DOMINGO 18 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23514 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE



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Huyamos del mundanal ruido

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Guillermo Rothschuh Tablada

Estimado Sergio: Estaba equivocado, yo creía que sólo Juigalpa era la ciudad del ruido. Su ciudad natal, Masatepe, ya cayó de los coribantes. "Juigalpa es una vaca echada en pleno llano, a quien los perros ladran sin lograr levantarla". Hacía referencia a la pereza remarcada por Thomás Belt, en el siglo XIX. Ahora la ciudad ha caído en una charanga y ocio desmedidos. Tenemos tantas cantinas que ya el jefe de Policía ha congelado su apertura. Además, la Iglesia es la principal bullanguera. Morterazos en junio: en honor de San Juan, San Luis, San Guillermo, la Virgen del Socorro, San Pedro y San Pablo. Parece que el cielo se va a desplomar. Le hacen competencia a los universitarios. Diezmo versus seis por ciento.

Salimos huyendo hacia la provincia y nos fue peor. Nos sigue acosando el mundanal ruido. Aquí el panorama es el mismo: bailongos, marchas de estudiantes y de modas despampanantes, rifas, aniversarios, y lo peor, esos desfiles hípicos, donde los pudientes obesos se pasean en caballos andaluces de hasta 70 mil dólares. Que ya no es “el ruido que forman las armas de los caballeros”, y menos, “que el paso acompasan con ritmos marciales”. No es la pequeña tropa que perturbó a Rubén, todavía engolfado en su "pituita matutina". Es nuestra burguesía municipal y espesa. Por el momento creo que habrá que soportarlos. Porque la anarquía sigue su cauce infinito. Don Enrique sordo —el teutón sordo y ciego— sólo escuchando a los hermanos De Franco. Este Gobierno es franquista. Don Enrique no escucha nada: o está fuera del país o anda volando—alto—en el helicóptero amarillo de don Carlos Pellas. Pasa de Nueva York a Nueva Guinea y a Nueva Segovia. He aquí la Nueva Era. El erario nacional roto por todos lados.

Don Enrique no escucha los llantos de Las Tunas, los del Nemagón ni los correntones del Prinzapolka. El se pasa escuchando las palabras ensalivadas de su valido Montealegre. Del vacilante Montealegre. Ratoncito tramposo que sólo escucha el ruido de las libras esterlinas, y que deseaba pasarse la vida brincando de trampa en trampa. El doctor Montealegre es el representante natural de los bancos nacionales y extranjeros: TLC y PLC. Ratoncito de oro, si sale de las bodegas del capo, muere. Por favor Tulita y Sergio, soportemos esta tragedia nacional, nunca volvamos a la capital, que ella es un largo basurero atrapado entre la zona rosa y el lago de cristal. Dejemos allí el ruido de Telémaco y sus mirmidones. Y dejemos que sus oídos estallen para que no vuelvan a escuchar a "Oreja de Burro" y menos a Beethoven, el gran teutón sordo a los requerimientos del César, pero con grandes desgarraduras que traspasaron el umbral del sonido. Surtidores de ruidos que devinieron en grandes sonatas y más grandes sinfonías. Y mientras las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora, dejemos que Mario Tapia pula sus regios espolones.

El autor es Miembro de Número de la Academia Nicaragüense de la Lengua.
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