta de racionamiento, que había que racionar porque no había para todos, las condiciones te daban excusas para que eso se diera.

—¿Y usted cometió errores?

—¡Claro que sí! Soy humano. Debo haber cometido errores (...)

—Pero cuando les tocó tomar la decisión de financiar la campaña electoral, en la lógica del Estado-Partido, ¿no fue eso un error?

—Sí, pero eso no le tocaba al Ministro de Planificación, solamente le llegaban los informes de lo que había hecho el Ministro de Hacienda.

—¿A usted que lo registren? ¿Usted no es el responsable de ese descalabro económico?

—¡Ah sí!... Yo tengo una tranquilidad absoluta, sin querer caer jamás en la tentación de decir “yo soy el santo”. Eso no. Todos tenemos una dosis de responsabilidad. Tanto los que estaban en el Gobierno como los que estaban en contra del Gobierno que aceleraron un proceso de descomposición, incluido los EE.UU., culpable de eso también, que hizo que esta sociedad se polarizara, se enfrentara y pasara por los momentos más angustiosos de la historia.
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