Acerca de La verdadera historia de Johnny White y Billy Black
Róger Mendieta Alfaro/(Narrador)
Esta historia que comienza en Denver es divertida y está alegremente escrita. Y es que el lector, cuando menos lo piensa, se ve involucrado en el apasionante mundo de la ficción, en que Johnny White y Billy Black protagonizan el embrollo vertido en el libro.
Todo comienza desde una plática de presos, en que un tal profesor Benedictus Santoris —observador del vecindario por el hueco del biombo, o el apetitoso hoyo de la cerradura— abre el baúl de sus correrías, cuando advierte que su interlocutor es de Nicaragua, país del que ignora todo, menos la fama de un gran mentiroso, narrador de cuentos, de apellido Menocal, que había vivido en Denver o en Boulder.
Bajo el rigor del aburrimiento y la holgura de los bostezos en que los temas de la conversación parecían agotados, fue que surgió el chispazo en la computadora de la mente, y entró en el escenario, orondo, flamante y campante el relato del periodista Ralph Dark, sobre La verdadera historia de Johnny White y Billy Black.
Esto dio lugar a que el escritor quedase de súbito manos contra la pared, y Johnny White con Billy Black, protagonistas de la historia, confiscaran la afición del narrador y levantaran tienda dentro del libro.
Enrique, además de psicólogo es historiador, relator de anécdotas, escritor de cuentos y desenterrador de personajes que en algún momento tuvieron que ver con la historia de película como la justiciera y terrible doña Damiana, uno de sus fascinantes relatos.
Es interesante cómo el escritor Enrique Alvarado para suavizar esta mimesis entre violencia y mascarada de La verdadera historia, y la truculencia en que abundan los personajes, recurre al recurso de suavizar las cosas, logrando que toda la tramoya huela a jardín y huerto aderezado con notas musicales. Transforma pues, el espacio narrativo en verdadero tiangue lírico y frugal. Abundan los exquisitos nombres de Sherry, Plum, Melon, Strawberry, Pineapple haciendo juego armonioso con los de White, Black, Pine, Grey, Garlic, Lira, acordeón y Vanboo, etc.
La verdadera historia de Johnny White y Billy Black nos sabe a plato costumbrista literario, pero de peso que entotorota el espacio mental y conduce a cierta paz de espíritu y sabroso relajamiento.
Enrique, a su manera, y con su modito de diplomático y psicólogo, penetra, lanza en ristre circos, cárceles, prostíbulos, cortes de injusticia, tribunales de recuentos y cuentos electorales, de iluminados y fundadores de los insustituibles tiempos perpetuos, de fastidiosos profetas apocalípticos que no aterrizan ni despejan la pista para ver si aterriza —si es que va a aterrizar— el inválido hombre nuevo que ya tiene canas y barbas con estar flotando en el aire. 
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