LUNES 5 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23501 / ACTUALIZADA 11:43 pm





EL HUMOR DE



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Reflexiones sobre el suicidio

Vicente Maltez Montiel*

Leyendo un informe mundial sobre el suicidio muchas interrogantes inquietan. ¿Se suicidan menos las personas que viven en países desarrollados comparados con los nicaragüenses atribulados de problemas de todo tipo? ¿Qué caracteriza a los países donde las personas se quitan más la vida por su propia mano y cuáles son las lecciones que debemos aprender?

En Nicaragua se produce de uno a tres suicidios por día, como promedio y con la tendencia de una mayor prevalencia de jóvenes. (Todavía recuerdo el pacto suicida de cuatro adolescentes de un barrio proletario de la capital). Los plaguicidas de todo tipo encabezados por fosfuro de aluminio o gastoxin (“pastilla del amor”), las armas de fuego y el estrangulamiento son los principales métodos en nuestro medio.

Japón, la segunda economía del mundo, llama la atención. El pasado año, 32 mil japoneses se quitaron la vida (2.5 por ciento de su población) al arrojarse a las vías férreas, lo que ha obligado a colocar puertas dobles en trenes, así como cobrarle a los familiares los gastos en que incurre el Estado con los restos mortales del suicida.

A pesar de ser considerado como “una de las sociedades mas desarrolladas del mundo”, en el puesto 44 del Índice de Desarrollo Humano ONU, con baja criminalidad y alta educación, hay muchas personas que sufren de desesperanza. Según el Almanaque Mundial 2004, “la población japonesa ha pagado el alto precio de su desarrollo al faltarle tiempo para la convivencia familiar, el ocio, la cultura y el descanso”.

Los asiáticos tienen una forma diferente de ver la muerte y el suicidio. Sri Lanka tiene las tasas más altas de suicidio en el mundo, seguido de China donde predominan las mujeres, y de la India, países éstos donde la decisión de quitarse la existencia se da por ejemplo en la infidelidad, romances desgraciados, pobreza, pleitos con los suegros o cónyuges, problemas con la dote o simplemente forma parte de un mecanismo de combate político-militar, al mejor estilo de la jihad islámica.

Los herbicidas, el lanzarse a las vías férreas, ahorcarse, ingerir plantas o frutas reconocidamente venenosas, armas de fuego, barbitúricos que se venden sin receta, lanzarse al vacío desde altos edificios (Hong Kong), etc., son los métodos comunes.

Está demostrado que cuando al suicidio se le da gran publicidad puede motivar conductas semejantes en otras personas, especialmente adolescentes. Son los llamados “suicidios imitativos”. De ahí la importancia de llamar la atención a la tristemente célebres tabletas de gastoxin (fosfuro de aluminio) que son un veneno efectivo para eliminar gorgojos en trojes cerrados. Cuando comenzaron a ser utilizadas para quitarse la vida, por más de un enamorado decepcionado, los medios de comunicación le llamaron “la pastilla del amor” y con sus lamentables descripciones del ritual suicida indicaron la dosis mortal que otros han seguido y seguirán al pie de la letra.

La resolución del Ministerio de Agricultura de sacar de circulación a partir de junio del próximo año el fosfuro de aluminio en su presentación actual y permitir su reintroducción a través de “nuevas presentaciones comerciales”, ofrece a los medios de todo tipo la oportunidad de un manejo prudente y ético del tema del suicidio. Queda planteado el reto.

* El autor es especialistay profesor de medicina interna
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