Especial
Relato desde el infierno
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El testimonio de un periodista que se quedó en Faluya durante la ofensiva de Estados Unidos |
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Los cadáveres están por doquier en Faluya: en las calles, en casas, en edificios, en recintos usados como cárceles clandestinas por los insurgentes para mantener a rehenes o como cámaras secretas de ejecución.
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Sammy Ketz BAGDAD/AFP
El corresponsal iraquí de la AFP en Faluya vivió una verdadera odisea en la que tuvo que esconderse de casa en casa, alimentarse con comida rancia, esquivar las balas de francotiradores estadounidenses y luchar en vano por cruzar el Eufrates, hasta que por fin un médico militar iraquí decidió ayudarle.
Ésta es la historia de lo que vivió día a día Fares Dlimi hasta que llegó el lunes a Bagdad procedente de Faluya, su ciudad, en la que decidió quedarse voluntariamente.
LUNES 8 DE NOVIEMBRE
Hacia las siete de la noche, un diluvio de fuego cayó en el barrio norte de Mualimin, cuando Dlimi se encontraba en una casa cerca de la mezquita Baddaui. A partir de la periferia norte, los tanques y la artillería disparaban contra todas las viviendas y se vio obligado a desplazarse “saltando de casa en casa”. El tableteo de las ametralladoras era intenso. “Los combatientes nos piden que nos retiremos hacia la retaguardia y debo pasar la noche en una casa abandonada”, dijo.
MARTES 9 DE NOVIEMBRE
“Quiero llegar a mi domicilio en el barrio Nazal (sur de la ciudad) pero renuncio pues es demasiado peligroso”, relató. En el barrio Mualimin “ni una sola casa se ha salvado. Todas las calzadas estaban acribilladas de agujeros provocados por las bombas. Los tanques estadounidenses avanzaban por las dos calles principales que van de norte a sur, pero de las ruinas surgían combatientes que atacaban a los blindados. Los combates causaban estragos. En la mañana, Fares Dlimi se reunió con un jefe rebelde que le declaró: “Dejamos entrar los tanques para que cesen los bombardeos y para poderlos combatir cara a cara”.
El periodista de la AFP afirma haber visto por la mañana dos tanques en llamas en una de las calles que llevan al sur y a otros blindados dar marcha atrás, pero en la tarde, los tanques volvieron a avanzar.
“Las explosiones son tan potentes que me levantan literalmente del suelo. Corro por las callejuelas. Me caen encima polvo, ladrillos y trozos de metal. Pierdo el conocimiento y cuando abro los ojos me encuentro en una casa. Seguramente me recogieron y me pusieron al abrigo”, relató.
Cuando volvió en sí, ya era de noche; de todas maneras decidió continuar hacia el sur. Para ello tenía que atravesar la Calle 40, una arteria que cruza el barrio de este a oeste, bajo el fuego de los francotiradores estadounidenses.
“Corro como loco. La calzada está sembrada de cadáveres y hay heridos que se quejan, implorando en vano ser socorridos, pero nadie puede ayudarlos”, explicó.
Para dormir, el periodista buscó una casa en el barrio, con tanta suerte que tenía un depósito de agua. “Tenía la garganta reseca y esta agua fue una verdadera bendición”, recordó.
MIÉRCOLES 10 DE NOVIEMBRE
Violentos combates se libraban en la intersección de la Calle 40 y de una arteria que viene del norte.
“El ruido es ensordecedor. Veo tanques en llamas y a combatientes que se lanzan a la batalla con total desprecio de sus vidas. Se apoderaron de los tanques abandonados y comenzaban a maniobrar con ellos cuando aparecieron dos aviones que dispararon misiles”, prosiguió.
Las casas estaban literalmente perforadas, en ruinas. Dlimi pasó delante de la casa en llamas del corresponsal de Al Yazira, Abú Bakr Dulaimi. Los vecinos le dijeron que éste resultó gravemente herido en los bombardeos. Continuó su camino hacia el sur y en la noche consiguió llegar al dispensario público bombardeado unas horas antes.
“El olor de la muerte está en todas partes. Veo a perros y gatos devorar cadáveres en las calles”, explicó. Agotado, deja de hablar unos instantes, como si estuviera ausente, antes de volver a su relato.
Durante la noche, atravesó la calle principal y llegó al sur, al barrio Andalus, poblado por numerosas familias que han huido de los bombardeos al norte.
JUEVES 11 DE NOVIEMBRE
Se dirigió a su casa en Nazal (centro sur) y cuando quiso tomar su automóvil para llegar a Azraghiah, al noroeste de la orilla del río, se dio cuenta de que ha desaparecido. Un vecino se lo ha llevado, pero el vehículo ha sido alcanzado por un obús y se ha incendiado en la calle principal con su ocupante en el interior.
En ese momento se encontró con combatientes llegados del norte: según éstos, en Jolan (noroeste) había todavía muchos decididos a pelear hasta la muerte. Otros insurgentes ubicados en el sur estaban listos a combatir.
Dlimi se dirigió hacia el río. “Según los rumores se podía atravesar el río en embarcaciones, pero los francotiradores disparaban desde la orilla opuesta”, recordó.
Decidió entonces atravesar el río a nado, bajó a través de los cañaverales, pero los helicópteros comenzaron a disparar. Volvió al barrio Andalus. “Toda la noche escuchó los llantos y lamentos de las mujeres. Tenía el sentimiento de estar en el día del juicio final”, dijo. Durmió en una casa ocupada por varias familias.
VIERNES 12 DE NOVIEMBRE
Las fuerzas estadounidenses controlaban las principales arterias. Por altavoces llamaban a los rebeldes que quisieran rendirse a dirigirse a la mezquita Fardús, en una calle del sur. Sus compañeros de la noche decidieron ir, pero él temía que se tratase de una trampa.
Yendo de casa en casa, en una de ellas descubrió los cadáveres de cuatro hombres muertos de un balazo en la cabeza.
Huyó. “Me fui corriendo cuando escuché gritos en una casa. Entré y vi una mujer con una niña de 12 años, un niño de 10 años herido en la pierna y tres hombres tirados en el suelo”. La mujer le contó que los estadounidenses entraron y los mataron.
“La mujer estaba aterrorizada. Le dije entonces que tomara la camisa blanca de su difunto marido y me acompañara hasta la mezquita. Estaba paralizada. Tomé al niño herido en brazos y nos fuimos. Había una muchedumbre en el interior”. El ejército iraquí estaba presente en la mezquita.
En camionetas, los soldados iraquíes llevaron a las familias hasta la mezquita Furqan, en la parte norte de la ciudad. Los heridos recibieron los primeros auxilios y los hombres solos fueron separados de sus familias.
Poco después, Dlimi, la madre y sus dos hijos fueron conducidos por el ejército iraquí hasta la estación ferroviaria, en los límites de la ciudad. Había allí unas 1,500 personas.
Un encapuchado designaba con el dedo a los que eran combatientes y 25 jóvenes fueron inmediatamente arrestados. Luego, los soldados pulverizaron un producto sobre cada hombre para determinar la presencia de pólvora y probar así que había combatido.
Dlimi se hizo amigo de un médico militar iraquí y le confió que era periodista de la AFP. Después de examinar su credencial de prensa, el médico le prometió que le ayudaría.
Sábado 13 de noviembre
En la mañana, el médico lo hizo salir de la estación y le indicó la ruta hacia Saqlawiya, a 10 km al oeste de Faluya. Después de haber caminado tres kilómetros, consiguió convencer a algunos militares de que lo llevaran con la mujer y los dos niños en camión hasta la localidad, donde los dejó en el dispensario y luego se dirigió hacia Zaharid, al noroeste.
En la noche, con un amigo, logró atravesar en cuatro pies un retén en el Eufrates y llegar a una granja donde fue recibido por un campesino.
“Estaba agotado. Tenía vértigos, el vientre hinchado. Comí y dormí todo el domingo”, dijo.
Lunes 15 de noviembre
Fares Dlimi consiguió llegar a Bagdad.
CONMOCIÓN POR ASESINATO DE COOPERANTE
Gran Bretaña lloraba este miércoles el fin trágico de la activista británico-iraquí Margaret Hassan, quien dedicó 30 años de su vida a ayudar a Irak y que al parecer ha sido asesinada de un disparo por el grupo que la secuestró hace cuatro semanas. La noticia de la probable ejecución de una mujer que se cree que es Hassan suscitó la indignación del Gobierno y de todo el país, en vilo tras el secuestro en Bagdad de la responsable en Irak de la organización de ayuda humanitaria CARE, el 19 de octubre. De todas partes del mundo llegaron manifestaciones de repudio y condena.
El primer ministro británico, Tony Blair, y su par irlandés, Bertie Ahern, condenaron el probable asesinato de Hassan, quien nació en Dublín hace 59 años y está casada con el iraquí Tahsin Hassan. “Estoy profundamente conmocionado por las informaciones sobre el asesinato de Margaret Hassan y, si son ciertas, quiero condenar del modo más enérgico este acto terrible y sin sentido”, declaró Ahern, mientras Blair expresaba su indignación por ese hecho “aborrecible”.
Los diarios británicos recordaban con tristeza este miércoles que Hassan dedicó los últimos 30 años a ayudar a los más pobres en Irak. Hassan “se opuso a las sanciones” contra Irak, “hizo campaña contra la guerra y trabajó en favor de la supervivencia de los más necesitados, cuando todos los demás activistas extranjeros abandonaron el país”, escribió el diario conservador The Times.
En un vídeo transmitido tras su secuestro por la cadena árabe Al Yazira, basada en Doha (Qatar), Hassan reclamó a Gran Bretaña que retire sus tropas del país y la liberación de todas las mujeres prisioneras en las cárceles iraquíes. Si se confirma su muerte, la directora de Care International sería la primera extranjera asesinada en Irak y la segunda persona con ciudadanía británica ejecutada en ese país por sus captores, después de Ken Bigley, secuestrado y decapitado por el grupo que dirige el jordano Abu Musab al Zarqaui.
“Devuélvanmela, la necesito para descansar en paz”, clamó Tahsin Hassan, el esposo de Margaret Hassan. “Ruego a los que se llevaron a Margaret que me digan lo que han hecho con ella. La necesito para descansar en paz”, dijo Tahsin Hassan, quien declaró que fue informado de un vídeo según el cual su esposa habría sido asesinada. “Me informaron que existe un vídeo que, según parece, muestra su ejecución. El vídeo puede ser genuino, no lo sé”, dijo a la prensa.
“Margaret vivió conmigo en Irak durante 30 años. Dedicó su vida a servir al pueblo iraquí. Por favor, ahora, devuélvanmela”, exhortó Tahseen Hassan, en un conmovedor llamado a los secuestradores.

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