El síndrome de Nicaragua
Leonel Arana
El síndrome más grave que sufrimos los nicaragüenses, tanto los de adentro como casi en igual medida los de afuera, es nuestra incapacidad de mantenernos unidos, respetarnos mutuamente y trabajar en forma colegiada. Dados a escoger entre triunfar unidos o fracasar por separado, preferimos el fracaso. Entre ser colmillo de tigre o cabeza de zancudo, escogemos esto último.
Las pruebas abundan. De cada organización que se forma, sea política, cívica o comercial a las pocas semanas aparecen los disidentes, muchas veces ofendidos por un punto o una coma o porque fulanito quería el puesto de zutanito y no se lo dieron, que corren a formar nuevos grupos a veces conservando hasta el nombre original o parte del mismo. No debe extrañarnos entonces que en Nicaragua no existan las sociedades anónimas en su verdadero sentido de distribución de la propiedad con una administración central, pues ello representa algo contrario a nuestra idiosincrasia y que las cooperativas han corrido igual suerte. El resultado es que somos un país de changarros que no tiene empresas capaces de darnos la oportunidad de crecer y desarrollarnos.
Las elecciones municipales del pasado 7 de noviembre fueron una confirmación de este modo de ser. Aparte del FSLN que tiene el mérito de conservar unidas a las fuerzas de izquierda, el centro y la derecha llegaron divididos en 10 diferentes partidos, cada uno a su vez subdividido en dos o más grupos vociferantes y por lo menos otras tantas variantes se quedaron fuera de la contienda no porque se hubieran unido a alguno de los participantes, sino porque no pudieron obtener las firmas necesarias para poder participar por su propia cuenta.
Las propuestas hechas a nuestros políticos de enterrar el machete fratricida y unirse para así poder alcanzar el triunfo frente a un rival disciplinado que no se divide, les sonó a muchos de nuestros políticos peor que una mentada de madre y prefirieron ser destruidos individualmente a triunfar unidos.
Como resultado, de los 10 partidos de centro derecha 8 perdieron ya su personería jurídica por no llegar al 4 por ciento mínimo, y Yatama es un partido regional. De cara a las próximas elecciones que serán por la Presidencia de la República y por la Asamblea Nacional, los sobrevivientes PLC y Apre siguen dispuestos a mantener la división y desde ya están enfrascados en una lucha sin cuartel por capturar cada uno para sí parte de los despojos del pasado 7 de noviembre, garantizando lo que sería el resultado inevitable del divisionismo: el triunfo del FSLN.
La ciudadanía consciente no debe permitir que empecinados en su lucha fratricida estos dos grupos que solos y por su cuenta son incapaces de vencer al FSLN, arrojen el país al abismo como sus dirigentes en su egoísmo están dispuestos a hacer.
El autor es ingeniero. Reside en Miami.

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