LUNES 6 DE DICIEMBRE DEL 2004 / EDICION No. 23654 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE



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Jugar con voluntad de perder

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. la definicion del torneo apertura en la argentina se vio envuelta en una polemica dificil de comprender: algunos equipos, presionados por sus aficionados, tuvieron sospechosas actitudes...

 

ESPN

Suele decirse que ningún turista puede asegurar que conoce suficientemente Buenos Aires si no ha presenciado algún partido de fútbol en la Bombonera, el legendario estadio de Boca Juniors, en el que las tribunas parecen caer en picada sobre el campo de juego. Allí, los fanáticos xeneizes (tal como se los llama por el origen genovés de los fundadores del club) hacen pesar su presión y se hace difícil jugar. Sin embargo, el último fin de semana se vivió un “espectáculo” muy especial. Es probable que más de un turista haya aprovechado la tarde de sol para asistir al partido que Boca disputó con Newell´s Old Boys. Y si estaba desprevenido, es muy probable que no pudiera comprender nada: los aficionados boquenses, si bien hostigaron al entrenador Américo Gallego y al delantero Ariel Ortega (dos ex símbolos de River, fotos superior e inferior), celebraron los goles del equipo visitante y compartieron el festejo de estos al final del encuentro. ¿Cómo se explica? La respuesta desnuda un fenómeno preocupante en el fútbol argentino…

Newell’s Old Boys es un equipo con una rica historia en la generación de talentos jóvenes (de allí surgieron, entre otros, Gabriel Batistuta y Abel Balbo) pero en los últimos tiempos perdió cierto protagonismo de la mano de las hegemonías sucesivas de Boca y River. Sin embargo, en este torneo Apertura 2004 que culminará la semana próxima (aunque al cierre de esta edición ya podría tener un campeón), Boca sintió la despedida de su exitoso entrenador Carlos Bianchi y muy pronto quedó lejos de la posibilidad de pelear por el título.

En tanto, River, el último campeón, “regaló” muchos puntos en la primera mitad del torneo pero recuperó el tren sobre el final y llegó a la fecha anterior con buenas posibilidades de superar a Newell´s, el líder del campeonato. Por eso, de inmediato, la hinchada de Boca comenzó a reclamarle a sus jugadores que perdieran con Newell´s para impedir que River se beneficiara: “Boca, querido, me tiene que perdonar. El domingo no tenemos que ganar”, cantaron. Y el mensaje llegó a destino. “Contra Newell´s, yo pondría a la novena (la división de juveniles más pequeños del club)”, dijo Diego Cagna, capitán del equipo. Con la excusa de que el club está disputando la Copa Sudamericana, Boca puso en el campo a una enorme mayoría de jugadores suplentes que, además, no hicieron muchos esfuerzos para impedir el triunfo de Newell´s por 3 a 1. A su vez, los fanáticos de Rosario Central, el máximo rival de Newell´s, también les dieron la orden a sus jugadores de “ir para atrás” (expresión que se utiliza en la Argentina para designar la actitud de entregar un partido a los rivales) cuando enfrentaran a los rivales directos de sus “enemigos” en la lucha por el título. Emanuel Villa, centrodelantero del equipo, lo reconoció: “Si los hinchas quieren que perdamos, nosotros lo vamos a hacer”.

¿Hay algún modo de impedir esto? ¿Alguien puede pedir una sanción contra los jugadores de Boca? No, ya que el reglamento contempla un castigo para el soborno, pero no considera siquiera la posibilidad de que un equipo se deje ganar por propia voluntad. Pero además, estos hechos ocultan algo más grave: los futbolistas no pueden rechazar el mandato “perdedor” de los hinchas por temor a represalias. En voz baja, más de uno lo dice. Nadie quiere entregar un encuentro, pero todos saben que si marcan un gol contra la voluntad de su barra brava pueden tener problemas en el futuro, ya sea por alguna sorpresa desagradable o simplemente porque los aficionados luego reclamarán una y otra vez a los directivos que ese jugador abandone el club. En estas condiciones jugar a perder, para algunos puede significar una victoria personal.
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