MARTES 13 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23509 / ACTUALIZADA 12:33 am





EL HUMOR DE



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Leonel Arana Guzmán: organizador del Congreso de la Diáspora
“Hay que atraer al pequeño inversionista nicaragüense”

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. Los nicaragüenses en el exterior quieren alertar al Gobierno de Nicaragua de que entre los compatriotas migrantes pueden haber miles de inversionistas para levantar la economía del país centroamericano
. Leonel Arana cree que la única forma de capitalizar a Nicaragua es cautivando a los inversionistas menores

 

Douglas Carcache

Es un administrador de empresas con mucha experiencia. Trabajó por décadas para la International Business Machine (IBM) y ha sido consultor en mercadeo de transnacionales de Corea. Leonel Arana es también uno de los ciudadanos de Nicaragua que abandonó este país al comenzar la década de 1980 y mañana sábado estará en el Primer Congreso de la Diáspora Nicaragüense, en Miami, evento al que ha dedicado por lo menos un año de trabajo, como miembro del grupo consultivo.

¿Cuándo comenzaron a organizar este congreso?

Esta idea tiene rato. No es de ayer. Por lo menos de que yo lo haya estado discutiendo en el seno del MNN (Movimiento Nación Nicaragüense), que es una organización cívica nuestra, llevamos un año. Habíamos esperado a ver si había una reacción más positiva y se nos empujó a todos a que lo hiciéramos, porque la gente empezó a reclamar: “y bueno, qué pasó, queremos unirnos”. Queremos tener una alianza de organizaciones y exponer nuestras diferentes ideas y tener una voz única.

¿Qué es lo que más les interesa decir?

El asunto de la cédula es importantísimo, pero no es el único. Tenemos las leyes vendetas... Vos vivís en Miami y no tenés derecho, aunque seás nicaragüense, de aspirar a un cargo político (en Nicaragua). Me parece que es algo punitivo.

Pero ustedes han apoyado a los últimos presidentes de Nicaragua en sus campañas en Miami.

Yo vine a Nicaragua a hacer campaña y anduve por todo Rivas... Pero están las inhibiciones políticas en la Constitución reformada de 1995, que no se puede ser embajador, ministro, diputado...

¿Le han planteado este problema

al Gobierno y a los políticos en Nicaragua?


Sí. La reacción que han tenido ha sido favorable, pero fría. De parte del doctor Rizo, de parte de José Antonio Alvarado están en contra de esas inhibiciones. Están de acuerdo con que deberían ser eliminadas. Nos lo han comentado, en comentarios personales, porque no ha habido nunca un planteo como tal vez vaya a haber ahora. Yo hablé con Bolaños (Enrique) sobre eso y me dijo: “Me parece muy largo el tiempo, debería ser menos”. Yo le dije que en realidad no hace falta que haya ni menos ni más. Nosotros estamos tan al tanto de lo que está ocurriendo y tal vez mejor, porque no estamos metidos en esa discusión diaria de que si Alemán (Arnoldo) va a La Modelo (cárcel), que si va para El Chile (su hacienda), porque yo creo que aquí (en Nicaragua) se pierde mucho tiempo en todas esas tonterías.

¿Qué propone?

Nos interesa que Nicaragua se enrumbe hacia el camino del progreso, que hiciera algo como lo que hizo Corea. Te voy a contar una experiencia personal. Estuve de consultor de un grupo coreano y las primeras veces que me reuní con ellos en Seúl, yo nunca había ido a Corea. Estamos hablando del año 94. Tenía mi enciclopedia y dije, voy a estudiar lo más que pueda de Corea para no llegar ignorante; y la enciclopedia decía: “Corea, país pobre, subdesarrollado, la gente pasa hambre...” Llego a Corea y es una de las ciudades más modernas del mundo, y más ricas. Me asusté que el taxi tenía una computadora para darme el recibo y una pantalla de GPS para buscar las calles de menor tráfico. Estoy hablando de hace diez años. Estaban haciendo unos 50 edificios de más de 30 pisos, era una modernidad increíble y eso ocurrió en un plazo de 30 años. Me puse a ver cómo prosperó Corea, le preguntaba a mis amigos coreanos y fue la revolución en la educación. La guerra los había destruido, igual que a nosotros, pero ellos empezaron a competir contra Japón y uno de esos grandes orgullos de todo coreano es que sus padres pasaron hambre y que ellos son ricos a base de trabajar 24 horas o 25 si pudieran. Una de las cosas que te mencionan siempre es que la Universidad de Seúl, dicen ellos, hoy tiene más prestigio en Asia que la Universidad de Tokio.

¿Cómo ve a Nicaragua en ese campo?

Vemos en el Plan Nacional de Desarrollo, por ejemplo, que estamos queriendo hacer lo que hacía Pedrarias. Habla de exportar otra vez “comodities”, carne, cereales, de atraer maquilas. La maquila viene por la mano de obra barata. No se habla de una transformación a través de la educación.

¿Qué cambios le haría al plan?

Énfasis en la educación, que el Gobierno tome una posición activa en el desarrollo económico, que no sea dejar hacer a la empresa privada y abrir las puertas, porque yo creo que ya tenemos experiencia de que la inversión mayoritaria que ha venido a Nicaragua... Bueno, es bien recibida porque no tenemos nada, pero aquí tenemos una maquila haciendo ropa y Costa Rica tiene a Intel con inversiones de cuatro mil millones de dólares, haciendo chips de computadoras y eso demanda otra clase de trabajador, pagan otros salarios, hay otro estándar de vida, hay un progreso.

¿Cree usted que en Nicaragua

hay recelos políticos hacia los nicaragüenses que viven en el extranjero?


Quisiera creer lo contrario, pero es posible que no se haya superado... Todavía existe aquí la idea de que trabajar en el Gobierno es un premio. Si vos lo ves desde ese ángulo, vas a defender tus oportunidades. Si uno piensa que trabajar para el Gobierno es una oportunidad de servir, no lo va a defender de la misma manera.

¿Qué contradicciones hay entre

los nicas en el exterior, por razones ideológicas?


Debemos distinguir no por banderas, que si soy PLD, que si soy PLC... O creemos en la democracia representativa y participativa, o no creemos en ella. Anteponemos las teorías políticas a la persona o la persona a las teorías políticas. Nicaragua tiene una situación grave, estamos exportando 550 millones de dólares y no nos movemos de allí. Ése es el verdadero problema de Nicaragua. En el año 77 Nicaragua exportó 900 millones de dólares, de aquella época. Creo que es el triple de lo de hoy. O sea que para estar en el nivel de pobreza en que estábamos en el 77, deberíamos estar exportando tres mil millones de dólares; y con el cambio tecnológico y el progreso deberíamos andar por los seis mil millones. Es una barbaridad que estemos en 500. No podemos seguir exportando arroz, frijoles y carne; debemos exportar cosas procesadas.

¿Cuánto talento hay entre la diáspora nicaragüense que puede ser aprovechado en Nicaragua?

Son cientos de muchachos que tienen allá doctorados y carreras técnicas. Conozco a un joven del MIT que trabaja diseñando chips de computadoras para Intel y una doctora en química, de la Universidad de Cornell que está diseñando medicinas para el cáncer. Es un equipo y son chavalos. Conozco a otra muchacha que se graduó de física y de ingeniero mecánico y está diseñando el carro híbrido. Ella trabaja en la Ford con su marido.

¿Y esa nueva generación, que no nació en Nicaragua o se fueron pequeños, ven a este país con el mismo cariño que ustedes?

Fijáte que no. Uno quiere a Nicaragua porque aquí nació, aquí se educó, aquí se casó, aquí lo sacaron y lo confiscaron y lo echaron, pero el cariño no se pierde. Los hijos le dicen a uno, a los viejos como nosotros, “ve, papá, vos estás loco, en ese país primero te confiscaron, después te sacaron del país, te robaron, ahora llegás allí y no sos ciudadano y no podés abrir ni una cuenta bancaria... ¿Qué carajo vas a hacer allí? Yo voy a ir a pasear —dicen—, pero ese es un país que no se compone”.

¿Se imagina las consecuencias

que puede tener esa apatía?


Por ejemplo, en el caso de las remesas, a medida que la nueva generación se vaya separando de la otra, ese nexo de la ayuda se va a perder, van a empezar a perder velocidad. Yo no le veo a Nicaragua que tenga la conciencia, el Gobierno y la sociedad civil, de que hay que transformarse... No vamos a salir de la pobreza ni que recupere el café, porque cuando el café estaba a buen precio el cafetalero ganaba pero los mozos no; y por cada cafetalero había cien mozos. Cómo va a prosperar un país si uno se hace rico y cien están en la miseria. Lo que vos querés es que el rico se haga más rico, pero que los cien que trabajan sean clase media.

¿Cambiará eso con el tratado de libre comercio con Estados Unidos (Cafta)?

Es una oportunidad, pero es una oportunidad peluda. ¿Qué vamos a exportar nosotros dentro del Cafta? Carne, frijoles y mercancías que en Estados Unidos están subsidiadas. El agricultor nicaragüense va a tener que competir con un productor gringo que tiene mil ventajas. El productor gringo, cuando pide un préstamo se lo dan al tres por ciento, por lo tanto tiene más acceso a capital, es más productivo porque tiene maquinaria de menor costo; tiene mejores puertos, mejores carreteras, mejores seguros, y además de esas ventajas viene el Gobierno y le garantiza un precio. El Gobierno de Estados Unidos le mete 22 mil, 23 mil millones de dólares en subsidio a sus rubros.

¿Qué opción puede tener la economía de Nicaragua con el respaldo de la diáspora?

Hay que capitalizar. La única forma de que se capitalice es que haya inversionistas minoritarios comprando acciones en empresas nicaragüenses. No vamos a decir que va a venir un Bill Gates nicaragüense a traer tres mil millones de dólares, porque eso no existe, pero pueden venir cien mil nicaragüenses con diez mil dólares cada uno, o con 50 mil, y eso es un montón de reales. La diáspora son un millón 800 mil personas y yo creo que la gran mayoría tiene 15 mil o 20 mil dólares, el 90 por ciento, aún los que andan cortando jardines. Compran su finquita en Chinandega, lo hacen. Si Nicaragua quiere sacarle el jugo al Cafta tiene que transformar su producción, y si vamos a vender frijoles hay que venderlos enlatados, si vamos a exportar pescado hay que venderlo enlatado, si vamos a vender frutas hay que deshidratarlas y enlatarlas. Necesitamos plantas, porque eso ya se sale del terreno de los subsidios.

¿Quiere decir que los inversionistas hay que buscarlos entre los nicas de afuera?

Hay que buscar formas para atraer al inversionista pequeño nicaragüense, de afuera. Una de ellas es darle la seguridad de que no le van a dar vuelta los socios de aquí. Deberían cambiar el código de comercio, de manera que se garantice la transparencia, para que le dé confianza al inversionista pequeño. En Estados Unidos el gran éxito de las enormes compañías es que tienen tres o cuatro millones de accionistas. Vos comprás en la bolsa una acción de la Ford y te venden una en 40 dólares mañana y todo el mundo tiene. Los nicas tienen. No digo que tienen un capital, pero si vos querés comprar mañana dos mil dólares en acciones, te los venden. Ése es dinero que le está entrando a las compañías. Ese concepto en Nicaragua no existe.

¿En qué trabaja usted en Miami?

Yo trabajé 30 años con la IBM, una compañía multinacional, yo fui gerente en Nicaragua. Trabajé en la casa matriz en Estados Unidos, en Nueva York. Fui consultor de marketing para un grupo coreano, para Latinoamérica. Yo tengo algunas inversiones que me permiten ser autosuficiente. O sea yo, por mi situación personal, no me voy a venir a Nicaragua.

¿Invertiría en Nicaragua?

Podría, a mi nivel, verdad.

¿En qué?

Creo que en agroindustria. Es la etapa lógica siguiente de un país que es agrícola; es procesar lo que produce en el campo. Aquí se pierden todas la frutas. Yo compro mangos deshidratados, disecados, que vienen de Malasia. Te cuesta cuatro dólares un paquetito. Nicaragua es un gran productor de frutas que se pierden.

¿Cuándo se fue usted de Nicaragua?

En 1980. A mí me trasladó la compañía.

¿Lo confiscaron?

Perdí algo, sí.

¿No siente rencor por eso?

Ya me pasó. Son muchos años ya. No se puede estar guardando rencores.

¿Qué pensarían los líderes de la diáspora si los sandinistas volvieran al poder?

Este doctor Alemán hizo algo terrible cuando reformó, creo que la Ley Electoral, que se pueda ganar (la Presidencia) con un 35 por ciento de los votos. Eso nos puede llevar a una situación como la que vivió Chile. Allende (Salvador) ganó como con un 36 por ciento.

¿Se caerían los proyectos de la Unión de la Diáspora?

No veamos sólo lo negativo... Aquí lo más importante es que haya respeto por la persona y que haya prosperidad.
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