Nada personal
Rivero con la palabra
Douglas Carcache
Esperemos a que nos cuente Raúl Rivero. Este periodista cubano, quien estuvo preso durante 20 meses, tiene ahora la palabra porque en la cárcel conoció las mil y una historia de los cubanos oprimidos y perseguidos por un régimen que no acepta ni oposición ni crítica.
Fidel Castro, quien cumplirá en enero 46 años de mandar en Cuba, tuvo que poner en libertad a Rivero la semana pasada por la presión constante de gobiernos europeos, incluido el socialista de España.
Sin embargo, quedan decenas de periodistas y opositores presos en Cuba, la mayoría capturados en marzo del 2003, lo que ha dejado al borde de la desaparición al movimiento de periodismo independiente dentro de la isla, liderado por personajes como Rivero, quien además es poeta.
“No hay nadie para reiniciar ese sueño de la prensa independiente, porque muchos están presos y otros que son liberados quieren emigrar”, dijo Rivero a El Nuevo Herald horas después de abandonar la prisión.
La dictadura cubana machacó al movimiento periodístico, pero nunca podrá impedir que Rivero escriba. Presionado, Castro liberó a unos cuantos opositores famosos y lo más probable es que el resto quede enrejado por diez o veinte años. Sus historias, sin embargo, están ahí y tarde o temprano verán la luz, como crónicas o como libros.
Rivero, antes de ser apresado por publicar una revista independiente y escribir noticias para medios extranjeros, elaboró una serie de notas que fueron reunidas en el libro Pruebas de contacto.
“Lo más doloroso y molesto de la vida bajo la represión no es el golpe, el maltrato y la cárcel, sino el puño en el aire, la ofensa en el directo y el ruido permanente de las llaves del calabozo en la memoria”, dice Rivero en Pruebas de contacto. “Ése es el condimento de la cotidianidad con el que se aprende a convivir mientras llega la prisión o el exilio”.
Luego, en prisión, Rivero se percató que “una cárcel es un recinto lleno de dramas individuales” que, a él, hasta le permitieron meditar sobre su propia existencia. Por eso quiere continuar escribiendo y relatar las historias de los encarcelados en Cuba, que es también una manera de luchar por sus colegas presos.
Fuera de Cuba, algunos amigos de Fidel Castro igual amenazan la libertad de prensa. En Nicaragua, los diputados sandinistas quieren doblegar a los medios de comunicación con presiones económicas, porque aún no pueden hacerlo con censura.
En Venezuela, los diputados afines al presidente Hugo Chávez aprobaron una ley que regula la programación de la radio y la televisión, supuestamente para que no difundan mensajes sobre sexo y violencia entre las siete de la mañana y las 11 de la noche.
Las televisoras y las radioemisoras sólo tendrán libertad entre las doce de la noche y las cinco de la madrugada, porque el resto del tiempo se exponen a multas millonarias si desobedecen los controles o censuras de ese régimen “revolucionario”.

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