MARTES 13 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23509 / ACTUALIZADA 12:33 am





EL HUMOR DE




Antiética lógica de las masas nos domina

Lincoln Escobar Reyes*

¿Qué hemos hecho los nicaragüenses para empobrecer tanto a nuestro país?

En 1989 nos ganamos el deshonroso primer lugar a nivel mundial como el país con la más alta deuda externa per cápita, y llevamos más de dos décadas de ser el segundo país más pobre de América Latina. Los niveles de inflación alcanzados a inicios de 1990 y los problemas vinculados a la propiedad a raíz de la conocida “piñata sandinista” también nos ha ubicado entre los primeros puestos en el Continente Americano. No existe extranjero que haya residido en Nicaragua que no se asombre de la cantidad de conflictos que se dan dentro de nuestra clase política y del elevado nivel de partidarización de nuestro sistema judicial.

La explicación a toda esta penosa realidad la planteo en un libro que recientemente publiqué titulado El líder ético donde concluyo que estamos dominados por “La lógica de las masas”, que no es nada más que una lógica de comportamiento antiético. Una lógica que nosotros mismos hemos creado y que lleva a nuestros políticos a tomar como propios los consejos amorales de Maquiavelo, de su obra El Príncipe, como si fuera la Biblia del político hábil; y hasta afirmar que “en política no existe la traición” o que “no hay político que no robe, lo importante es que además haga algo por el pueblo”. Esa lógica antiética nos hace creer que un buen político es el que destruye a su adversario y el que se erige como caudillo.

La lógica de las masas conduce a que califiquemos de tonto al empresario que paga sus impuestos cabalmente (porque “nadie lo hace” o porque el Gobierno de turno “los mal usa”) y de hábil al empresario que logra introducir de contrabando su mercancía importada. Premiamos con limosna a los niños que piden en los semáforos, pero no le compramos nada al niño que vende chicles.

Dentro de esta lógica es viveza “pegarse” a las tuberías de agua y a los postes de luz para evitar pagar lo que nos corresponde por recibir ese servicio (aún personas pudientes). Nos sentimos orgullosos e identificados con el Güegüense por ser “guatusero” y “matrero” y en cambio, cuando alguien honesto y sincero se mete a político decimos que “es demasiado bueno para ser político”, dejando establecido de esa manera que para ser político hay que ser malo y deshonesto.

Nos sentimos orgullosos de que nuestro hijo varón, soltero o casado, tenga una elevada actividad sexual con muchas mujeres, sin analizar todas sus consecuencias y sin considerar que entre ellas está la hija y la futura madre de otro nicaragüense. Nos hemos vuelto expertos en reclamar nuestros derechos pero evitamos siquiera hablar de nuestros deberes. Y así podría seguir mencionando un sinnúmero de actitudes orientadas por valores antiéticos en todos los ámbitos.

Es fácil entonces comprender por qué estamos como estamos. Afortunadamente no todo está perdido, todos tenemos una parte ética en nuestro ser que podemos perfectamente desarrollar para cambiar esa “lógica de las masas” por una “lógica ética”. Desde el más humilde desempleado puede aportar en la construcción de esa nueva lógica dándole el ejemplo de firmeza moral a su familia en las adversidades, el obrero entregándose al trabajo con eficiencia y mejorando su productividad, el empresario pagando cabalmente sus impuestos y tratando como humano y socio a sus empleados.

Si todos nos comprometiéramos a realizar esos cambios individuales, auto exigiéndonos a nosotros mismos, vamos a ser capaces de generar una nueva lógica sustentada en la ética y que obligará a nuestra clase política a aceptar las nuevas reglas del juego.

Sólo la lógica ética puede reproducir líderes éticos que sustituirán a los caudillos, principales responsables del empobrecimiento de nuestra querida Nicaragua.

* El autor es diplomático
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